Rita Longa

Nacida en La Habana en 1912, Rita Longa se gradúa en la Escuela de Pintura y Escultura de San Alejandro, La Habana, en 1930. Durante estos años fue alumna de Juan José Sicre. Tres años más tarde, participa en exposiciones en el Círculo de Bellas Artes y para 1934 realiza su primera exposición personal en el Lyceum de La Habana. En años consecutivos obtiene Premio en el Primer Salón Nacional de Pintura y Escultura y la Medalla de Oro en el Décimo noveno Salón del Círculo de Bellas Artes, La Habana. Múltiples exposiciones nacionales e internacionales, junto a premios y reconocimientos caracterizan estos años. De manera especial destaca, en 1940 el Primer Premio en el Congreso Panamericano de Arquitectos.

Durante la siguiente década, a la par de esculturas ambientaciones para jardines y residencias privadas, emplaza en La Habana un conjunto de esculturas públicas entre las que destacan Santa Rita de Casia en la Iglesia homónima; Bonus Pastor en el Seminario del Buen Pastor; Cáncer en la Liga contra el Cáncer (actual Hospital Oncológico); Fuente de los Mártires en el parque de Cárcel y Prado; Grupo familiar en el Jardín Zoológico; Virgen del Camino en el parque homónimo; Ballerina en el cabaret Tropicana e Ilusión y Musas en el cine-teatro Payret. Para 1959 emplaza Forma, Espacio y Luz en el Museo Nacional de Bellas Artes. A la par, se desempeña como Secretaria Ejecutiva del Patronato de Bellas Artes y Escultura del Ministerio de Obras Públicas, y como directora del Taller de Cerámica de Guamá, Matanzas, Cuba.

Para 1973 emplaza Martí, autor intelectual del Moncada y Bosque de los Héroes en Santiago de Cuba y durante esos años recibe múltiples reconocimientos y distinciones como la Medalla Ho Chi Minh, la Medalla XX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, la Orden por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier. Para 1980 preside la Comisión de Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (CODEMA) e integra el Grupo de Asesores de la Organización de Solidaridad con los Países de Asia, África y América Latina (OSPAAAL).

Participa en la Segunda Bienal de La Habana en 1986 y un año más tarde realiza un proyecto en tubos de bronce para el vestíbulo del Complejo Sanatorial y de Descanso de Topes de Collantes, Sancti Spíritus. Obtiene, en 1995, el Premio Nacional de Artes Plásticas que otorga el Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Clepsydra en el hotel Habana Libre, Resurrección en la sede del Banco Financiero Internacional y Mujer sentada, marcan el final de su larga carrera artística. Fallece en La Habana durante el año 2000.

(…) Iniciada en los umbrales de la década del treinta, la audaz trayectoria de la artista reedita la temprana vocación de cambio y actualización que alentó a los creadores cubanos, al tiempo que describe la titánica y veloz trayectoria de nuestra vanguardia escultórica. Cualquiera de las piezas de aquella primera etapa de su producción alcanzaría para demostrar el precoz magisterio de la joven escultora en las denominadas obras de salón y para testimoniar la preferencia por la figura femenina, de cuya innata plasticidad supo Rita sacar el mejor partido a base de discretas ondulaciones, cautos desdoblamientos y asombroso poder de síntesis. De todos los materiales entonces a su alcance (yeso, terracota, mármol), consiguió la artista extraer riquezas texturales que enaltecen la autónoma potencialidad expresiva del volumen, la línea y el claroscuro. (…)

La tenacidad del empeño permitió a Rita Longa socavar de raíz la norma academicista al subvertir desde dentro –aun desde el muy comprometido tema del Sagrado Corazón de Jesús– los modelos escleróticos que por entonces pululaban en las obras pictóricas y escultóricas de comitencia pública, condenándolas a una retórica narrativa y trivial. Así lo atestigua la Santa Rita de Cassia, concebida por la autora en 1943 (por encargo del arquitecto Víctor Morales) para la homónima iglesia de Miramar. (…) Por su parte, la denominada Virgen del Camino (1948), transgresora y sensorial en la paganía de su pedestal y de sus velos, en los excesos de su feminidad voluptuosa, recabó por intermedio de su autora la intervención del Tribunal de Ritos de Roma para que se declarase legítima la devoción popular que despertó su imagen real y para que fuese coronada –por el propio Cardenal– como «madre protectora del viajero peregrino».

(…) Sus ideas fueron, una y otra vez, conceptos transmutados en formas jamás ceñidas a la estrechez de una única tendencia expresiva, pues Rita supo alternar, con rotundo desenfado, un quehacer deudor (pero nunca servil) de la tradición figurativa con una praxis de resoluta filiación abstracta, esta última sobre todo allí donde advirtió más urgida a nuestra escultura del enriquecedor aliento de la metáfora abstraccionista.

Fragmentos de Las manos de Rita de María de los Ángeles Pereira