El Balance

Marek Bartelik. Presidente de AICA

Este año, a mediados de noviembre, AICA International celebrará su 50º Congreso anual en París. Su rico programa incluirá varios simposios, entre ellos uno dedicado a la historia de nuestra asociación y otro, al impacto de los recientes movimientos migratorios sobre el arte contemporáneo en todo el mundo. A medida que este acontecimiento se acerca, el recuerdo de nuestro último Congreso, realizado en La Habana el año pasado, permanece muy vivo en mí.

El 49º Congreso, en Cuba, ofreció una ocasión única, tanto a los miembros de AICA como al público en general, de entablar una seria discusión sobre el pasado, el presente y el futuro de la crítica de arte y su relación con el arte contemporáneo y la sociedad en su conjunto. Nuestra visita a La Habana fue también una gran oportunidad para presenciar de primera mano la vitalidad y riqueza de la escena artística local y abordar su importancia, más allá de las oposiciones ideológicas binarias en las que, con demasiada frecuencia, se enmarca fuera de ese país el discurso sobre el estado del arte cubano.

La necesidad de una discusión constructiva sobre el arte y la crítica de arte en Cuba, que refleje las complejidades del mundo en que vivimos, se hizo particularmente evidente durante nuestra visita a una exposición organizada por un grupo de jóvenes artistas y montada con sus propios recursos, para mostrarnos que hay muchos como ellos en la Isla que trabajan sin, o con muy poco, apoyo o soporte internacional.

Creo que debemos tener en cuenta esta experiencia, sobre todo porque contradice el título (y la premisa) de una muestra reciente de arte cubano en Houston, Texas: Adiós Utopía: Sueños y decepciones en el arte cubano desde 1950. Como observó astutamente Eduardo Galeano, y esto todavía tiene vigencia: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar”.

Estoy muy agradecido a AICA Cuba y a su presidente David Mateo, en particular, por su extraordinario compromiso al acoger a AICA en La Habana, asegurando el patrocinio oficial de las principales instituciones culturales y educativas cubanas. Estoy igualmente agradecido a todos los participantes por sus contribuciones.

Dejé La Habana, después del Congreso, lleno de optimismo sobre el futuro de AICA, convencido de que su papel en la promoción de la crítica de arte en todo el mundo es tan importante como siempre. Por eso digo, en agradecimiento a nuestros colegas cubanos: ustedes nos dieron más de lo que podríamos haber esperado.

¡Nos vemos en París en noviembre!

Carlos Acero Ruiz. Vicepresidente de AICA. Jefe de la Comisión de Congresos

El 49o Congreso de la AICA atrajo a más de 200 delegados provenientes de 28 países. Nos dio mucha alegría reunirnos con los directores de museos cubanos, artistas, estudiantes y agentes culturales de la Isla en las diferentes actividades realizadas entre el 11 y 15 de octubre de 2016. En esta ocasión continuamos el Congreso con el formato utilizado anteriormente de un simposio de un día, al cual agregamos dos paneles adicionales, uno dedicado a la historia de AICA en el Caribe y el segundo a la historia de la Bienal de La Habana. Dentro de este mismo contexto fue posible realizar visitas a galerías, museos, escuelas de arte y estudios de artistas, incluyendo el de Los Carpinteros, Kcho y Carlos Garaicoa. Dos recepciones fueron celebradas en este Congreso: una en la Fundación Ludwig de Cuba, y la otra en la Embajada de Noruega en La Habana. Agradecemos a Ingrid Mollestad, embajadora de Noruega y a Helmo Hernández y a Wilfredo Benítez Muñoz, directores de la citada fundación, por las atenciones dispensadas a nuestros delegados.

El martes 11 de octubre sostuvimos reuniones de los distintos comités de AICA, que fueron generosamente albergados en el Museo Nacional de Bellas Artes, en sus dos hermosos edificios. El evento principal de ese día fue nuestra ceremonia de apertura en el auditorio del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Durante la noche fue entregado el Premio a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte (por logros de toda una vida) a Adelaida de Juan Seiller, por su contribución al arte y la crítica de arte en Cuba en el contexto de las Américas. La ceremonia concluyó con una actuación de Danza Teatro Retazos.

