Pedro Abascal

PEDRO ABASCAL
La Habana, 1960

EXHIBICIONES PERSONALES: 2015 Un Cubano en Beijing. En Zona Franca. Colaterales Duodécima Bienal de La Habana, San Carlos de La Cabaña 2013 Diálogos Urbanos. Galería María Eugenia Haya, Fototeca de Cuba, La Habana / Para Los niños se hace esta fiesta. Centro Hispanoamericano de Cultura, 35 Edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana 2012 Habana Color. Galería Espacio Abierto, Revolución y Cultura, 11na Bienal de La Habana 2011 ¿Escalera al cielo?, L´escalier del´ Art, Alianza Francesa, La Habana 2007 Paisaje Urbano. Galería Alberto Korda, UPEC, Pinar del Río / Re-cuentos. Taller Experimental de Gráfica, La Habana 2006 Laberinto. 9na Bienal de La Habana, San Carlos de la Cabaña / Dossier Habana, Museo de Arte de Pinar del Río 2005 Nuevos Documentos. Hostal Conde de Villanueva, La Habana 2003 Producción Roble de Olor. Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, ICAIC, La Habana / Documentos Personales, 8va Bienal de La Habana, Fototeca de Cuba, La Habana 2001 Demasiado Humano. Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana 2000 Krikorian Gallery. Worcester Center for Crafts: Worcester, MA 1995 Kubanische Fotografíen. Baviera Museum, Zurich 1994 El sueño de la razón, Centro Wifredo Lam, La Habana 1990 Metáforas. Fototeca de Cuba, La Habana /

EXHIBICIONES COLECTIVAS (selección): 2016 La madre de todas las Artes. Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana, Cuba / Fuerza y Sangre. Imaginarios de la Bandera en el Arte Cubano. Pabellón Cuba y Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, La Habana 2015 The Light in Cuban Eyes. Robert Mann Gallery, Nueva York / The Light in Cuban Eyes. Jenkins Jackson Gallery, San Francisco 2013 Miradas cruzadas. Habana-Provence. Fototeca de Cuba, La Habana / The house of Cuba. Nordic Light International Photo festival, Kristiansund, Noruega 2011 Building bridges not fences. Strathmore Fine Art, Maryland 2008 Encuentros. Galería Villa Manuela, La Habana / Arboleda. El cuerpo es cuerpos. Fotografías y videos cubanos. Galería Jesús Gallardo, Guanajuato, México / Visiones desde una isla. Arte contemporáneo de Cuba. Arte Actual. Ecuador 2006 La ciudad y la fotografía. 9na Bienal de La Habana, Biblioteca Nacional, La Habana / 12th Asian Art Biennale Bangladesh-2006 2005 Happy Landscape (video instalación). IV Salón de Arte Contemporáneo. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana 2004 Cuatro décadas ante el espejo. Arco de la Defensa, París 2003 El otro lado del alma. Fototeca de Cuba, La Habana /Interiores y Exteriores. Fototeca de Cuba, La Habana / Colectiva de fotografía en la V Bienal de Fotografía Africana “En la Diáspora”. Bamako, Mali / La Historia de la Fotografía en Cuba. Museo Nacional de Antigüedades, Kuala Lumpur, Malasia / Pulsiones. Biblioteca Nacional, La Habana 2002 Cuba 1960-2000: Sueño y Realidad. Fundación Italiana para la fotografía, Torino / Colectiva de fotografía cubana contemporánea. Feria de Guadalajara, México 2001 Shifting Tides: Cuban Photography After the Revolution, Los Angeles County Museum of Art, Los Angeles, California; Grey Gallery, New York University, Nueva York; Contemporary Photography Museum, Chicago / Una, dos fotografías…, Fototeca de Cuba, La Habana / Estética de la Revolución. Fototeca de Cuba, La Habana / Interiores y Exteriores colectiva de fotógrafos americanos y cubanos, Seatle / Latin American Artist-Photographers From The Lehigh University Art Galleries Collection. Dubois Gallery, Maginnes Hall, LUAG. El Museo del Barrio, NYNY. El Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras Campus, San Juan, Puerto Rico 2000 La conjunción de los dioses. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana / From the Negative. Parts Gallery, Minneapoli / Cuba sí. Royal National Theatre, Londres /

PRINCIPALES COLECCIONES: Los Angeles County Museum of Art / Fine Arts Museum of Houston / LUAG, Lehigh University Art Gallery, Pennsylvania / The Galveston Art Center, Houston / Southeast Museum of Photography, Daytona Beach / Center For Cuban Studies, Nueva York / Fototeca de Cuba, La Habana / Consejo Nacional de las Artes Plásticas, La Habana / Mairie De Toulouse, Galerie Du Chateau D’eau, Francia /

Como todo buen fotógrafo, Pedro Abascal es un buscador de circunstancias, que parecen no tener nada de azarosas, sino más bien construidas.

Casi a la manera voyeurista y sólo casi, en tanto se exhibe entre espejos y vidrieras, más bien en su intención de integrarse a lo que pertenece, Abascal otea los subterfugios de esta ciudad inverosímil, como la visualizó Carpentier, plena de evidencias incomprensibles, contrastes, laberíntica y signada por lo surreal; una ciudad que se ha convertido en la zona franca de la cultura fragmentada de estos tiempos, escenario de jerarquías y órdenes difusos, laberinto y monumento emblemático de la vida, las tensiones y la memoria de toda la gente. Entonces ver o saber ver, es el primer don, que le ha permitido aprovechar las bonanzas de una buena selección. Perspicacia y vasta información se combinan en sus semblanzas urbanas, aparentemente apacibles, que cuentan historias poco grandilocuentes, a menudo casi ordinarias y de seguro inadvertidas a no ser por su “lente”. La linealidad primera de sus imágenes, sutilmente connotada por los títulos, que sólo identifican el contexto, el lugar, como para no inducir, ni siquiera sugerir las lecturas de las esencias posibles y las anécdotas que habitan en cada escena, se adereza y deviene trama compleja y múltiple en ese recorrido sinuoso que hacemos ante cada instantánea.

