La enseñanza del arte actual: apuntes desde la experiencia cubana

María de los Ángeles Pereira

a la Doctora Adelaida de Juan

María de los Ángeles Pereira*

Entre los múltiples cruzamientos que se expresan en la relación arte-pedagogía destaca, por su envergadura y complejidad, la enseñanza del arte actual. Se trata de un territorio temático signado por la inmediatez del objeto de estudio donde, por lo mismo, el desempeño docente experimenta el reto de un sostenido pulseo entre el estímulo vivificante de un hacer artístico emergente, ávido de escrutinio, y la carencia de una prudente distancia crítica que solvente la obligada decantación que exige toda sistematización del conocimiento.

Asimismo, enseñar arte actual presupone penetrar a fondo el entramado de relaciones que configuran la existencia de la producción artística abordada, explorando el contexto, las condicionantes, las interconexiones que la afectan. Cierto es que tales aspectos son también de obligada referencia para la comprensión de cualquier otro segmento, lejano o cercano, de la historia del arte. Pero cuando se estudia arte actual, las ilaciones se manifiestan como fenómeno vivo; creadores y gestores son sujetos actuantes de la escena cultural en desarrollo de modo que cuestionan, favorecen o construyen nociones y prácticas que involucran irremisiblemente la formación profesional de la que son tributarios. En consecuencia, enseñanza artística y enseñanza del arte se nutren de las mismas savias; se traslapan, incluso, sobre todo en los marcos del andamiaje teórico y de la investigación. Este ha sido el caso de Cuba a lo largo de una trayectoria casi centenaria.

1.Edificio Juan Miguel Dihigo. Sede de la Facultad de Artes y Letras, de la Universidad de La Habana

Apenas iniciada la década de los años 30 del siglo pasado, Luis de Soto, asistido por su incondicional discípula y colaboradora Rosario Novoa, concibió un curso público de Historia del Arte el cual derivó en libro (Ars, 1931) “que historiaba el arte desde las posiciones de la vanguardia, lo que no tenía precedentes conocidos en América Latina”.1 El recorrido temático, que lógicamente arranca con la explicación de las ineludibles culturas antiguas (Egipto, Grecia, Roma), arriba en sus últimos capítulos a evaluaciones profundas sobre el cubismo, el futurismo, la abstracción lírica de Kandinski y el neoplasticismo holandés.2

Soto creyó fervientemente en la educación popular a través del arte y apostó por ella. Intervino más de una docena de veces en esa fabulosa iniciativa que fue la Universidad del Aire. Sin ápice de menosprecio por la potencialidad de sus radioyentes para acceder al conocimiento y a la comprensión del arte actual, el profesor disertó, entre otros muchos temas, sobre La pintura en el siglo xx, La Escultura desde Rodin y La arquitectura nueva (junio, julio y agosto de 1933, respectivamente). En la alocución sobre escultura estimó los aportes al nuevo concepto escultórico de Arjípenko y de Boccioni, al tiempo que anticipó con excepcional lucidez la dimensión de la obra de Constantin Brancusi, artista prácticamente desconocido entonces en este lado del Atlántico; mientras que al presentar la nueva arquitectura abordó no solamente a los más osados exponentes del movimiento moderno: Pieter Oud, Walter Gropius, Le Corbusier, Mies Van der Rohe, sino que dedicó sendos apartados al novel arquitecto austríaco Richard Neutra, al talento americano de Frank Lloyd Wright, y a los novísimas formulaciones de la joven arquitectura soviética.3

El Departamento de Historia del Arte, fundado por Soto y Novoa en 1934, devino plaza de frecuentes y vívidos contactos de algunos de nuestros más destacados artistas de vanguardia con la Universidad de La Habana. Los profesores dieron continuo seguimiento a sus prominentes trayectorias y procuraron conectarla con la singularidad del arte propio de nuestra región. Constátese, por ejemplo, el folleto que promociona la oferta de la Escuela de Verano de 1955, donde se incluye un curso que bajo el rótulo La Producción Cubana y su Significación en el Arte Moderno Americano, anuncia como contenido: “Una visión completa del arte americano moderno con especial énfasis sobre la producción de arte cubano (pintura y escultura). Se considerarán las principales tendencias y los ejemplos más sobresalientes dando al alumno una visión panorámica del arte de nuestro hemisferio y muy particularmente del arte cubano”.4

2.Facultad de Artes y Letras

Todo ello explica que, desde su surgimiento en 1963, la carrera de Historia del Arte en Cuba haya privilegiado el estudio del arte nacional, con énfasis en su devenir contemporáneo, y siempre en imprescindible diálogo con sus referentes y equivalentes en el contexto occidental. De esta suerte, las disímiles materias que se ocupan de los procesos artísticos más recientes acaecidos en Europa y en los Estados Unidos, así como en Latinoamérica y el Caribe, han distendido gradualmente sus espacios en los sucesivos planes de estudio.