El miércoles 12 de octubre celebramos el Consejo de Administración de AICA y nuestra Asamblea General en el Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes, con un intermedio para almorzar en el cómodo y vistoso restaurante del museo.

El jueves 13 y el viernes 14 de octubre continuamos nuestras actividades con el simposio “Nuevas Utopías: Arte, Memoria y Contexto” y la mesa redonda sobre la historia de la Bienal de La Habana que fueron simultáneamente traducidas en inglés, francés y español. La tarde del 14 de octubre se dedicó a las visitas pautadas en las distintas galerías de arte y estudios en La Habana.

El sábado 15 de octubre se realizó en el Museo Nacional de Bellas Artes el panel de debate sobre “AICA en el Caribe”, seguido por la entrega del Premio de Incentivo a los Jóvenes Críticos a Victor Wang (Reino Unido), Francisco Dalcol (Brasil) y Yenny Hernández Valdés (Cuba). El Congreso concluyó con una animada ceremonia de clausura en el Centro “Wifredo Lam”, con la actuación del Septeto Habanero.

Los dos días subsiguientes al Congreso los delegados tuvieron la oportunidad de visitar la ciudad de Matanzas y su Museo de la Esclavitud, emplazado en el Castillo de San Severino, así como las playas de Varadero. Posteriormente se realizó una visita guiada a la Finca Vigía, la casa donde vivió el famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway. Para cerrar las actividades se realizó un recorrido por la Compañía Nacional de Danza de Ballet en La Habana.

Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a David Mateo, presidente de AICA Cuba, quien estuvo a cargo de la gestión y coordinación local de este Congreso. Su trabajo fue clave para articular desde la contribución financiera del Consejo Nacional de las Artes Plásticas hasta la participación de todas las instituciones culturales, artistas, estudiantes y críticos de la Isla. También queremos dejar constancia de nuestra gratitud a Dannys Montes de Oca, Antonio Fernández Seoane y al resto de los miembros de AICA Cuba, así como a Margarita González, directora interina del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y a Martha Alicia González Puig, asistente del Congreso de AICA Cuba. También agradecemos a la agencia de viajes Paradiso, y en particular a Yanet Ramírez Hernández, por ayudarnos con las reservaciones de hotel de nuestros miembros y los arreglos de traslados de los mismos.

Estamos sumamente agradecidos por el trato cortés y hospitalario dispensado tanto en el Museo Nacional de Bellas Artes como en el Centro “Wifredo Lam”, y muy especialmente reconocer la colaboración prestada por sus directores, Jorge A. Fernández Torres y Dannys Montes de Oca.

También queremos reconocer el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba y del Consejo Nacional de Artes Plásticas, presidido por Rubén del Valle Lantarón. Ambas instituciones facilitaron todos los recursos para la celebración con gran brillantez y dignidad del Congreso, incluyendo transporte para los delegados a diferentes lugares, traducciones simultáneas, recepciones, almuerzos, material promocional y el periódico especial dedicado al Congreso.

Adriana Almada. Vicepresidente de AICA. Jefa de la Comisión de premios

Reflexionar sobre la utopía es siempre oportuno en un mundo cargado de conflictos como el nuestro. Es lo que hizo el 49º Congreso de AICA en La Habana, el pasado mes de octubre. El tema fue abordado desde diferentes intereses y perspectivas, desde las utopías fallidas de la ciudad ideal o el museo como custodio del conocimiento, hasta el sueño obstinado de una sociedad justa y equitativa. ¿Cómo han reaccionado el arte y la crítica ante las diversas propuestas utópicas que se sucedieron, especialmente en el último siglo? El hecho de que el evento se llevara a cabo en un país que apostó políticamente por un cambio radical de sociedad fue muy significativo.

