Osvaldo Salas

La Habana, 1914 La Habana, 1992

Inició estudios de artes plásticas en la Academia San Alejandro, en 1926, pero se vio obligado a abandonarlos al trasladarse su familia a vivir en los Estados Unidos. Se establecieron en Nueva York hasta los primeros días de 1959 en que regresó definitivamente a su país, el 9 de enero.

En Estados Unidos alternaba sus estudios con el trabajo y se desempeñó en diferentes labores. Años más tarde regresó al arte de forma autodidacta. En 1943 comenzó a trabajar como soldador de banco en un laboratorio de la International Telegraph and Telephone Company donde se relacionó con aficionados a la fotografía. En 1947 se vinculó al Club Fotográfico Inwood Camera Club de Nueva York y ya en 1948 ganó el Primer Premio de su concurso anual, clase B. En 1949 fue seleccionado entre los diez mejores fotógrafos de clase A del Inwood Camera Club y comenzó a dedicarse exclusivamente a la fotografía. En 1950 estableció su propio estudio fotográfico en la 50th Street, entre 8 y 9 Ave. Manhattan, Nueva York, frente al entonces Madison Square Garden. Su lente captó en ese período a grades figuras del arte cinematográfico como Joe Brown, Marilyn Monroe, Sara Montiel, Ava Garden, los ases del deporte como los peloteros Ted Williams, Roy Campanella, Joe Di Maggio y los boxeadores Rocky Marciano, Sugar Ray Robinson y a muchos otros.

De 1950 a 1958 fue fotógrafo-colaborador de diferentes publicaciones como los periódicos neoyorquinos La Prensa, Diario y Visión; también trabajó en El Clarín, Buenos Aires; Alerta y Bohemia en La Habana; Cinema Reporter en México DF, y en la Revista Deportiva, Caracas. Colaboró como fotógrafo del periódico Revolución, posteriormente Granma, y del departamento de fotografía del Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1984 se le acreditó, por primera y única vez a un cubano, el título de Maestro Internacional de Fotografía de Prensa conferido por Interpress Foto.

Su obra ha participado en más de un centenar de exposiciones personales y colectivas tanto en Cuba como en otros países y pertenece a importantes Colecciones.

Entre los grandes artistas del lente que han existido en nuestro país a lo largo de la historia casi bicentenaria de la fotografía, el nombre de Osvaldo Salas tiene un lugar especial. De él se ha escrito no tanto como merece su obra, pero entre esa escasa literatura crítica hay una expresión de Alejo Carpentier que resulta emblemática teniendo en cuenta la reconocida erudición del gran escritor en materia de artes visuales. Así dijo: “La fuerza de la presencia humana, la poesía de las piedras, de las cosas, los valores del espacio, se trascienden y fijan en las imágenes magistrales de Osvaldo Salas”. Como se sabe, no era sencillo arrancarle una valoración de esta naturaleza al gran apreciador del arte que fue Carpentier. Tenía que existir una obra sedimentada, notable, resistente al tiempo y a la crítica para que el autor de El siglo de las luces se manifestase de una manera tan elogiosa. Pero además, fue el fotógrafo preferido de Geraldine Chaplin, Gabriel García Márquez y Nicolás Guillén. Y es que Osvaldo Salas pertenece, de suyo, a lo mejor de la fotografía cubana.

(…) Su modo de afrontar la fotografía estuvo basado en la experimentación más diversa, el uso de los altos contrastes, la solarización, el audaz empleo del zoom, la distorsión de la imagen por medio de lentillas, en fin, talento en la composición unido al empleo de los recursos y las técnicas fotográficas. Pero un análisis de su obra fotográfica revela algunas facetas que es importante señalar. En primer lugar la profundidad de sus imágenes, un aspecto realmente enigmático que obliga al degustador a buscar la historia que existe detrás de cada imagen. Precisamente lo que hace que el “lector” de fotografías se enganche con ellas.

(…) Hacer retratos fue su género preferido en la fotografía y se convirtió en uno de los mejores retratistas que hayan existido en el país. Manifestó en una entrevista que fotografiar los rostros de personas desconocidas en plena calle era una verdadera afición para él. Rostros que por alguna razón desconocida le impresionan visualmente. Sin embargo, no le gustaba que lo retrataran a él.

(…) Salas fue un autor fotográfico dueño de una sensibilidad inconfundible, eso que la crítica ha denominado estilo, estilo que, no por casualidad, devino paradigmático para la fotografía cubana. Esto es, sus imágenes son portadoras de un tono, un concepto muy solemne de la función de la fotografía en general y del retrato en particular. Con él, la fotografía se convirtió en una recreación emocional de la experiencia, de la vivencialidad transmutada en imagen. Lo empírico llevado a su más alta expresión. Una síntesis estética del entorno en la que la imagen resultante guarda en sí una arquitectura armoniosa de signos.

Fragmentos de Osvaldo Salas, un grande de la fotografía cubana de Rafael Acosta de Arriba