La realidad de Abel

Sala de Navegación y Realidad Virtual a la Cubana resulta de alguna manera la actualización de un proyecto tuyo que tuvo gran resonancia en la Bienal de La Habana…

Este proyecto se desarrolló a partir del Café Internet del Tercer Mundo que hice en la Séptima Bienal del 2000 en El Morro. Les había propuesto a los curadores encontrar un café dentro de La Habana Vieja para hacer la intervención y quedamos de acuerdo en usar un restaurante que estaría conectado con todos los lugares de exposición.

En aquel momento no existían las redes sociales, mi tecnología para trabajar era más primitiva que ahora, además de lo primitiva que pretendía ser. Contextualmente no existía acceso a la Internet de la manera que hoy la conocemos, solo en algunos hoteles, era muy difícil la comunicación. La instalación jugaba con toda esa dinámica de cómo comunicarte desde Cuba siendo una isla, cómo conectarte a Internet.

Una actualización de este proyecto me permite hacerlo más contemporáneo e introducir otros tópicos que ahora se integran a la dinámica de la comunicación y de cómo se desenvuelve el acceso a Internet. Una de las computadoras se refiere a las zonas wifi, otra a las aplicaciones on-line para obtener una visa schengen, a los bancos virtuales, o sobre los países que viven de las llamadas economía de remesas. Para cada tópico emprendí una investigación en la web, recopilaba distintas páginas que trataran estos asuntos y, en Photoshop, componía la imagen que luego imprimía e instalaba en esas pantallas móviles que lleva cada aparato y que el público podía manipular. Otras computadoras trataban sobre el paquete semanal que se distribuye, el intercambio de información mediante discos duros. En resumen, la actualización del Café internet que ahora devenía Sala de Navegación. Cada persona tenía la posibilidad de interactuar con un objeto diferente y yo quería que cada objeto fuera temático.

La conectividad global y local motiva y estimula mi constante reflexión sobre el tema. Siempre me ha influenciado la configuración que hace la globalización sobre las identidades, dibujando una trama de interrelaciones económicas, sociales y políticas de las cuales somos parte queramos o no. El acceso a Internet nos acerca o aleja a un mundo virtual. Antes con las computadoras, ahora con un pequeño teléfono estamos en línea con el ciberespacio. Cuba quiere conectarse con el mundo y el mundo con Cuba. Vivimos la era de las redes sociales, Uber, Airbnb, Google, generando una dependencia en nuestra vida diaria.

Por otro lado, hice mis propias gafas de realidad virtual en serigrafía, inspiradas en el diseño de Google Cardboard. Mi idea era que fueran gafas de realidad real y no de realidad virtual. La tecnología siempre nos ha tomado en Cuba un mayor tiempo para actualizarnos. Me interesaba hacer un chiste e insistir en la idea de que la realidad real es más importante que la que se fabrica, la tecnológica.

El performance fue muy sencillo. Entregué las gafas al público para que se las llevara, o simplemente las usara, explicándole el sentido lúdico del performance. De esta manera, el público tenía la oportunidad de ver el pabellón cubano en Realidad Real.

La experiencia en sentido general…

Nunca había visitado Venecia. Me estaba guardando de visitarla, posponiéndolo, para una ocasión fuerte, especial. Fue una experiencia espectacular. Y el sitio donde se expuso algo increíble… qué mejor lugar que el Palacio Loredan donde el público internacional tenía acceso muy fácilmente a la exposición. Incluso durante el montaje, pasaban muchísimas personas, unas que lo descubrían, otros amigos que buscaban participar del proceso de montaje.

¿Cómo percibiste el resto de las exposiciones de esta 57 Bienal?

Fuimos a la Bienal, pero no todo el tiempo que hubiera querido. Vimos el Pabellón de Japón, Estados Unidos, Rusia, Corea… en Los Jardines. Además del tiempo y el cansancio, visualmente estábamos muy agotados. Compartir el tiempo de trabajo, visitar exposiciones y descubrir la propia ciudad fue extenuante. Pretendíamos visitar muchos lugares de interés general, especialmente los sitios expositivos de Venecia, y hacerlo a la par del trabajo… porque ese era “el momento”. Para cuando se inaugura la Bienal está todo el mundo reunido en Venecia. Recuerdo que pasábamos por las plazas y nos encontrábamos con fiestas, reuniones e inauguraciones de personas del mundo del arte de diferentes lugares.

Un fenómeno como el que ha tratado de plantearse y estimular en la Bienal de La Habana. Obras en todas partes, fueran o no de la Bienal y los espacios de la ciudad involucrados completamente en el evento de manera que la ciudad en su conjunto se diluía en una gran exposición. En cada esquina podías encontrar una obra, desde esculturas monumentales hasta un pequeño papelito en el piso con una flecha e instrucciones para, de alguna manera, participar de un proyecto específico…, o a la vuelta de una plaza la sorpresa de una exposición que ni siquiera sospechabas que estaba en ese lugar. Tener un Pabellón y una presencia en ese contexto es importantísimo.

¿Cómo asumiste la perspectiva colectiva de la participación cubana?

Siempre la Bienal de Venecia ha estimulado esta práctica. El público se ha acostumbrado a eso y creo que los juicios emitidos se basan mayormente en lo que ha sedimentado esa práctica. Considero que una exposición con más o menos artistas se justifica según la idea que quieras trasmitir, y según el desarrollo que te propongas con la idea. Visitamos pabellones con varios artistas, no solo uno como es habitual. Creo que resultó novedoso, y tan válido como cualquier otra fórmula. Lo que más influye en los criterios que se emiten en ese sentido son los cánones que se han establecido con la BV: que cada país lleve un artista.

¿Esta participación te genera algún proyecto?

Me invitaron a una exposición en Lille, a través de Galería Continua. La pieza se desplazará a otro sitio e interactuará con nuevos públicos. Cada cual saca sus experiencias de acuerdo con sus expectativas, y para mí el hecho de que la obra tenga la posibilidad de moverse en otros espacios y relacionarse con otros interlocutores es súper importante. El componente lúdico que supone mi proyecto precisa de manera especial esa interacción diversa y dinámica con espacios y públicos divergentes… Eso es genial. Será una experiencia distinta…

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