El programa de conferencias y paneles, así como los eventos laterales, estuvieron muy bien organizados. La mesa dedicada a las secciones del Caribe fue ilustrativa del desarrollo del pensamiento crítico en la región. Disfruté especialmente el panel sobre la Bienal de La Habana, que nos hizo conocer su historia de boca de sus curadores, quienes desarrollaron un verdadero trabajo en equipo a través del tiempo, ensayando permanentes cambios de formato para adecuarse a diversas circunstancias y expectativas, algo completamente inusual en eventos de este tipo.

Las visitas al Instituto Superior de Arte, así como a museos, galerías, centros culturales y estudios de artistas, fueron muy enriquecedoras, pues nos permitieron acceder de primera mano a las experiencias artísticas desarrolladas en la Isla y ponerlas en relación con el contexto mayor del circuito del arte.

Un párrafo aparte merece la ceremonia de entrega del Premio AICA a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte a Adelaida de Juan Seiller, realizada durante la apertura del Congreso. Puedo decir que en la historia de este premio, que ya lleva seis ediciones, este ha sido uno de los actos más conmovedores, con un público entusiasta que ovacionó a la premiada.

Como vicepresidente de AICA y presidente del Comité de Premios, agradezco a AICA Cuba y a su presidente, así como a todas las personas e instituciones que estuvieron involucradas en la organización del Congreso, su excelente y generosa labor.

Rubén del Valle Lantarón. Presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas (en la etapa del 49o Congreso)

A lo largo de mi gestión al frente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, una y otra vez advertía que entre los asuntos que no lograban un cauce positivo estaba el funcionamiento del capítulo cubano de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA). Sistemáticamente debíamos informar que tanto el ejercicio de esta organización, como de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, habían quedado a la saga de los resultados verificados en períodos anteriores. Críticos y artistas habían perdido la confianza en estas organizaciones internacionales, a pesar de que Cuba estuvo entre los primeros países de América Latina y el Caribe en fundar sus respectivas secciones nacionales.

En el 2014 se inicia un proceso de reorganización, con la participación de David Mateo en un Congreso AICA Internacional y su selección como vicepresidente de dicha organización. Simultáneamente, de alguna manera, se refunda el capítulo cubano reanimando su funcionamiento con el ingreso de un número significativo de nuevos miembros.

Dos años más tarde visitan La Habana Marek Bartelik y Carlos Acero (presidente y vicepresidente, respectivamente) en representación de AICA Internacional. Traían la propuesta de que Cuba optara por ser la sede del Congreso en el segundo semestre del propio 2016, que también pretendía la ciudad de Zaragoza. Teniendo en cuenta la manera en que se organiza el campo cultural en nuestro país, la realización del evento en la Isla entrañaba la coordinación entre la representación cubana de la Asociación y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, ente rector de la política cultural para las artes visuales contemporáneas. Inmediatamente comprendí que esta era una gran oportunidad para Cuba, sus críticos y artistas, para quienes, de confirmarse aquí un congreso de esta naturaleza, estarían asistiendo a su primera edición en el terruño. A pesar de que habíamos celebrado grandes eventos internacionales organizados por Casa de las Américas o la propia Bienal de La Habana, nunca antes un congreso de la AICA había asentado su sede en la mayor de las Antillas.

Por supuesto, en las conversaciones se refirió que los costos de los congresos eran asumidos por los países sedes. El anterior se desarrolló en Corea del Sur y contó con un presupuesto que prácticamente se equiparaba con el que disponíamos para organizar una Bienal de La Habana. Por otro lado, una parte significativa de estos montos eran asumidos por una Fundación norteamericana que teniendo en cuenta las limitaciones del bloqueo, de realizarse en Cuba no podría aportar ningún financiamiento. Planteé que estábamos en disposición de asumir el reto, que era un gran honor organizar este congreso en La Habana, pero que debíamos cambiar las reglas en términos económicos. Se trataría de un evento de calidad, organizado con eficacia desde la economía de recursos y la austeridad. En esos términos estábamos en condiciones de preparar un amplio programa de actividades mostrar a los asistentes la riqueza infinita de nuestra cultura y sus principales actores.

