Venecia y su 57 Bienal. Algunas impresiones

La Bienal de Venecia es un encuentro imprescindible para aficionados y profesionales del mundo del arte, aunque desde hace algunos años, en la cita veneciana son cada vez más omnipresentes el mercado del arte y sus comerciantes.

De hecho, se puede establecer un paralelismo entre la propia Venecia y su Bienal, un reducto adonde podemos volver, a pesar de los cambios del mundo y de tanta información acumulada sobre arte. Nunca una visita a Venecia o a una de sus bienales generará un déjà vu.

Este año nuestra estancia duró tres días, poco tiempo para un extenso viaje artístico, así que elegimos visitar los lugares oficiales de El Arsenal y Los Jardines.

En Los Jardines todos los países están representados, cada uno con su edificio y su bandera, su Artista y su Comisario. Es, generalmente, el lugar que atrajo la mayor cantidad de personas, pero en sentido general ha perdido parte de su atractivo. Se pudiera citar la gran curiosidad por el Pabellón alemán, que ganó el premio del mejor pabellón, y mostró la impactante actuación de la artista Anne Imhof.

El otro espacio oficial es El Arsenal, que como una gran serpiente despliega exposiciones a lo largo de unos 600 metros de longitud. Un centenar de artistas, elegidos este año por la comisaria Christine Macel, fueron citados como en un gran desfile. Hay una mezcla de artistas consagrados como Sheila Hicks, Ernesto Neto, F.E. Walther, junto a creadores emergentes de todo el mundo.

Fue la ocasión para redescubrir y descubrir algunos artistas, jóvenes o viejos. De esta manera, apreciamos por primera vez las excepcionales piezas de la cubana Zilia Sánchez, tanto como las de Louise Nevelson y los minimalistas americanos. También se incluían las sorprendentes pinturas de la canadiense Kananginak Pootoogook, las figuras humanas esculpidas por el neozelandés Francis Upritchard, o las pinturas de la española Teresa Lanceta.

Cuando se camina por la ciudad, ¿cómo no alegrarse de ver a B. Rauschenberg y Andy Warhol en un notable mano a mano, las magníficas esculturas de vidrio de Ettore Stottssas o la monumental escultura de oro de James Lee Byars? …Tantos grandes artistas súper reconocidos que nos todavía sorprenden.

No tuve gran curiosidad por ir a la antigua aduana transformada en museo donde se exponía Choque, de Damien Hirst, lo que nos pone a vista su (sin dudas) integración con éxito a la situación del mercado del arte hoy en día. Imposible hacer el recuento exacto de todas las piezas allí expuestas, aunque uno puede imaginar fácilmente los miles de millones que producirán.

¿Cómo no persistir en la búsqueda del Ca’ Corner della Regina que alberga la Fundación Prada? Hay un viaje narrativo hermoso titulado The boat is leaking. The captain lied, resultado de un intercambio entre el escritor y cineasta Alexander Kluge y el artista Thomas Demand.

Para el gran final visitamos el Pabellón cubano, que no puede estar mejor situado –entre La Academia y la Plaza San Marcos, en el Campo Santo Stefano. Provocador, a la entrada del palacio, la confrontación con el ala del Chrysler, de Esterio Segura. La configuración del espacio ha permitido desplegar en toda su magnitud grandes obras como Ave María, de Meira & Toirac, o Tumba abierta, de José Yaque, instaladas en la biblioteca del palacio, junto a otras más concentradas como la pieza de Wilfredo Prieto. Me impresionaron las fotografías de René Peña, la instalación de Leyva Novo, las esculturas de Fabelo y el performance de Carlos Martiel. En resumen, el Pabellón cubano está en sintonía con lo que más ha llamado nuestra atención durante nuestros paseos en la Bienal: el diálogo entre artistas de varias generaciones.

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