Sentarse a cenar con dios no te convierte en santo

¿Cómo recibe René Peña la invitación a participar en el Pabellón cubano en la 57 Bienal de Venecia?

Cuando recibí tu primer cuestionario para esta entrevista, me percaté de que no tenía cómo responder adecuadamente lo que me preguntabas. Por esos días entré en Internet y encontré una interrogante de alguien preocupado por la cantidad de artistas cubanos en la Bienal de Venecia. No recuerdo si seguía, pero la pregunta me resultaba suficiente. Y me dije, una posible respuesta sería ¡porque en Cuba hay cantidad de artistas vola’os!, o ¡porque la idea de los curadores involucraba a estos artistas!

Cuando visitas una exposición cualquiera y conversas con los curadores-espectadores siempre escuchas comentarios negativos. No importa lo que se esté presentando, hay como una incapacidad general para asimilarlo. Se opina de todo desde posiciones que se van adquiriendo, conformando pandillas, sencillamente porque se integran a determinados “circuitos” que gozan de “prestigio”. Hay un tipo de censura, común en Cuba, que es la censura oscura escondida en un algún lugar con el que nunca vas a tener diálogo. No hay forma de llegar a esos tipos, a lo mejor son máquinas. Nuestra curaduría tiene ese lío, unos se han puesto viejos, y otros, no se han dado cuenta de que tienen que envejecer un poco.

Cuando ustedes me propusieron la Bienal de Venecia, yo feliz… felizzz. Me dije, esto sí me cuadra. Aparte, no tenía que hacerme cargo de la impresión ni del envío. Feliz de participar sin disparar un chícharo.

No se me ocurrió, porque nunca se me ocurre plantearme una obra específica para un evento o una exposición. Los curadores son curadores. Ellos son quienes escogen la obra. Y si me seleccionaron es por lo que han visto de mi trabajo. Así me eduqué. En los 90 los curadores eran quienes decidían y no permitían al artista tomar esas decisiones.

Si los curadores de esta edición de Venecia me seleccionan entre muchísimos artistas, yo… halagadísimo. Pero son ustedes quienes escogen. Por supuesto, nunca te voy a mostrar una obra que no quiera exponer. Solo te voy a mostrar lo que me parece bueno, y dentro de todo eso, son ustedes quienes deben decidir, de acuerdo con las ideas que traigan y con las relaciones que ya establecieron con el resto de los participantes. Lo que no me satisface lo dejo durmiendo, en el congelador, uno o dos años, y si en ese proceso tampoco me cuadra, lo desecho. No trabajo para nada en específico, lo hago porque necesito hacerlo. Ni siquiera se me ocurre…

No pude ir a Venecia porque tenía lío con la pura. Intenté coordinar, pero no fue posible. Aimée García me trajo el catálogo.

Aunque no fuiste, has tenido una idea clara de cómo funcionó la muestra, la nómina y las obras. ¿Qué te ha parecido ese tipo de proyecto para una Bienal más individualista, como Venecia?

El estilo de esa bienal es un solo artista muy importante desplegado en un área. En sentido general las bienales suelen trabajar con artistas de las últimas hornadas que estén “bien”. Según mi experiencia, es fácil encontrar muy buenos artistas que se dejan de tener en cuenta porque “pasan de moda”. Artistas que salen del hit-parade del año porque el sistema de referentes los desecha y sustituye por otros nuevos muy rápido. Entonces ese criterio se repite, se hereda sucesivamente y para el momento ni siquiera saben lo que está haciendo, pero los han olvidado.

Miles Davis se murió como con casi sesenta y cinco años y su último disco es con rap y música tecno, loquísimo. Hay artistas como yo, los mortales, que hacen un trabajo, pero de alguna manera permanecen y pertenecen a su época. Si estamos hablando de Cuba, para participar en una Bienal bien podemos hacerlo solo con artistas de las nuevas promociones, pero es válida también otra perspectiva. Me pregunto: ¿Garaicoa ya se puso viejo? ¿Zilia Sánchez qué edad tiene? ¿Cuál es el problema de hablar de arte centrado en más de una generación?

Si el hecho de haber mezclado generaciones cumple con una propuesta teórica, es perfectamente válido. Por supuesto, esas posiciones atraen enemistades, y se buscan contraataques… y comentarios… Sobre todo, aquello de “¿y por qué yo no estoy ahí?”. Igual que aquel otro reclamo de que siempre son los mismos. ¿Y si está bien fundamentado que siempre sean los mismos? Porque los otros no llegan a ser como “los mismos”.

Por ejemplo, Carlos Martiel está vola’o. Desde que lo conocí me cuadró. Siempre lo vi muy faja’o, muy coherente y violento. De la misma manera admiro la honestidad de Fors, la transparencia con que asume su trabajo. Son artistas ajenos a cualquier moda. Genuinos artistas. Esa fusión de generaciones es válida. ¿A quién en Venecia le importa si son de los años 70 o del 2002? Frente al real mundo del arte todos somos igualmente desconocidos.

A cada rato me pongo a pensar en la Bienal de La Habana. ¡Cómo comenzó! ¡Con qué voltaje! ¡Qué limpio!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.