Sorpresa en Venecia

Pérez & Del Valle

Zilia Sánchez fue uno de los nombres más referenciados en la 57 edición de la Bienal. Esta cubana, radicada en Puerto Rico y poco visibilizada por la crítica internacional, se reveló de manera definitiva durante los últimos meses como una de las artistas mujeres más particulares y jerárquicas del siglo xx cubano. El visitante casual, aquel que no consulta los mapas explicativos del evento topaba inexorablemente con la rotunda potencia y la impresionante delicadeza de su obra. Quienes nos interesábamos por su trabajo debimos transitar un largo periplo recorriendo los inmensos espacios de los antiguos astilleros, que tanto reconocimiento y grandeza aportaron a Venecia como una de sus fuentes fundamentales de esplendor y riqueza, y que hoy acogen, en sus vetustos y sobrios edificios, siete de los nueve Pabellones Temáticos que conforman la muestra central de la Bienal de Venecia.


En el denominado Pabellón Dionisíaco, impresiona una serie de tres bellos lienzos de contenido y preciso lirismo, que festejan los atributos esenciales del ser femenino y del erotismo que lo desborda. Obras abstractas donde lo pictórico y lo escultórico se funden en un resultado particular, pletórico de sensualidad y erotismo, con un exquisito dominio del color expresado en una limitada paleta, casi monocroma, que contribuye a “la construcción” de lo que la artista denomina “lienzos estirados”. Piezas cuyas formas denotan una grácil voluptuosidad, proyectando relieves de formas punzantes que se constituyen en referencias inequívocas al cuerpo femenino en todo su esplendor seduciendo al espectador en un pleno disfrute sensorial. Confiesa la artista que belleza, pasión y sensualidad son claves esenciales de su obra.

La elección de Zilia Sánchez fue, para algunos críticos, una de las sorpresas de esta edición de La Bienal. La artista de 91 años, a pesar de contar con una sólida y sostenida obra, y de haber participado en eventos importantes como la Bienal de São Paulo, no ha contado con un progresivo reconocimiento internacional y, solo en los últimos años, le han prestado atención las grandes revistas especializadas y los espacios del mainstream.

Zilia Sánchez nació en La Habana en 1926, estudió en la Academia de Artes Plásticas San Alejandro e integró la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Desde 1960 reside fuera de la Isla, transitando por España, Italia, Canadá y Estados Unidos. Ha desarrollado su trabajo como pintora, grabadora, escultora y profesora. Durante los años 70 realizó varios murales en edificios de Puerto Rico y, desde 1991, forma parte del claustro de la Escuela de Artes Plásticas de ese país caribeño.

Según la crítica Rebeca Noriega, “contextualizar la obra de Zilia Sánchez resulta complejo si descartamos lo mínimal neoyorquino, lo caribeño identitario, la cultura feminista, la búsqueda o el rechazo de lo nacional. Zilia Sánchez trabaja un poco con todo. Mucho se ha hablado de la asociación de Zilia con el arte mínimal ante todo caracterizado por el lema de “menos es más”, proveniente del Bauhaus. Sin embargo, ella ríe al indicar que no debe ser considerada una “artista mínimal”. Insiste en clasificarse a sí misma como una mulata caribeña o una mínimal mulatica.

Noriega, quien ha dedicado mucha atención a esta extraordinaria nonagenaria, también ha afirmado: “En los círculos del arte neoyorquino, los críticos han dirigido su mirada primordialmente hacia ese grupo de artistas minimalistas para ubicar la obra de Sánchez. Fue incluso la escultura su formación inicial, medio predilecto de los artistas minimalistas. Abraza el cemento como material moldeable altamente ligado a las industrias de construcción. Esto podría acercarla a algunos trabajos de este grupo y a su idea de “construir”. Sin embargo, para Zilia la construcción es diseño que es, a su vez, la ilusión de inventar a través de la línea. Donald Judd (1928-1993) o Dan Flavin (1933-1996), artistas representantes del grupo de Minimalistas utilizaron materiales industriales como hierro o luces fluorescentes, pero se alejaron del proceso de manufacturar su obra. Sin embargo, Zilia no solo se involucra en conceptualizar su trabajo sino en todo el proceso de creación”.

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