Raúl Corrales

Raúl Corral Fornos, cuyo nombre artístico es Raúl Corrales, nació en Ciego de Ávila en 1925 y fallece en Cojímar, La Habana en el 2006. De origen humilde, entre 1957 y 1959 accede a estudiar como Técnico Gráfico en la Escuela de Periodismo “Manuel Márquez Sterling” de La Habana. Desde 1961 fue miembro fundador de la Sección de Fotografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), La Habana , Cuba.

En los años 40 Corrales se desempeña como asistente de Laboratorio y Fotógrafo de Cuba Sono Films, y luego reportero gráfico del Periódico Noticias de Hoy, de Prensa Obrera de Cuba y de América Deportiva. Para los años 50 se integra a Última Hora, Revista Bohemia y Revista Carteles, convirtiéndose a finales de la década en Director Fotográfico de la Publicitaria Siboney.

Con el triunfo del 59 se hace Director del Departamento de Fotografía del INRA y hasta 1961 fotógrafo acompañante de Fidel Castro. Asimismo, colabora con el Periódico Revolución, la Revista Cuba y es Miembro Fundador de la Sección de Fotografía de la UNEAC. Para 1963 es Jefe del Departamento Central de Fotografía. Academia de Ciencias de Cuba y entre 1964 y 1991 Jefe de la sección de microfilms y fotografía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

Innumerables exposiciones personales y colectivas, simposios, participaciones en Bienales y otros eventos lo hacen acreedor de múltiples premios y reconocimientos. Destaca en 1996 el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de Cuba; el Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte, La Habana; la Orden Félix Varela del Consejo de Estado; el Premio de Fotografía Cubana 1982, Salón 23 y M; la Medalla Alejo Carpentier, del Ministerio de Cultura; el Premio Salón de Artes Plásticas UNEAC’82, Museo Nacional de Bellas Artes y el

Premio Salón de Artes Plásticas UNEAC 1979, Centro de Arte Internacional, La Habana, Cuba.

(…) Como aprendió su profesión de manera autodidacta, Corrales ha desarrollado su propio estilo; seleccionó con estilo muy personal en un proceso que transcurrió observando minuciosamente los ensayos fotográficos que aparecían en revistas de la época como Life. Sin duda, sus vivencias le formaron el espíritu en virtud de una particular sensibilidad por los problemas humanos y sociales. Por otra parte, la falta de recursos le obligó a dar prioridad a la memoria visual y le permitió desarrollar un talento muy especial para descubrir y componer sus imágenes. Hoy día asegura que ve imágenes siempre que mira, las organiza en su mente y reconoce en el propio objetivo los principales elementos de atracción. Según él, todo el mundo mira, pero no todos pueden ver.

(…) su propuesta, en virtud de los valores éticos y estéticos que contiene, provoca una sensación de grandeza espiritual ajena a cualquier sentimiento relacionado con las miserias humanas. Aun cuando retrata la pobreza, esta se ve proyectada con un sentido de profunda dignidad; si se vale de la ironía, esta no es irrespetuosa, y en ningún caso hay pesimismo, sino una profunda confianza en el ser humano (…) Su estilo se basa por lo general en las asociaciones de imágenes, en el enfrentamiento de mundos diferentes, en el estímulo conceptual que una inusual o inesperada escena puede provocar. Y muchas veces ese mismo hecho cotidiano, visto por él, se convierte en único, sorprendente, como si le mostrara al espectador aquello que ha estado mirando todos los días y no ha logrado ver.

(…) Los momentos épicos del triunfo revolucionario, aquella etapa de sueños compartidos, de proyectos de futuro que se asumían colectivamente, la extraordinaria fuerza que acompañaba el romanticismo de sus ideales, todo eso fue resumido por la fotografía cubana de aquellos tiempos a impulsos de aquel periódico, pero que muy pronto se extendería fuera de su recinto. De ese momento histórico han quedado imágenes imprescindibles dentro de la historia del arte cubano, más allá del carácter testimonial que estas puedan contener.

Dentro de ese contexto se inserta la obra de Corrales como la de uno de sus grandes maestros. Se ha dicho que la historia de aquellos tiempos no se puede hacer sin las fotografías de Corrales. Asimismo afirmo, con la más absoluta convicción, que la historia del arte cubano no puede escribirse tampoco sin estas. Las ideas cambian, el mundo se transforma, pero hay valores permanentes en una obra de arte que el tiempo, lejos de atenuar, acrecienta. (…)

En su compromiso con el arte y con la sociedad están las raíces de sus contribuciones estéticas, en correspondencia con los presupuestos que caracterizaron a la vanguardia cubana, de la que sin discusión es uno de sus más notables continuadores.

Fragmentos de Raúl Corrales, el maestro por Llilian Llanes