Recibimos dos meses después la confirmación de la aprobación del congreso en La Habana entre los días 11 y el 15 de octubre del 2016. Solo quedaba, entonces, trabajar…, y en tal sentido se creó un Comité Organizador copresidido entre David Mateo y yo, y donde participaron muy activamente Dannys Montes de Oca y Antonio Seoane. Desde el inicio nos propusimos organizar un evento en el que, más allá de ser sede, la representación cubana asumiera una papel esencial y protagónico. Todas las decisiones fueron consensuadas, aunque siempre partí del principio de respetar las decisiones de la directiva AICA Cuba. Debo confesar que me sorprendió su compromiso, pasión… y las reuniones organizativas se convirtieron en verdaderos encuentros con alto nivel profesional. En diálogo sistemático debatimos desde el eje temático del evento, los ponentes principales, el programa de actividades y los premios que se otorgarían en ese contexto.

El escenario del Congreso, en gran medida, estuvo condicionado por los sucesos acontecidos alrededor de la manipulación mediática de la actuación de Tania Bruguera a finales del 2014 y su repercusión en la Duodécima Bienal de La Habana. Como ya es tradición, prevalecen muchos prejuicios sobre la realidad cubana y en algunos imperaba el criterio de que el contexto de la Isla resultaba hostil y poco fértil para la libertad de creación, y por consecuencia, un lugar inapropiado para el debate de ideas sobre la cultura contemporánea. En otro sentido, lamentablemente, la calidad de la crítica y de los críticos cubanos había tenido escasa proyección a nivel internacional, y se desconocía la obra de consagradas personalidades de la intelectualidad que habían dedicado toda su vida al fomento de las ideas y de la reflexión en torno al arte y a la cultura.

Nuestro trabajo debía intentar impactar esos mitos con un programa que mostrara, en el corto tiempo que permanecerían los delegados en La Habana, la mayor diversidad posible de opciones que les permitiera apreciar lo complejo, diverso, contradictorio y plural del campo artístico y cultural de la Isla. Se aseguró primeramente el programa teórico, y luego se complementó con un sinnúmero de actividades, visitas a talleres, exposiciones, instituciones, etcétera. Considero que la estatura intelectual de la directiva AICA, su compromiso y su criterio activo propiciaron el respeto de la directiva internacional de la organización. Marek Bartelik jugó un papel fundamental con su actitud a favor del diálogo, despojándose de cualquier criterio prestablecido. Carlos Acero desempeñó un rol decisivo en el programa organizativo, y Adriana Almada en lo relacionado con la organización de los premios otorgados. Asimismo, los directivos y especialistas del Museo Nacional y del Consejo Nacional de las Artes Plásticas se comprometieron de manera especial con el evento, asumiendo múltiples funciones que escapaban de su ejercicio cotidiano.

Destacó en particular durante el Congreso el otorgamiento a la doctora Adelaida de Juan del Premio AICA a la Contribución Distinguida en el Ejercicio de la Crítica de Arte. Un acto de justicia histórica a una de las intelectuales más prestigiosas de nuestro país, con toda una vida dedicada a la investigación, la crítica y la formación de las nuevas generaciones, cuya obra hasta el momento, lamentablemente, no ha tenido el reconocimiento que merece a nivel internacional.

Finalmente, el Congreso se desarrolló en un clima de debate intenso, con un intercambio real con la vida cultural de la ciudad y se establecieron relaciones personales y de trabajo que estoy seguro trascenderán el encuentro. Un proceso que sirve de paradigma para construir un diálogo donde las diversidades interactúen y coexistan de manera fecunda, edificante y enriquecedora. Donde cada cual pueda aprender del otro. Contamos con el privilegio de notables intervenciones del patio como las de Yolanda Wood, Antonio Eligio Fernández (Tonel), Luz Merino Acosta, Jorge Fernández y David Mateo, así como las inestimables presentaciones acerca de la Bienal de La Habana. Intervenciones todas que concertaron con sus homólogas internacionales como las de Robert Storr, Michael Asbury, Cristina Freire, Hilary Robinson y Damian Smith.

