José Manuel Fors

Nacido en La Habana en 1956, Fors se gradúa de la Academia de Arte San Alejandro veinte años más tarde. Luego, estudió en el Instituto de Museología de La Habana, mientras trabaja como museógrafo en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En 1981, integra una de las muestras renovadoras del panorama del arte cubano Volumen I. Consecutivamente, abandona casi de forma definitiva sus incursiones en la abstracción matérica para comenzar a realizar instalaciones. Así, su primera exposición personal Acumulaciones (1983) iniciaría algunos de los tópicos y metodologías más recurrentes en su operatoria como artista. Fors es considerado a menudo como fotógrafo, sin embargo, sus trabajos fotográficos son muy aislados y, en algunos casos (como por ejemplo en sus primeras versiones de Hojarasca), constituyen un mero soporte documental.

Por otra parte, los recortes de fotografías que usualmente utiliza en sus instalaciones –La sombra dilatada, Historias circulares, Fragmentos, Atados de memoria, entre otros- se erigen como resortes que articulan las piezas y, al unísono, revelan su interés por la memoria como tópico fundamental. Este último tema junto a la fragmentación y las acumulaciones conforman el acervo principal del que se nutre su trabajo artístico.

En ocasiones sus creaciones se inspiran en la literatura de algunos de los más importantes escritores cubanos, fundamentalmente Eliseo Diego y Dulce María Loynaz, cuyos versos titulan algunas de sus obras. José Manuel Fors es un artista en constante exploración de los límites espaciales de sus instalaciones.

Entre sus principales exposiciones personales destacan La tierra en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana y Golpes de vista en el Museo Provincial, Villa Clara (1988). En el inicio de los años 90 organiza Trabajos Fotográficos en la Fototeca de Cuba; Desde la tierra y Terra mater en Venezuela y El paso del tiempo, proyecto Naturalezas conjuradas en el Centro Wifredo Lam. Ya en 1977 participa con Los retratos en la VI Bienal de La Habana, además de exposiciones en Japón, Bélgica y La Habana. Hojarasca del proyecto El voluble rostro de la realidad se muestra en la Fototeca de Cuba en 1999 y el año siguiente se muestra su trabajo en Couturier Gallery en Los Ángeles, que en dos años también estaba exhibiendo Fallen Leaves. En 2003 se muestran Los Objetos en Bélgica y Círculos en la Fototeca de Cuba, y luego Las Cartas en Casa de Las Américas y Largas Cartas en Couturier Gallery. El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana exhibe Historias Circulares y el Auditorio de Galicia Objetos Fotográficos en 2006.

De las colectivas se destacan en 1979 Pintura Fresca en la residencia del artista y la Galería de Arte de Cienfuegos; Sano y Sabroso en Galería 23 y M y Trece Artistas Jóvenes en Galería Habana en 1981. A partir de este momento se desarrolla un amplio despliegue de su trabajo por México, Venezuela, Japón, Italia, Canadá, Francia, Estados Unidos, España, Brasil, y muy especialmente en Cuba donde se integra a exhibiciones en sus principales museos, instituciones y galerías. Se destaca en este contexto su participación en el pabellón cubano de la 57 Bienal de Venecia, en 2017.Ha recibido importantes premios y reconocimientos, entre los que destacan Medalla de Oro en la 49th International Photographic Salon of Japan. Tokio, Japon (1989); Distinción por la Cultura Nacional. Ministerio de Cultura (1999); Diploma al Mérito Artístico del Instituto Superior de Arte (ISA) La Habana, Cuba (2001) y el Premio Nacional de Artes Plásticas del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (2016).

(…) Fors tomó sus primeras fotografías de objetos encontrados o `instalados’ en los espacios de su propia casa. En aquellos tiempos, como otros artistas de su generación, estaba más interesado en la idea y en la eficacia de la representación, que en desarrollar un cuerpo de obras morfológicamente clasificables. Como muchos otros artistas, insisto, se movió con libertad de la bidimensionalidad de la pintura, a la intervención de un espacio con objetos, de ahí a la instalación, y más tarde al soporte fotográfico, donde el carácter efímero de sus instalaciones precedentes se hacía menos perecedero.

Sus imágenes fueron consideradas como una renovación de la fotografía -en particular- y no como lo que en realidad eran: una renovación del arte -en general. Desde esos años su obra fue clasificada como producción fotográfica sin atender a un simple detalle: salvo unas escasas imágenes construidas por el artista, nunca Fors ha hecho fotografía, sino sólo ha manipulado, compuesto y organizado en el soporte fotográfico las imágenes que con auténtica actitud de fotógrafo fueron tomadas por su abuelo paterno. He aquí la ironía de las clasificaciones y lo engañoso de su carrera.

(…) los tiempos cíclicos de Fors -en su producción de arte- son largos, como los tiempos de su temperamento. No da saltos sorprendentes, sino que explora las ideas y los medios hasta dejarlos exhaustos; entonces cierra un ciclo y abre otro, aparentemente abrupto, pero sólo en apariencia. Si se observan detenidamente estas obras de hoy reconoceremos fácilmente a las instalaciones fotográficas anteriores, sólo que el soporte fotográfico desaparece casi completamente y deja al desnudo al sujeto de la imagen original fotografiada, como si éste hubiera emergido del papel, que ya no existe más. En cierto sentido recuerda esos segundos en que lo fotografiado emerge de la plata sobre gelatina por el efecto de la química en la cubeta del laboratorio. Si pensamos en ese instante `mágico’ del cuarto oscuro sentiremos el mismo efecto al ver estas estructuras escultóricas de Fors, lo único que en un sentido totalmente inverso. (…)

(…) No se trata de que Fors se nos presente ahora como un fotógrafo descreído, sino como un continuo simulador. Sus primeras imágenes fueron la simulación del objeto que nunca vimos y sus recientes objetos son la simulación de las imágenes que nos acostumbró a ver por 20 años.

Fragmentos de La similitud no es pura coincidencia de Cristina Vives