Por otro lado, habría que convenir en que tamaña atracción por el estudio del arte nacional también es resultante, en no poca medida, de la sostenida pujanza de nuestras artes visuales cuyo nivel de desarrollo se encuentra indisolublemente asociado al sistema de enseñanza artística que rige en el país. En tal sentido es pertinente acotar que la carrera de Historia del Arte en Cuba no es parte formalizada de dicho sistema; no existió en ninguna de las universidades cubanas una Facultad de Bellas Artes que propiciara la coexistencia de la pedagogía artística y los estudios teóricos sobre arte; justo por esa razón, la creación del Instituto Superior de Arte (ISA), a la altura del año 1976, provocó un impacto de mutuo e invaluable beneficio en términos de ensanchamiento y consolidación de saberes en ambas esferas.

La fundación de la enseñanza artística de nivel superior, a través de una Facultad de Artes Plásticas, fue coincidente con un momento de importancia primordial en lo que respecta al perfeccionamiento del diseño curricular de la licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Además, ambos programas pedagógicos fueron fraguando sus primeras graduaciones de los años ochenta prácticamente en paralelo al proceso de gestación del emergente movimiento artístico que se perfiló en la Isla a inicios de esa década.

El surgimiento del denominado Nuevo Arte Cubano, de manifiesta vocación conceptual, contó con el respaldo de un tipo de enseñanza inclinada a favorecer una noción ampliada de artisticidad que, en consecuencia, ponderó “el rol de las ciencias del arte, en particular de la Estética, para ampliar su diapasón a un conjunto de alternativas del discurso contemporáneo sobre el arte”. Así lo apreciaba Lupe Álvarez en un texto substancial escrito para el catálogo (Y la nave Va…) de la exposición celebrativa de los primeros veinte años de la referida Facultad de Artes Plásticas del ISA, en el que la profesora explicita las rutas a través de las cuales la enseñanza artística allí “elevó a la teoría al lugar de recurso irremplazable para promover reflexiones, y catalizar ideas flexibles de ser concretadas”.5 Esta merecida jerarquización de la teoría no tardó en transmitir sus bondades al ámbito de formación de los historiadores del arte impelidos a acompañar, en osado ejercicio de múltiples funciones gestoras (promoción, investigación y crítica especializada) a aquel movimiento artístico que en breve manifestaría sus enormes resonancias en la cultura nacional.

En acto de elemental justicia histórica se debe reconocer que tal irradiación dimanó del fluido y orgánico intercambio que, en bilateral concurso, propiciaron insignes docentes de ambos claustros, sobre todo los que se ocupaban de la Filosofía, la Estética y los estudios de arte cubano, latinoamericano y caribeño.6 Desde un vital diálogo interpares se articularon, paralelamente, las plataformas comunes y los vínculos indispensables entre creadores emergentes, estudiantes de artes visuales e historiadores del arte ya graduados o en plena formación.

En lo que atañe a la enseñanza del arte cubano contemporáneo, la experiencia pedagógica desarrollada hasta hoy en la Universidad de La Habana nos permite aseverar que el abordaje de la producción artística de este tiempo no puede circunscribirse a las riberas de una materia en específico, por más actualizado y enjundioso que alcance a ser el contenido que esta abrace. Otras disciplinas, como se explicará más adelante, la complementan con creces. No obstante, la concepción de una asignatura expresamente dedicada al Arte Cubano Actual cobra suma relevancia como colofón de las materias precedentes encargadas de la historiografía del arte nacional. Y es que el saber primario y las motivaciones subsiguientes germinan en el aula.

3.María de los Ángeles Pereira preparando clases

En el aula, en la clase, se diagraman los itinerarios de hoy como parte de un continuo no exento de rupturas; es allí donde se entablan las obligadas interconexiones con el contexto cultural propio y con el foráneo, se especula sobre probables relaciones causales, se aventuran tematizaciones y se ensaya una determinada perspectiva de interpretación –nunca excluyente– del proceso histórico artístico reciente, a sabiendas del costo de la aludida inmediatez temporal. La clase es el ámbito primario que alienta la puesta en valor, por parte de los estudiantes, del instrumental teórico metodológico aprehendido para intervenir el objeto de estudio, ahora más que nunca, con ineludible rigor conceptual. La clase ha de ofrecer la información apetecible por todo buen aprendiz y, al mismo tiempo, debe movilizar la iniciativa personal del estudiante e incitar la búsqueda. Ello, con plena conciencia colectiva de que en los territorios del arte actual los verdaderos hallazgos no suelen producirse en la mudez de las bibliotecas, sino en la efervescencia de la praxis cultural, la que obviamente incluye el trato directo con los sujetos creadores y sus obras, sin desestimar –ya sería iluso minimizarlo– el hervidero desafiante de Internet.

