Antonio Fernández Seoane: Por un conocimiento expandido

¿Cuáles han sido los presupuestos que han guiado tu experiencia pedagógica en San Alejandro?

Mi entrada en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro data del año 1997 (en ese entonces no era aún “nacional”), cuando el Programa de Apreciación de las Artes -confeccionado por el Centro Nacional de la Enseñanza Artística (CNEART)- no encontraba allí a la persona idónea que lo impartiera, dada las características de un conocimiento general del arte y la literatura que debía poseer ese profesor o profesora y con una probada experiencia en la docencia artística. Este fue, realmente, el móvil, pues la Dirección de ese centro de la enseñanza artística creyó encontrar en mi persona las características idóneas para acometer dicho programa, dado que siempre he sido un sistemático receptor de todo lo que se hacía o producía (hace o produce) en el país: de sus puestas en escena de teatro y danza, de sus exposiciones de artes plásticas, de la buena música “representada” (sin excluir la popular y bailable que tanto me gusta), de las exhibiciones de filmes cubanos y extranjeros. Soy también un incansable lector de la literatura más variada, tanto nacional como de otras latitudes.

A ese “programa” tuve que realizarle muchos ajustes, movido por los numerosos faltantes que tenía. Así, contemplé un previo capítulo de preparación que le entregara al educando imprescindibles instrumentos para apreciar y tratar de comprender la experiencia artística creadora; de esta forma introduje: los elementos de que se vale un creador para la “fabricación” de la obra (el visual, el mental o idea de lo que ya ha visto y lo manual para la ejecución final); forma y contenido del arte; la relación entre “artista-obra-receptor”; lo que el arte trata de “imponer” al receptor y cómo éste lo “libera”, esto a través de un recuento histórico de lo que el pensamiento político trataba -a través de los artistas y sus obras- de ejercer sobre la sociedad: Pericles y su “democracia” en la tragedia griega; Luis XIV y sus monárquicas maneras artísticas; el Romanticismo pictórico y su evasión de la realidad; Napoleón y otros gobernantes más modernos y/o contemporáneos en sus específicos “modelos” del arte, etc.

El nuevo programa abría con el teatro: sus cuatro principales y modélicos géneros (tragedia, comedia, farsa y melodrama, este último para explicar, además, la “dramaturgia” de las telenovelas), el discurso verbal y el discurso espectacular al tratarse de un arte de dualidades, en tanto literatura y representación. Este capítulo preveía la realización de un ejercicio individual que consistía, a partir de un texto dramático (lo que “dice”, por ejemplo, el personaje “Luna” en “Bodas de sangre”, de Federico García Lorca), en su conversión a un espectáculo de representación, en lo que los alumnos debían concebir vestuario, maquillaje, peluquería, escenografía, luces y movimiento escénico según las nueve áreas estudiadas de antemano. Seguía la danza, con el estudio teórico de sus tres expresiones: ballet, danza moderna y folklórica, así como de sesiones de visionajes de obras completas en documentales o filmes.

Las artes plásticas -por las características de “San Alejandro”- era sustituido por el conocimiento elemental del proceso curatorial expositivo, a través de sus principales herramientas para lograr la idea, la museografía, la selección de obras y el plano de la exhibición, el catálogo, etc. Este capítulo sirvió, además, para el conocimiento de los elementos básicos de una investigación -materia que en ese centro no se impartía-, como el qué (la idea de la exposición), el por qué (los antecedentes que la mueven), el para qué (los objetivos que se pretenden) y el cómo (que no sería otra cosa que la propia museografía de la exposición).

Le seguía la música (otro de los capítulos no previstos en el programa original del CNEART), con audiciones comentadas desde la música antigua (la monodía y los cantos gregorianos), la polifonía (la música coral y orquestada del Renacimiento) y la homofonía (conciertos, sinfonías, música de cámara, etc.); un recorrido histórico éste que también contemplaba el estudio de escuelas, estilos, modos y artistas, desde su propio surgimiento como hecho artístico y hasta el siglo XX y, por supuesto, los instrumentos y sus familias en una orquesta, sus sonidos específicos y el papel que juegan en una composición ejecutada.

Así, también, el cine con sus principales características (lo mudo y el blanco y negro como “accidente” y el color y el sonido como hecho estético), los principales movimientos cinematográficos (el expresionismo alemán, la nueva ola francesa, el neo-realismo italiano, Hollywood y su industria y el Nuevo Cine Latinoamericano, entre otros)

¿Cuáles han sido las satisfacciones e insatisfacciones dentro de esa actividad?

Mi gran satisfacción en tal sentido, fueron los resultados obtenidos con los estudiantes, muchos de ellos -incluso- que, interesados por el mundo del teatro y la danza, los condujo a la continuación de sus carreras por el Diseño Teatral en la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad de las Artes (Instituto Superior de Arte). La asignatura fue muy atractiva, dados los visionajes y audiciones que se realizaban sobre cine, danza, teatro y música que ella debía implicar (esto igualmente fue idea personal, por lo que me tuve que convertir en “productor artístico”), además de las visitas a los talleres de artistas, galerías y museos, salas teatrales y conciertos, como los de la Orquesta Sinfónica Nacional, entre otras actividades, las que previamente se coordinaban con puntuales colectivos artísticos (Teatro de La Luna, El Público, Ballet Nacional de Cuba, Danza Moderna de Cuba, etc.) y procurando que los alumnos pudieran sostener, además y al final de las representaciones, encuentros con los artistas, técnicos y directores, provocando un debate entre unos y otros, aclarar dudas o sencillamente para incentivar un estado de opinión.

Mis insatisfacciones primeras radicaron en que nunca logré que este programa fuera impartido en los primeros años de la carrera, dado el desconocimiento casi absoluto que los estudiantes (provenientes de la enseñanza secundaria) tenían del arte en general para que -tempranamente- les abriera los ojos a ese total mundo, y que esta asignatura tampoco alcanzara -a pesar de haberlo solicitado reiteradamente en los Consejos de Dirección y de Cátedras de “San Alejandro”- la necesaria relación interdisciplinar con asignaturas como Literatura, Ilustración, Historia del Arte, Cultura Cubana, etc.

Pero mi mayor “derrota” en tal sentido sucedió cuando el CNEART eliminó del sistema de estudios de la enseñanza artística este programa, precisamente (¡qué gran contradicción!), en momentos que se hablaba de una “cultura general integral” en nuestra sociedad. Muchas promociones de egresados de “San Alejandro”, lamentablemente, no pudieron recibir este programa (sé que muchos, a gritos, pidieron su regreso), tan necesario para cualquier creador, en su formación y posterior etapa profesional.

La asignatura debe volver como tal al sistema de la enseñanza artística nacional, es decir, a todas las escuelas en sus diversas especialidades, con los ajustes necesarios para cada caso; “San Alejandro” tiene intenciones de regresarla a sus aulas -dado ese “carácter nacional” que ya tiene, supongo-, aunque la intención debe ser mucho mayor: a todas nuestras escuelas de arte como ya dije… Se me ha solicitado -¡qué bien!- rehacer el programa original de esta asignatura para esta Academia que acaba de cumplir dos siglos de existencia y, en esto, estoy ahora…

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