Alfredo Sosabravo

Nacido en Sagua La Grande, Villa Clara en 1930, radica en La Habana junto a su padre a los 11 años de edad. Para los años 50, el contacto con la obra de Wifredo Lam, expuesta en el Parque Central de la capital cubana, le abre las puertas del arte moderno y comienza a pintar de manera intuitiva. Para la medianía de la década ingresa en la Escuela Elemental de Artes Plásticas Aplicadas, anexa a la Academia San Alejandro. Estos cursos serían el único entrenamiento académico del artista, a la par de su relación con el artista Ángel Acosta León. Pocos años más tarde realiza su primera exposición personal en la Sala Atelier, que le abre las puertas a múltiples exhibiciones nacionales y colectivas, incluyendo el Salón Anual del Museo de Bellas Artes.

A la par con su labor creativa, a inicios de los años 60 se desempeña como profesor de dibujo y grabado en la Escuela Nacional de Instructores de Arte. Para las medianías de la década elabora sus primeras litografías en el Taller Experimental de Gráfica, Plaza de la Catedral, y se inicia en la técnica de la cerámica en el taller Cubartesanía de Cubanacán. Su acento personal y la experimental labor sostenida de estos años lo hacen participar en un sinnúmero de muestras personales y colectivas, a la vez que lo hacen acreedor de premios y distinciones en diversos certámenes.

En 1973 realiza el mural cerámico Carro de la Revolución en el hotel Habana Libre de La Habana y desarrolla, a lo largo de ese período, una vasta labor en el campo de la cerámica artística. Recibe el Diploma de Honor en la V Bienal Internacional de Cerámica de Arte de Vallauris, Francia, y la Medalla de Oro en el XXXIV Concurso Internacional de la Cerámica de Arte Contemporáneo, Faenza, Italia. Participa en la VI Bienal Internacional de Grabado, Cracovia. En 1977 participa en la Muestra Internacional de Arte Cerámico, Nagoya, Japón y realiza la exposición Pintura y gráfica cubanas, Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, y en la Fundación Joan Miró, Barcelona. Recibe el Diploma de Honor en la Segunda Cuatrienal de Artes Aplicadas de los Países Socialistas, Erfurt, República Democrática Alemana. Dos años más tarde, obtiene el Premio en Litografía en la Primera Trienal de Grabado Víctor Manuel, Galería de La Habana y realiza una exposición personal de carteles y grabados en el Pequeño Salón, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Para el inicio de los años 80 recibe la Distinción por la Cultura Nacional otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba y participa en la XL Bienal de Venecia y en la Primera y Segunda Bienales de La Habana. Al final de la década recibe la Medalla Alejo Carpentier que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba y organiza su primera exposición personal fuera de Cuba, Anatomicum, Museo Franz Mayer, México D.F.

En 1990 realiza la exposición antológica La Naturaleza, El Hombre, La Máquina, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, en homenaje a los sesenta años de su nacimiento. Realiza también una serie de exposiciones personales y varios murales en espacios públicos y privados. Participa en la Primera Bienal Barro de América, Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber, Caracas, a la vez que reinicia su labor pictórica, abandonada por largo tiempo.

Una larga nómina de exposiciones personales y colectivas acompañan en este decenio el otorgamiento del Premio Nacional de Artes Plásticas (1997) y de la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba en reconocimiento a su trayectoria artística. El Museo Nacional crea, en el Castillo de la Real Fuerza de La Habana, una sala de exposición permanente con sus obras.

Paralelamente, comienza su colaboración con el taller Ars Murano, Venecia. Para el inicio de los años 2000 realiza varias exposiciones personales, entre estas: Dibujos y collages, La Acacia; Pintura y Escultura, Fundación Gate One, Treviso, Italia, y Pinturas recientes, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana y participa en la muestra colectiva 13 Pintores cubanos, Tarragona, España. Expone Personajes en la galería Atelier, Barcelona. Diseña el telón del ballet Cuadros en una exposición, con coreografía de Alicia Alonso, para el Ballet Nacional de Cuba.

En la actualidad, Alfredo Sosabravo persiste en revelarse como un artista de incansable desempeño creativo, presente en múltiples proyectos artísticos en cualquier espacio de la geografía universal.

(…) Alfredo Sosabravo ha disfrutado una larga y prolífera carrera tratando de darle sentido a los momentos desafiantes de la vida a través de su quehacer artístico en variedad de medios. Aun cuando ha trabajado el vidrio, la cerámica, el dibujo o el grabado, pintar es la fuente de su habilidad artística y su estilo distintivo. Por medio de la pintura, ha desarrollado su reconocido esquema de colores y patrones abstractos como la base de la elaborada construcción de sus composiciones. No hay dudas de que lo intrincado de los diseños que incorpora en sus trabajos es una reflexión compleja sobre cada día de la vida con sus altas y bajas, y los momentos que van desde lo más serio hasta lo más absurdo.

Su arte se ha convertido en autorreferencia como una sucesión de signaturas y señales. Trata los temas con ideas fuera de alcance, motivos y formas que construyen un lenguaje para luego transformarse en su propio símbolo. El sistema de signos de Sosabravo consiste en un caprichoso, extravagante y fantástico reparto de caracteres, muñecos, animales, peces, aves: toda cabriola en un ilógico y desbarajustado medio ambiente. Excavando y manipulando lo común dentro de una nueva experiencia que combina arte crecido y manido, comic, advertencias, juguetes y otros locos vehículos, Sosabravo estimula al espectador a usar su genio y reconstruir todo el surtido en otro formato, de acuerdo con una extraña y novedosa perspectiva.

La imaginación de Sosabravo se ha desarrollado en un sistema de expresión que fomenta la dinámica interdependencia de lo individual y lo colectivo, y aun las combinaciones resultan, necesariamente, interpretaciones diferentes desde el punto de vista colectivo. Cada uno de nosotros, individualmente, identifica la fuente de la imaginación del pintor desde un enfoque personal. Él se nos presenta con un continuo discurso en señas y signos, y un diseño composicional que mezcla cartas, formas, símbolos, patrones, simples figuras y objetos como mensajes dentro de mensajes. De cualquier manera, la narrativa que emerge es disparatada, y las escenas parecen tener lugar en las tablas, escenario del teatro de lo absurdo, que es tan traicionero como al mismo tiempo juguetón. (…)

Fragmentos de Sosabravo, teatro de lo absurdo de Carol Damian.