A la vez, la enseñanza del arte actual se consuma plenamente mediante la implementación de aquellos otros saberes que deberán ejercitarse a manera de subsistemas de tareas, definitivamente aterrizadas en los escenarios reales en los que se genera y consume la producción artística. Dígase Talleres de Curaduría, de Museografía, de Marketing Cultural, de Relaciones Públicas, de Crítica de Arte. Cualquiera de estas prácticas puede identificar sus respectivos objetos de atención en los más variados universos geográficos y temporales de las artes visuales y del audiovisual. Mas, sin duda, serán la creación contemporánea, la intensa dinámica expositiva que esta suscita, y el sistema institucional (privado y estatal) en el que la misma circula los núcleos temáticos que demandan el grueso de los ejercicios profesionales que la carrera propicia.

La evaluación y/o formulación de propuestas curatoriales viables, el análisis crítico de las estrategias promocionales que desarrollan (o no) las entidades de la cultura, así como el estudio de los canales de gestión comercial, sus carencias y competencias, entre otros asuntos, constituyen incentivos fundamentales para la responsable inmersión de los estudiantes en la escena cultural. Así sucede igualmente con la Crítica en tanto conocimiento e instrumento perennemente aplicable al heterogéneo accionar del historiador del arte, pero que alcanza el colofón del saber hacer cuando se concreta como ejercicio escritural desde las aulas. Dicho ejercicio se desdobla en las variadas tipologías y soportes: desde la reseña hasta el texto ensayístico; desde la publicación periódica masiva hasta el catálogo; desde la revista especializada hasta el sitio web o el blog. Y todo ello privilegia como materia prima fundamental (aunque no elusiva de otros muchas pertinencias) el vívido presente del quehacer artístico de la Isla.

Resta ponderar en este bosquejo el papel que, junto a la Crítica y la Teoría, desempeña la Investigación cual pivote, tanto de la enseñanza del arte como de la enseñanza artística de nivel superior. La Universidad de La Habana se precia de haber sabido enrumbar los empeños investigativos de una ostensible mayoría de los historiadores del arte que ha formado hacia los sugestivos dominios del arte nacional. Al paso de varias décadas se ha logrado producir un valioso caudal bibliográfico de inestimable contribución a la historiografía del arte cubano. Destacan muy especialmente –en número y calidad– las fecundas investigaciones dedicadas a temas de ingente actualidad entre las que figuran: agudas exploraciones en el devenir reciente de manifestaciones y lenguajes (grabado, fotografía, escultura, instalación, arte conceptual); estudios sobre recepción y crítica de arte; análisis de acontecimientos expositivos y eventos artísticos de apreciable repercusión y/o visibilidad (v.g. Volumen I, Proyecto Castillo de la Fuerza, Salón de Arte Cubano Contemporáneo, Bienal de La Habana); osadas indagaciones sobre el funcionamiento de las más connotadas entidades del sistema institucional de la cultura artística en el país, y del sistema todo; exámenes de experiencias de gestión y autogestión promocional del arte, y de los complejos entramados de la relación arte-mercado desde la particularidad de nuestro ámbito nacional. A propósito de estos últimos tópicos, es un hecho que la comunidad universitaria se adelanta con creces a revisiones (auto)críticas impostergables que debieran protagonizar otros agentes del campo artístico.

Entre los abundantes ejemplos que ilustran la magnitud de los saldos de las investigaciones consumadas, se ubican aquellos que ponen de relieve esa palmaria relación arte-pedagogía que hemos venido estimando en los predios de la enseñanza del arte actual. Nos referimos a las tesis de licenciatura en Historia del Arte que disertan con excepcional inmediatez acerca de algunas de las más trascendentes agrupaciones y proyectos pedagógicos que han tenido lugar en la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte, y más allá, a saber: la temprana irrupción del Grupo Puré, hacia la segunda mitad del decenio de los ochenta; la multifacética práctica del Colectivo ENEMA y de la agrupación femenina 609, sobre todo en los dominios de la performance grupal; el intrépido proyecto “Desde una Pragmática Pedagógica” (DUPP), y los subsecuentes ecos, no menos valiosos, expresados en la Cátedra Arte de Conducta, y, en el Departamento de Intervenciones Públicas (DIP). Varias de estas experiencias resultaron magistralmente justipreciadas en una tesis de maestría presentada bajo el título: “Proyectos Arte en acción de reescritura; a propósito de los nuevos proyectos artísticos pedagógicos. Ascendencia y valoración”.7 Quienes en el día a día del trabajo docente usufructuamos estos resultados podemos dar fe de cuánto le han aportado a la actualización y superación cualitativa de la enseñanza del arte actual.

