Pedro de Oraá

Nació en La Habana en 1931. Cursa estudios de Pintura y Escultura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y de Construcción civil en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana. En 1949, publicó por primera vez junto a otros poetas en Caibarién, Las Villas. Más tarde viajó a Venezuela, en 1957, y allí se vinculó a grupos de escritores y artistas. A partir del siguiente año integra el grupo de Diez Pintores Concretos. Constituyó la organización de las actividades escénicas del Teatro Nacional en 1960, y trabajó como responsable de diseño publicitario hasta 1962. Ese mismo año comenzó a trabajar como diseñador en el Consejo Nacional de Cultura. Fundó las Ediciones Pálpite en 1961 y es cofundador de la Editorial Belic en 1964. En esa misma época, se traslada a Bulgaria, donde residió dos años con el objetivo de conocer la lengua y la literatura búlgaras.

A partir de 1957 realiza un sinnúmero de exposiciones personales en diversos espacios nacionales y extranjeros, entre los que se destacan la Galería Pequeño Espacio, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, la Galería Raúl Martínez, el Instituto Cubano del Libro, la Galería Fayad Jamís, el Centro de Arte y Literatura y el Museo Nacional de Bellas Artes. Entre sus principales muestras colectivas sobresalen las organizadas en el Centro de Bellas Artes, Caguas, Puerto Rico y en el Gran Arco de la Defensa, París, Francia.

Sus obras figuran en las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, en Cuba, Museo Universitario del Chopo, Distrito Federal, México, Godwin-Ternbach Museum of Queen Collage, Nueva York, Museum of Finest Cuban Arts, Viena.

Ha colaborado con diversas revistas y publicaciones especializadas. Entre ellas figuran revista La Gaceta de Cuba, revista Casa de Casa de las Américas, revista Unión, revista Orígenes, revista Ciclón, y los periódicos El Mundo, Revolución y su suplemento Lunes de Revolución, Noticias de Hoy suplemento del periódico Hoy Domingo, Pájaro Cascabel de México, RDA de República Democrática Alemana, Inostrannaia Gazeta de Unión Soviética; Plamak, Bulgaria de Hoy, Frente literario y Cultura Nacional de Bulgaria.

Es uno de los traductores de la antología Poesía búlgara y además realizó traducciones de poesía para la revista Unión. Trabajó en traducciones de Gueo Milef y Tristo Smirnenski para la Editorial de Lenguas Extranjeras de Sofía, así como en versiones de la obra de Vesna Parum, poetisa yugoslava-sueco.

Ha recibido el Premio Nacional de Diseño del Libro en 2011 y el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2015.

(…) La obra de Oraá invita a la contemplación activa. Sus presencias geométricas, además de ser rigurosas, aluden al movimiento del espacio que las contiene, son su clave conceptual. En la pintura concreta de Oraá comulgan referentes literarios y visuales que responden a una tradición que he señalado grosso modo en el presente texto. Y es que, como señalaba Octavio Paz, la pintura obedece a las mismas reglas de oposición y correspondencia que rigen al lenguaje, hay una estrecha analogía entre ambas. Con otras palabras, la especulación intelectual sugerida con sus piezas se transfigura en una geometría de rancia estirpe occidental; al final es un camino que se recorre en ambos sentidos, la mejor manera de describir una tradición. La pretensión de la pintura abstracta de alcanzar un puro lenguaje pictórico, recibe con los geométricos su reverso: un mundo de signos que aspiran a trascender de cualquier lenguaje: el silencio sugerente de la geometría.

Las piezas de arte concreto de Oraá son estructuras animadas por un movimiento agitado, vivo. Como todo arte abstracto, son intemporales, fragmentos de tiempo en permanente permutación. No hay fuga de la realidad, su vocación es todo lo contrario, crear una realidad otra a partir de una alquimia de las formas y los planos dentro de un espacio múltiple y cambiante. Para entender este aparente galimatías es preciso situarse en el terreno del arte, solo desde sus códigos visuales es comprensible una operatoria a primera vista difusa o ambigua. De la misma manera que el cubismo desfiguró la realidad, la abstracción geométrica la resituó en otra dimensión: fue una revolución de lo que las vanguardias artísticas del siglo XX habían planteado hasta entonces.

La sinestesia entre poesía y pintura es la clave para estudiar el arte geométrico de Pedro de Oraá. Su obra es, en cierta medida, una resultante de los cruces y recruces de influencias del abstraccionismo más variopinto -de Venezuela, Brasil y Estados Unidos-, y sus interrelaciones con el arte europeo. Es decir, un torrente de influencias estéticas que a finales de los 50s e inicios de los 60s se mezcló con el huracán revolucionario que a partir de 1959 azotó a la isla de Cuba, llevando así a una hibridación entre lo social y político con lo puramente artístico. En sus piezas de esta etapa el equilibrio interior sufre una tensión palpable, no en los planos, sino en la composición de la imagen. La explosión de formas parece ser la del caos revolucionario, se confunden. El espacio implosiona-explosiona a un tiempo y nos da la medida del misterio interior que habita en el pintor-poeta. Carlos Mérida es un caso que se me antoja similar o al menos parecido al de Pedro de Oraá. En la búsqueda de un arte libre, de sentido humano y para el disfrute de las mayorías, el guatemalteco expresó que su afán era llegar al hecho lírico, al soplo poético, en que formas y elementos se afirmaban desde y hacia la forma abstracta. Mérida, radicado en México por años, al igual que Pedro fue escritor, y al igual que nuestro artista disfrutó enormemente la irreverencia de sus piezas geométricas.

Pedro de Oraá es, finalmente, un reproductor de espacios, un artista capaz de dotar de una lógica sensible a la superficie en que inscribe sus signos, superficie como sema, un espacio que es movimiento, celeridad en la que interviene creativamente con sus signos. Sus trazos son cuidados, sensuales, pero rápidos y se centran en la antigua tradición que une a la producción simbólica con la poesía escrita. Una lectura o interpretación de su obra concreta pudiese ser la de un racionalismo que va al encuentro de una síntesis entre cierta huella de surrealismo con el abstraccionismo de su tiempo, un tiempo que llega hasta el presente.

(…) No es mi intención afirmar que todas las obras realizadas por Pedro son semejantes en su calidad y factura, eso sería adulación, digo que su arte abstracto-geométrico es de lo mejor realizado en su momento en el arte cubano y que por ello, y por lo revolucionario que significó para la cultura artística cubana, es digno de ser reconocido por la crítica y por la academia. Es por ello que merece general aplauso el jurado que le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas recientemente. La gura de Pedro de Oraá como creador se me presenta una totalidad: artífice de signos (pintura, grabado y diseño) y poeta, ¿Qué más se le puede pedir a un artista de la visualidad? ¿O a un escritor que genera signos de todo tipo? Su genuina modestia le impidió saltar o hacer ridículos gestos para que lo reconocieran. Ahora, ya efectuado el acto de justicia, podría Pedro descansar en la complacencia que otorga el eco de las alabanzas, mas sobre todo en la íntima satisfacción de un trabajo reconocido socialmente.

(…) Tiene pues razón Pedro de Oraá: la abstracción sigue viva. Y seguirá así.

Fragmentos de Pedro de Oraá: Restructurando el espacio de Rafael Acosta de Arriba