Como en gran parte de la fotografía cubana reciente, el sabor reporteril da paso a la dinámica de lo cotidiano, a escenas intimistas, al retrato psicológico colectivo. Y es evidente que Abascal no ha estado ajeno a las fuentes sustantivas del género, fuera y dentro de la dinámica nacional, de las que obviamente emergen las aportaciones de obras como las de Grandal o el buen cine de Gutiérrez Alea, Buñuel, los testimonios de André Kertez, Lee Friedlander o Robert Frank, ahora con la sensibilidad y la suspicacia, en un tiempo aún menos ingenuo, para captar subtextos visuales aprehendidos en encuadres casi pictóricos, armónicos e inteligentes.

Típicos también son el espejo, las transparencias reveladoras, el reflejo en vidrieras que multiplican el paisaje urbano y hasta sugieren la inmaterialidad de la imagen, al tiempo que nos hacen descubrir el detalle caprichoso que descuida el transeúnte en su intensa rutina. Pero la suspicacia que antes apenas connoté, está en la apariencia incongruente de elementos que se cruzan por azar, como en La calle de los mercaderes 2003, la coexistencia de todos los tiempos, o la inexplicable sincronía, en esa nostalgia no justificada, por desconocida de La Habana 1992 o las coordenadas dispuestas por nuestra cultura del reciclaje, el eclecticismo asumido por costumbre, la contraposición de mensajes como telones de fondo que singularizan el contexto, la manifestación del absurdo y hasta el humor negro. Dilogía Lezamiana arrancada de los diálogos en silencio o monólogos sustraídos en el andar de la gente que no sabe que es historia y la energía de Icaros en salto constante, o la energía contenida de los que piensan que el tiempo termina en la presencia trashumante de sus propias sombras. De otra parte, la apariencia apacible, la quietud de los retratados, llega a una inmovilidad o estaticidad que los iguala a los objetos y al entorno, sin verdadera jerarquización, para que leamos el todo.

De luces y sombras trata la fotografía en sus términos más formales, sólo que en la obra de Abascal hay un pertinaz respeto por la justa dimensión dramática, por qué no decirlo, de los valores tonales de grises y degradaciones, químicamente resueltos en virtud de una trama humana, frágil, sin espectacularidad. Y está claro que la muerte asoma como parte de un ciclo natural, delicadamente anotado por la hoja que cae sobre la lápida recién abierta, pero también se revela en la recurrente presencia de maniquíes inanimados que yacen, posan y anuncian la discordancia de estos tiempos, así como en la incierta espera de muchas miradas.

En proyectos como Happy Landscape (2005) y Laberinto (2006), exhibida esta última en la Novena Bienal de La Habana en el 2006, sintetiza su preocupación por la banalización, la estandarización, solapadas tras un supuesto glamour. Otra vez los maniquíes, verdaderas caricaturas de modelos mal imitados, se mezclan con el universo animado e invaden esa visualidad urbana polisémica que se recodifica y reformula a una velocidad insospechada y que Abascal, insertado siempre en ella, arma en esa suerte de cadáver exquisito y traduce en su contaminación, en su esencia contradictoria, promiscua, aceptada ya de manera natural en la dinámica avasalladora, a veces acrítica, de nuestras culturas periféricas.

Más allá del valor de la fotografía como registro documental, el tropo o la dosis metafórica para dimensionar el proceso creativo que trasciende la aristotélica captación de imágenes reales, Abascal demuestra conocimiento de la técnica fotográfica. Más allá del accidente maneja –a priori– los efectos preconcebidos con la luz o la sombra que se convierten en la silueta deseada que corona figuras y sobre todo, aunque parece ser inadvertida, anima el mensaje. Lo que puede ser interpretado como fuera de foco, es realmente una difuminación, en función de connotar lo que inevitablemente entonces deviene concepto o elemento dramático, explícito en Cementerio de Colón 1994 y también es recurso para el goce de esa naturaleza textural, a veces intangible de lo que nos rodea, como en las sábanas que te dan la bienvenida en cualquier balcón y solar de la Habana o ambos, articulados en la atmósfera del interior de La Habana 1997, en el que una mujer masculla su diario destino.

Escaleras al cielo, como me gustaría titular a Calle 17 1993, una de sus fotografías más distintivas, desde mi modesto punto de vista, exhibe su naturaleza pictórica, en una composición perfectamente estructurada, equilibrada en líneas, planos de luces, sombras y detalles, mientras que conceptualmente juega a confundirnos y de repente una mujer con sombrilla asciende o desciende, no sabemos muy bien, o sí sabemos, pero complace la idea sugerente, dual, visualmente ambigua, a tono con lo que sucede en la vida. Y es que en verdad sus atardeceres no son tan apacibles, la obviedad primera de escenas y acciones rutinarias, descifran en escaparates, espejos y superficies plateadas, lo que en realidad no brilla, pero es asumido en su imperfectibilidad y también en su inefable valor que deviene sustancia de lo que nos hace existir y persistir. En ello reside la credibilidad de la obra de Pedro Abascal que resume documento, testimonio, lírica y nos enfrenta a las disímiles y misteriosas dimensiones de la espacialidad y el tiempo escogidos y citados.

Sus atardeceres no son tan apacibles de Hilda María Rodríguez Enríquez