En la base de esta experiencia cubana está el magisterio de quien fuera transmisora directa del legado de sus fundadores: la Doctora Adelaida de Juan. Desde el nacimiento de la carrera de Historia del Arte en Cuba, fue la docente Titular del Arte Cubano y a ella debemos su constante ampliación y actualización. Adelaida superó radicalmente el esclerosado concepto de Arte Mayor o Bellas Artes; incorporó el estudio de la caricatura y del humor gráfico todo, así como de la cartelística y el diseño gráfico en general, calificándole atinadamente como “la belleza de todos los días”. El impulso de su bregar investigativo alentó el comienzo de los estudios del arte caribeño, en los que la Universidad de La Habana es pionera internacional. De igual modo, con el mancomunado accionar como investigadora y docente se erigió en iniciadora de los estudios de género en las artes visuales de nuestro país. Nos redescubrió a Martí, ponderando su agudeza y “modernidad como crítico” y su preclara “comprensión de los distintos aspectos del sistema moderno de la producción y el consumo del arte”, incluido el Mercado, cuyos beneficios el Maestro supo aquilatar con lúcida anticipación.8

Adelaida también introdujo la crítica como materia curricular; la ejerció ella misma de manera sostenida y brillante hasta el fin de sus días, y fue la profesora del Taller de Crítica de Arte de treintaisiete promociones consecutivas de historiadores del arte cubanos.

Somos, pues, herederos de una tradición pedagógica que asume el presente del arte como eje inexcusable de su historia. Esto implica tener conciencia de la necesidad de atender de cerca las prácticas artísticas contemporáneas, sin perder de vista la responsabilidad profesional de colocarlas en perspectiva histórica. Seguir actuando, aquí y ahora, en los intersticios de la relación entre el arte y la enseñanza es la misión que nos toca.

Junio 30, 2018

*Profesora y crítica de arte. Graduada de Historia del Arte. Facultad de Artes y Letras. Universidad de La Habana. Doctora en Artes por dicha Facultad

1 Roberto Méndez Martínez: Magisterio de Luis de Soto, abr. 2012, p. 3 (texto digital). Fuente: CUBARTE.
2 En posesión de la cuarta edición de Ars (revisada y ampliada, 1954) el texto se extiende al análisis de la llamada pintura metafísica de Giorgio de Chirico, al “puerilismo” de Paul Klee y Marc Chagall para concluir con un elogioso análisis del surrealismo a través de “la desconcertante pintura de Joan Miró”. No nos sorprende entonces que el profesor haya seleccionado para la portada de su preciado libro la reproducción de uno de los autorretratos de Van Gogh.
3 Digna seguidora de su maestro, en la segunda temporada de la Universidad del Aire, Rosario Novoa dictó conferencias sobre La plástica de hoy (julio, 1949), La plástica cubana (septiembre, 1950), y, Picasso y la revolución en las artes (noviembre, 1951). Véase al cuerpo de anexos de la investigación de Anisley Díaz Torres. “La Universidad del Aire: un espacio para la difusión de los saberes del arte”, tesis presentada en opción al título académico de Máster en Historia del Arte, La Habana, Universidad de La Habana, 2017.
4 Programa de la decimoquinta edición de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana (jul.-ag., 1955).
5 “Memoria de Nubes”, en Y la Nave Va. ISA: 20 años (cat.), La Habana, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, jul. 1996, pp. 3-14.
6 Algunos nombres que merecen el más alto reconocimiento están mencionados en el texto de la autora “Más allá de la magia expandida del volumen”, incluido en La soga y el trapecista (comp. Danilo Vega), Artecubano Ediciones, La Habana, 2017.
7 Ver: Danné Ojeda Hernández: “Proyectos Arte en acción de reescritura; a propósito de los nuevos proyectos artísticos pedagógicos. Ascendencia y valoración”, tesis presentada en opción al título académico de Máster en Historia del Arte, Universidad de La Habana, 2000.
8 En José Martí: imagen, crítica y mercado de arte, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998.

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