Una de mis mayores insatisfacciones fue la poca participación de los críticos cubanos, para quienes se pensó y aseguró una asistencia más activa. Otras instituciones como Casa de las Américas o la propia Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, con actividades previstas en el Programa, declinaron su intervención. A pesar de ello, el reducido grupo de especialistas que acudió al evento representó dignamente a este gremio que hoy en día enfrenta sus propias contradicciones con el empoderamiento de otros sujetos del campo de las artes visuales.

Finalmente, lo que parecía una quimera se convirtió en una hermosa realidad. La Habana, siempre La Habana, una vez más resultó escenario propiciatorio de los encuentros… y de las utopías…

Jorge Fernández. Director del Museo Nacional. Crítico de arte y Curador

En octubre del pasado año 2016 se celebró en La Habana el Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA). Este acontecimiento hubiera sido impensable años atrás. Hay sucesos que no ocurren por pura casualidad, son el resultado de muchos diálogos. Ninguna institución escapa al lugar que ocupan los sujetos que conducen procesos determinados. Por eso considero que para que ocurriera un evento como este fueron decisivos los encuentros de David Mateo con la importante intelectual paraguaya Adriana Almada y luego con Marek Bartelik, destacado teórico del arte y presidente de la AICA a nivel internacional.

Mateo –con su poder de convocatoria– supo implicar a todas las instituciones cubanas y articular una plataforma nacional para un evento de este alcance con el apoyo de los críticos cubanos Dannys Montes de Oca y Antonio Seoane. Me comentaron que en el trabajo en comisiones se hicieron propuestas trascendentales para el futuro de la organización. No obstante, y a mi modo de ver, las ponencias y los debates que se suscitaron en el plenario tuvieron un vuelo teórico digno de destacar. Abarcaron varios registros que confrontaron la mirada de intelectuales a partir de contextos y realidades diferentes, un horizonte que se movió desde Hillary Robinson y Robert Storr hasta Carlos Acero, Antonio Eligio Fernández Tonel o Yolanda Wood.

El Congreso de la AICA demostró que es muy difícil definir una sola mirada en relación con los derroteros del arte. Cualquier aproximación epistemológica es solo una constatación de las incertidumbres que nos dejó Duchamp. Sin embargo, hoy más que nunca asistimos a un cambio de paradigma en los modos de percibir y producir la creación estética. El objeto artístico cada día hace más evidente su singularidad. En esta dirección, lo que se debatió en La Habana sirvió para conocernos en profundidad y saber que compartimos preocupaciones comunes en un mapa cultural que desdibuja las fronteras entre los centros y las periferias.

Desde el punto de vista humano se crearon lazos afectivos únicos. Fue muy bueno para mí haber estado cerca de Marek y de todo su equipo. Puedo dar fe de la humildad, la entrega con que trabajaron y del respeto que sienten por todo los que hacemos desde Cuba. La crítica de arte tuvo el protagonismo que merece y se pudieron compartir sueños y proyectos comunes.

Hilda María Rodríguez Enríquez. Artista de la plástica, crítica de arte y curadora. Profesora de la Facultad de Historia del Arte, Universidad de La Habana

El 49º Congreso representó, en gran medida, el reconocimiento a la tradición de la crítica en nuestro país e incluso de aquella desempeñada por cubanos en otros escenarios del arte en el mundo. El premio otorgado a la Dra. Adelaida de Juan, es la expresión más alta del pensamiento crítico sistematizado que, ya cuenta con larga, vasta y prestigiosa data. Y con ella, su labor en la enseñanza hasta hoy, como garantía de continuidad en la formación de profesionales que, desde la Historia del Arte, se entrenan en el necesario pero conflictual ejercicio del criterio.

Toca connotar el esfuerzo y trabajo realizados, por el crítico y presidente de nuestra sección de la UNEAC, David Mateo, en función de la visibilidad de la afiliación insular y de la materialización de esta reunión internacional, la que, por supuesto contó con la anuencia y apoyo de las instituciones de nuestro Ministerio de Cultura.

