El Circuito

Presentamos una suerte de cartografía conceptual del microcosmos de las artes visuales en Cuba a través de reseñas, artículos o entrevistas. Nos adentramos en el complejo entramado de relaciones que se suscitan entre los diversos capitales financieros y simbólicos involucrados hoy día en la escena artística nacional: protagonistas y gurús, acontecimientos significativos y espacios de visibilidad, resultan un tejido dinámico y controversial propiciatorio para nuestras exploraciones.

Coordinado por Rubén del Valle


El lado tibio de la almohada… Coleccionismo de arte cubano contemporáneo*

Isabel María Pérez y Rubén del Valle Lantarón

Afirmaba Marcel Duchamp que “el coleccionista es un artista al cuadrado”. Quizás porque para el arte moderno y contemporáneo esta figura ha devenido pilar de reconocimiento y legitimación. Ya sea institucional o privado, el coleccionismo de arte articula el espacio económico y el cultural, trasvasando y compartiendo responsabilidades que se entronizan tanto en la conservación y el enriquecimiento patrimonial como en la jerarquización de valores estéticos, la gestión promocional, la instauración de tendencias, prácticas, creadores…

El coleccionismo privado ejerce una influencia determinante en el circuito del arte. Su función primordial comporta una dualidad taxativa: por un lado, ha de salvaguardar obras “magistrales” inscritas en la historia del arte, mientras por el otro ha de testimoniar la creación en curso, incluso profetizar el futuro mediato. Todo ello anclado a una comisión de servicio público, de educación y satisfacción de intereses culturales generales. Tanto la colección privada de tipo personal, encerrada en la casa y/o en los depósitos del coleccionista, reservada a su disfrute y como ambiente cotidiano que se muestra a otros discrecionalmente; como la colección abierta y accesible al público (centro cultural, casa-museo o institución), pasando por la infinita gama de combinaciones y variables intermedias, cada colección de arte es un mundo en sí misma, definida por las ecuaciones específicas que le imprimen sus propietarios.

En esta concurrencia de voluntades, durante las últimas décadas se identifica una diferencia esencial, que, aunque tampoco se comporta como una fórmula químicamente pura, introduce una diferenciación relevante. Se trata de las divergencias de perspectivas entre los antiguos coleccionistas “puros”, por lo general más identificados con la acción colectora como pasión, prestigio y jerarquía, y los más recientes coleccionistas como generadores de apuestas seguras de diversificación de carteras de inversiones. En todos los casos el “poder de comprar” resulta el común denominador y el coleccionista de arte contemporáneo deviene en un individuo apreciado y apetecido, estimado por casi todos los agentes del circuito, sujeto de un sistema darwiniano por excelencia que adquiere “opciones de futuro sobre la importancia cultural de una obra”.

Llama la atención, revisando bibliografía al respecto, la escases de indagaciones sobre las colecciones públicas –tanto nacionales como foráneas– a contrapelo del aluvión que se indexa cuando se trata del coleccionismo privado. Cientos de entradas sobre las particularidades y posibilidades de esta modalidad adquisitiva, cada vez más en boga, que mueve millones y millones y se ufana en los más selectos clubs de entendidos que recorren importantes eventos artísticos mundiales. Una mirada perspicaz a este fenómeno la ofrece Natividad Pulido con la frase que titula su entrevista a Manuel Borja-Villel, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: “Hoy los museos no solo coleccionan obras, también coleccionistas”. En la entrevista se abordan muchos de los conflictos que impactan en la actualidad sobre los museos, el coleccionismo, las programaciones, las franquicias, el mecenazgo, el mercado. Al referirse a la tiranía del capital en el manejo de las colecciones afirma: “Cuando la razón prioritaria es la económica, acaba disminuyendo la razón creativa.”

De esta manera, el coleccionismo es una forma de poder indirecto, distintivo, acoplado en un tejido de relaciones e interdependencias cada vez menos preciso y ensanchado. Los agentes tradicionales –críticos y curadores– parecen ceder preminencia ante la hegemonía del coleccionista, quien cada vez más “moldea” el transcurso cultural de su entorno y de su época. Satanizado o santificado, este reacomodo de influjos en el circuito cubano se hace especialmente visible en ciertas alianzas y maridajes que paulatinamente han ido instaurándose en el perímetro de la producción simbólica insular. Gestor-coleccionista; crítico-consultante; artista-curador-asesor; y así un sinnúmero de aleaciones que en última instancia replican el status quo del universo globalizado que nos circunda y determina. Todo ello con la consiguiente derivación de los recursos humanos especializados del sector público hacia el privado.

