Roberto Salas Merino

Noviembre, 1940

Fotógrafo autodidacta.

Comenzó su labor a los 15 años de edad en el estudio de su padre, el fotógrafo Osvaldo Salas, en Nueva York.

Cuando tenía solo 16 años publicaron, en 1957, en la revista Life y en otros periódicos de la ciudad, su fotografía La Bandera y la Señora, la que considera de más importancia en sus comienzos. Ha trabajado para numerosas publicaciones, periódicos y revistas cubanas. De 1956 a 1957 fue fotógrafo colaborador en El Imparcial/Life, Nueva York. De 1956 a 1959 se desempeñó como colaborador del periódico Sierra Maestra, órgano del Movimiento 26 de Julio (publicado en el exilio en Nueva York).

A partir de 1958 fue fotógrafo colaborador de la revista Bohemia, La Habana. Fue, además, fotógrafo del periódico Revolución, del que fuera corresponsal en Nueva York, en 1960, y fundador de la corresponsalía de Prensa Latina y corresponsal fotográfico del periódico Revolución en las Naciones Unidas. Es fotógrafo de la segunda visita de Fidel a Nueva York en ocasión de su primera intervención en la ONU. De 1962 a 1967 trabajó como reportero gráfico fundador en la revista Cuba, La Habana. En 1965 funda el periódico Granma.

Viaja a Venezuela con el comandante Fidel Castro en enero de 1969, después a Washington, Nueva York, Trinidad, Brasil, Argentina, Uruguay.

En 1963 realizó su primera exposición personal titulada Tumba, Bembé y Batá en la Galería de La Habana, Cuba. Su obra ha participado en exposiciones personales y colectivas que, sobre la fotografía cubana, han sido presentadas en territorio nacional y extranjero, y forma parte de importantes Colecciones.

Ha obtenido por su obra premios y menciones de fotografía internacionales y nacionales, entre los que se destacan el Primer Premio de Fotografía Deportiva, Reus, España (1970); Premio Asahi Shimbun International Photographic Salon, Tokio, Japón.

Ha publicado tres libros y tiene dos volúmenes en preparación. Fue corresponsal de guerra en Vietnam (1966-1967), 1972, 1973. Por sus trabajos durante y después de la guerra recibió la orden Medalla de la Amistad, otorgada por el Consejo de Ministros de Vietnam.

Desde 1972 trabaja como artista independiente en su propio estudio. Ha abordado diversas temáticas, entre ellas se ha dedicado también –desde 1994 hasta nuestros días– a la fotografía de desnudo y a la fotografía experimental.

Comenzar una carrera como fotorreportero o hacedor de imágenes sobre la realidad tomando una fotografía que se convertiría con el tiempo en paradigma de las imágenes de la historia de un país (desde luego, sin tener conciencia de que ello fuera a ocurrir), es, visto a la distancia del tiempo, como un inicio más que prometedor para cualquiera que se desarrolle en estos menesteres. Me refiero a la foto “La señora y la bandera” , realizada por Roberto Salas en 1957, cuando apenas contaba con dieciséis años de edad y era un mero aprendiz.

(…) En 1963 Roberto Salas realizó su primera exposición personal en Galería Habana, Tumba-Bembé-Batá, con impactantes imágenes de la religión yoruba y del folclor cultural de raíz afrocubana, una verdadera osadía en un momento en que eran censurados credos religiosos de todo tipo (ya desde dos años antes se había prohibido la salida del Cabildo de Regla, también fotografiado por Salas, aunque exhibido décadas más tarde). La exposición recibió elogiosas críticas por importantes intelectuales y artistas como Roberto Fernández Retamar, Sandú Darié, Argeliers León (quien escribió para el catálogo) y Mariano Rodríguez. En esta muestra se puso en evidencia por primera vez la mirada etnológica de Salas, su curiosidad por penetrar desde su interior estos estratos de la cultura y la sociedad; también se puso de manifiesto una comprensión temprana del mecanismo que anima un buen ensayo fotográfico. Cuando finalmente se pudo visionar en 2008 el ensayo fotográfico sobre la última salida del Cabildo de Regla, y un año antes, en 2007, la serie Así son los cubanos, esa mirada, observada a destiempo, confirmó la hondura de su ojo sociológico.

(…) La saga de imágenes captada por Salas en Viet Nam representa la madurez y la consagración de un fotógrafo enorme, de un ojo que había llegado a la perfección de su entrenamiento. La foto de unos niños vietnamitas sonrientes, sentados sobre una loma de casquillos de obuses y balas, es la imagen misma de la inocencia y su relación con el furor del conflicto bélico, de una guerra destructora y salvaje como ninguna otra para un pequeño país como Viet Nam. En la historia de la humanidad no hubo nunca un enfrentamiento tan desigual entre dos naciones muy diferentes por su tamaño y poderío militar. Sin embargo, los rostros sonrientes de esos niños conjuran por un instante la tragedia, la neutralizan, la vencen y eso solo es posible gracias al talento y a la pericia de la mirada de Roberto Salas. En 1967 estas imágenes se expusieron por primera vez en Santiago de Cuba y fue un verdadero acontecimiento cultural. Hoy, vistas en un contexto diferente, la reacción no es otra que la de dejarse seducir por la destreza del artista y la de recordar que esa guerra genocida no fue historia de ficción, la cámara del artista la registró para que no la olvidemos. Una alta condecoración estatal vietnamita coronó el premio al esfuerzo de Salas por capturar las escenas de la guerra y el inmenso sacrificio de este pueblo.

(…) Cuando se repasa la obra en general de Roberto Salas no puede uno dejar de reconocer su enorme valor patrimonial y el legado que constituye para la iconografía de la historia visual de Cuba en las últimas seis décadas. Se trata de una obra que ha recorrido al país y su historia, a sus hombres y mujeres, desde varias facetas de la visualidad, una visualidad moderna, vale decir. Una obra que, por demás, se une y funde con la personalidad artística internacional de su autor. El presente libro, por una elemental cuestión de extensión permisible, solo puede mostrar un fragmento de esa iconografía, y no hay más remedio que preferenciar algunas etapas creativas sobre otras, las más notables e importantes son las que más imágenes presentan en las páginas que siguen. Digamos que es solo una exhibición parcial de su voluminoso trabajo, de sus mutaciones temáticas y estilísticas, de su inagotable curiosidad artística.

Roberto Salas es uno de nuestros más relevantes fotógrafos, él está situado por derecho propio en el grupo de artistas más notables del siglo XX y lo que va del presente. Su trabajo infatigable ha aportado mucho a la fotografía cubana, desde una mirada plural e incisiva en la que tanto la imagen de valor historiográfico como la de valor sociológico o etnológico o la de valores artísticos per se, configuran un imaginario que será seguramente estudiado en los años futuros. Ya hay tesis de pre-grado en las universidades cubanas que se acercan a su obra y seguramente la crítica y la academia lo harán con mayor asiduidad en el futuro.

Salas pertenece a un selecto grupo de fotógrafos (más allá de aquel grupo extraordinario de la épica) que ha contribuido a que la fotografía cubana sea considerada como arte y cuya impronta cultural está aún por estudiar a fondo. He seguido con atención el desenvolvimiento de su obra por años y escrito varios textos sobre esta, y creo que las afirmaciones aquí expresadas están correspondidas por su destacado desempeño. Su mirada infinita, abarcadora, inteligente y dueña de una exquisita sensibilidad instruida, ha examinado su entorno con curiosidad y avidez, y el resultado de esa mirada es lo que se exhibe en el presente libro.

Fragmentos de Roberto Salas, la mirada infinita de Rafael Acosta de Arriba