En el cónclave se manifestó la presencia de quienes se dedican, sobre todo en nuestra capital, a poner en valor lo que se genera en el campo de la cultura artística, aunque los intercambios no resultaron suficientes, debido a la concepción, dinámica y estructura propias del evento.

Pudo ser una oportunidad para generar acciones de interés común entre instituciones, canales para la crítica, proyectos y profesionales presentes, de manera tal que se tributara un deseado flujo de información.

El programa de visitas a exposiciones e instituciones y la puntual intervención de algunos intelectuales cubanos despertaron intereses y, en cierto modo, se logró proyectar el nivel de nuestro pensamiento teórico, lo cual era real y naturalmente desconocido por la mayoría de los miembros de la asociación.

Cierto es que fue la primera presencia importante en número –claro está– de críticos cubanos, y la primera vez dentro de la dinámica de un congreso de la asociación y la pragmática de trabajo. Se impone entonces, significar el hecho de que se haya desarrollado en la Habana, haber creado expectativas favorables y haber dotado de voz la sección cubana, involucrando a las instituciones artístico-culturales y a las academias.

Pero, si partimos de la aun limitada resonancia de la voz crítica de pequeños países caribeños y de otras regiones del Sur, en proyectos en los cuales esta visión resultaría pertinente, sería sustantivo que las reuniones de trabajo de la asociación, en sus diferentes modalidades, se propongan programas viables que den cabida a la necesaria circulación variopinta del criterio, el pensamiento y la investigación de los que integran esta internacional agrupación, más allá de una filiación nominal. Sin crear nuevas y complejas iniciativas, que demandarían de recursos inexistentes –ya se sabe– se podría tomar en cuenta esa exclusividad que se enriquece con los cruces transversales y, eso es sobre todo posible con una apertura y promoción indagatoria del potencial que existe en la organización. Es solo cuestión de dar color a los canales y proyectos que existen y los que surjan, teniendo presente lo que puede multiplicar el alcance de un fenómeno visto por todos lo que son capaces de tributar también, con hondura, a enfoques no escuchados. Un congreso es un momento importante, no hay dudas. Las estrategias de trabajo cotidiano pueden trascenderlo.

Carina Pino Santos. Crítico de arte, curadora y editora

El 49º Congreso de la AICA en Cuba fue una oportunidad singular para que especialistas y artistas pudiesen acceder a debates y reflexiones sobre la producción artística en las condiciones globales en el siglo XXI. Fue un intercambio provechoso para todos, en el que además, se le otorgó un merecido homenaje a la Doctora Adelaida de Juan, de Cuba, que recibió el Premio Internacional AICA a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte, lauro que puso de relevancia sus aportes a la crítica latinoamericana y caribeña. El simposio “Nuevas utopías: arte, memoria y contexto” fue asimismo una posibilidad especial, encuentro donde también se abordaron análisis profundos y complejos sobre el devenir de las artes visuales en el contexto de América Latina. Igualmente la comunidad intelectual y artística cubana se sintió honrada y estimulada por la visita de un nutrido grupo de expertos internacionales que reconocieron el papel fundamental de la Bienal de La Habana, y la fuerza de los imaginarios artísticos creados por cubanos en el escenario mundial. No menos importante es recordar que el éxito de este importante evento fue resaltado por el presidente de la AICA, Marek Bartelik. Como miembro del capítulo Cuba de la Asociación, para mí fue un estímulo inolvidable ser partícipe del Congreso, cuyos logros también se deben al entusiasmo con que trabajaron nuestros colegas cubanos y, desde luego, al apoyo y a la contribución de los miembros de los capítulos de AICA a nivel mundial que asistieron al evento en Cuba.

Rafael Acosta de Arriba. Crítico de arte, investigador y editor

La realización en La Habana del Congreso de la AICA fue un verdadero suceso cultural y un éxito organizativo. En la larga historia de los eventos culturales celebrados en el país después de 1959 (y antes también), esta reunión de los críticos de arte del mundo marca un hito indiscutible. La presencia de renombrados intelectuales y la posibilidad de que interactuaran con los locales, el temario, las propias discusiones y los eventos colaterales otorgaron por una semana a La Habana la condición de capital internacional de la crítica de arte. Nunca antes se realizó en la Isla un evento semejante y de tanta importancia para los integrantes del gremio, un evento que ausculta, critica y promueve las artes visuales cubanas. Por otra parte, el desarrollo del arte en Cuba demandaba una ocasión así. Me sentí sumamente bien en las actividades en que participé y sentí que el equipo de colegas que lo organizaron desde la Isla, encabezados por el crítico David Mateo, merecen todo nuestro reconocimiento, pues hicieron posible algo que poco antes parecía solo una quimera. Para la filial cubana de la AICA es su éxito mayor, sin dudas.


Nahela Hechavarría Pouymiró. Crítica de arte y curadora. Especialista del Departamento de Artes Plásticas de Casa de las Américas

El Congreso AICA 2016 tuvo a mi modo de ver una relevancia particular para el contexto de la crítica en Cuba, toda vez que significó el encuentro con críticos e investigadores de diversos orígenes e intereses, así como el reconocimiento a figuras fundacionales dentro del capítulo AICA Cuba y de la crítica de artes visuales en la región caribeña, como es el caso de la Dra. Adelaida de Juan.

Igualmente, al concebir un programa que tratase de equilibrar las sesiones teóricas y los debates prácticos al interior de la organización, al tiempo que realizaran visitas a instituciones culturales (centros de arte, galerías, el Instituto Superior de Arte…) y a los estudios de artistas, o el recorrido por las salas del Museo Nacional de Bellas Artes, contribuyó a propiciar un acercamiento primigenio de este conjunto de críticos internacionales al arte cubano que se produce hoy en la Isla. Esta apuesta por la visibilidad de la creación y la crítica cubanas fue todo un acierto, sobre todo cuando se aprovechó, durante una de las sesiones, para entregar los Premios de Crítica y Curaduría nacionales, y el premio al joven crítico AICA 2016.

Como señalamiento, solo anotar que quizás faltó más promoción al público, en tanto el Congreso tenía sesiones abiertas de las que se podía haber beneficiado el resto de la comunidad de críticos cubanos (muy pocos asistieron), aquellos que no son miembros de AICA, así como la participación de los estudiantes de Historia del Arte.

Margarita González. Crítica de arte y curadora. Subdirectora del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y Bienal de La Habana

Luego de concluido este Congreso, celebrado en octubre pasado, podemos sacar algunas conclusiones positivas. Nos permitió, ante todo ser la sede de forma real de este importante evento, cuando algunos lo dudaban o les parecía imposible. La posibilidad de conocer a los invitados de diferentes partes del mundo que nos acompañaron, fue una posibilidad única. Se sabe que el conocerse de forma física, poder conversar, dialogar, debatir, es muy importante en nuestro mundo del arte. No es lo mismo dialogar por correo electrónico que en persona, eso crea un poco más de relaciones, de compromiso y de seguridad.

Otra posibilidad que nos aportó el Congreso fue poder disfrutar de interesantes conferencias de los invitados, conocer la historia de nuestra organización, encontrarnos con personas, incluso de Cuba que hacía tiempo no veíamos y que el Congreso las hizo venir. Todo evento deja huellas, sobre todo en las personas implicadas y participantes. Creo que el Congreso dejó además huellas, para la comunidad de críticos y especialistas de nuestra ciudad, sobre todo. Ojalá se repitiera más adelante, para seguir ampliando nuestro conocimiento y nuestras relaciones.

Margarita Sánchez Prieto. Crítica de arte y curadora. Especialista del Centro “Wifredo Lam”

Por lo regular, la rotación de estos Congresos por países afiliados al AICA facilita el conocimiento de la crítica y escena artística del país designado sede, y Cuba gozó igualmente de este beneficio. De ahí que el programa incluyera visitas a muestras de arte cubano, además de las conferencias y ponencias de los críticos. Lo que llamó la atención fue que se decidiera celebrar su 49º Congreso aquí, poco tiempo después de re-constituirse el Capítulo Cubano del AICA, tras 20 años de ausencia y del incremento notable de su membresía. Tal parece como si esta decisión respondiera a un acto de justicia, amén del interés que históricamente ha despertado Cuba. Pero sea la razón que haya sido, el hecho que los críticos extranjeros vieran segmentos de nuestro arte, escuchado nuestros puntos de vista y textos críticos, es ya ganancia para nosotros y también para ellos.

De este congreso me complació que se dedicara una de las sesiones a las islas del Caribe, caracterizadas por su diversidad cultural y riqueza de sus producciones artísticas, pues, aunque próximas geográficamente, su desempeño en el campo de la crítica es parcialmente conocido y pocas veces supera el marco regional. De igual modo, que los asistentes pudieran conocer la larga historia y nivel de la crítica en la Isla –baste mencionar la ponencia de la Dra. Luz Merino y la del crítico Antonio Eligio Tonel–, resultado del empeño de sus profesionales, de algunas figuras por difundir las voces del patio y de la institucionalidad. Fue bien recibida la decisión de otorgar premios a los críticos jóvenes, tanto por ellos como por los miembros de otras generaciones. Disfruté asimismo la disertación de Robert Storr, de quien conocía su interesante texto sobre la obra de Louise Bourgeois –exhibida en La Habana en una memorable muestra que incluyó sus gigantescas arañas–, y algunas reflexiones sobre el evento bienal luego de su experiencia como Curador General de la de Venecia.

Justamente sobre la Bienal fue mi participación. Junto a mis colegas Dannys Montes de Oca y Nelson Herrera Ysla integré el panel titulado “Bienal de La Habana: Pasado, Presente y Futuro”. Esta invocación de recorrido que sugería el título resultaba idónea para hablar sobre la evolución del modelo bienal, sus diferentes etapas, a qué se han debido los cambios en el concepto curatorial y cuál ha sido el pensamiento del evento. Si bien cada edición obliga a su análisis y, de hecho. suscita artículos con disímiles criterios, en mi opinión en las últimas hubiese sido necesario un diálogo más estrecho con los críticos para ponerlos al tanto de hasta qué punto la marcha reciente del arte en otros ámbitos, al trasladarlo e imbricarlo a nuestra realidad y a lo que aquí se produce, ha impuesto ciertas exigencias y transformaciones a nuestro ejercicio curatorial; y, de igual modo, por qué nos interesaron determinadas prácticas artísticas más que otras y cuán pertinente resultaron, en ese sentido, las obras de algunos artistas foráneos y de acá. Este panel ofreció la posibilidad de que la crítica local presente en el público tuviese más elementos para sus valoraciones y, sobre todo, que los invitados conocieran los fundamentos de la Bienal y de su evolución a través de las imágenes de las obras que han participado en sus doce ediciones. Ellas patentizaron nuestro interés en tomarle el pulso a la creación –principalmente la del llamado Sur–, el trabajo con el arte internacional y la pertinencia de atender los cambios que se están produciendo en el arte y su concepto. La labor de la crítica nacional e internacional es mediadora, y si no existe un conocimiento acertado de la curaduría de la Bienal es imposible que los críticos puedan acercar sus obras al público. Espero que mi disertación sobre la “transición curatorial” del evento cubano haya sido de utilidad para las distintas partes de la audiencia que reunió el Congreso.

Israel Castellanos. Crítico de arte y curador

Considero que, para Cuba, el 49º Congreso de la AICA resultó memorable por más de un motivo. Fue el primero celebrado en el país, con significativa participación de invitados y delegados procedentes de diversos lugares del mundo, quienes pudieron contactar directamente e intercambiar puntos de vista en un intenso y apretado programa de actividades diseñado en tiempo récord.

Además, la celebración de este congreso en la capital de Cuba podría incidir en el reposicionamiento de sus críticos de arte en el mapa de la AICA, donde habían plantado bandera muchos años antes de la fecha dada por sentada.

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