Durante la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas a uno de nuestros más connotados artistas, recordamos que, una vez concluida la alocución del homenajeado y ya sentado entre el público asistente, reclama una vez más la palabra: había olvidado agradecer el apoyo de su coleccionista. Fue revelador; mostraba el reconocimiento sincero a una figura determinante en el arte cubano de las postrimerías del siglo XX, que desplazó el influjo iniciático que acapararon galeristas y dealers en los años noventa para introducir tintes específicos en el engranaje de las adquisiciones, el acompañamiento y subvención de trayectorias, proyectos y exhibiciones.

Para esta primera aproximación al coleccionismo privado foráneo, hemos escogido tres modelos de gestión diferentes entre sí: un coleccionista-filántropo, europeo, dueño de una Fundación con base en París; un coleccionista-inversor, norteamericano, con experiencias exitosas en reunir, establecer y vender colecciones de arte moderno y contemporáneo; y un coleccionista-aficionado, también europeo, cuyo desempeño profesional en el ámbito de las finanzas le vehiculiza adquirir una colección propia y otra para el banco que representa. En todos ellos, sin embargo, se verifica la misma vocación expresa y activa por exhibir los acervos atesorados, en un intento de socialización de aquellas obras y/o artistas que han considerado relevantes, según sus perspectivas individuales.

Gilbert Brownstone (en lo adelante GB) ha mantenido una larga trayectoria de trabajo en el ámbito de la cultura occidental, alternando su gestión como curador y experto con adquisiciones de obras de interés personal, sin que ello haga que se considere a sí mismo como un coleccionista en el rigor del término. Entre otros desempeños, trabajó en el Museo de Arte Moderno de París, fue director-curador del Museo Picasso de Francia, curador del Museo de Israel en Jerusalén, hasta que en 1985 crea y dirige la Brownwtone & Cie Galleries. Para 1999 sus intereses se encauzan hacia la Fundación Brownstone, que concentra sus misiones en promover la justicia social a través de la cultura, desarrollando proyectos de naturaleza diversa en varios países. Remonta su inaugural adquisición de arte cubano a julio del 2001, durante su primera visita a La Habana, cuando se interesa en un dibujo de Iván Capote en Galería La Casona. Conoció a Luis Miret, quien se convierte en uno de sus grandes amigos, y le abre las puertas de los estudios de artistas. Organiza y coordina, a partir de ese momento, un sistema de becas, colaboraciones y contribuciones que desbordan el ámbito de las artes visuales. Para 2011 dona al pueblo de Cuba su colección de obra gráfica de Picasso, junto a otro conjunto de notables creadores de las vanguardias de la modernidad, que se exhiben en el Museo Nacional de Bellas Artes e itineran luego por todas las provincias y lugares de interés en todo el país.

Gilbert Broswnstone frente a una obra de Pablo Picasso donada por su Fundación

Howard y Patrick Farber (HyPF), son un matrimonio que durante los últimos cuarenta años han reunido y vendido varias colecciones de arte, estableciendo récords mundiales en ventas de arte modernista estadounidense y arte contemporáneo chino. A partir de los inicios de los años 70, sin formación previa en el ámbito del arte, se interesan en las vanguardias norteamericanas de inicios de siglo, un ámbito poco justipreciado para la época, conjunto que le reporta una pequeña fortuna en los inicios de los años 90. Para ese entonces, en una visita privada a Hong Kong descubren el arte chino, un terreno bastante ignoto para el mercado de arte del momento, y encauzan sus energías hacia el terreno asiático. En 2002, durante un viaje organizado por el Museo Metropolitano de Nueva York, conocen La Habana y aunque en esa oportunidad nada adquieren, su casual relación con Abelardo Mena, curador del Museo Nacional de Bellas Artes, los interesan en el arte de la Isla y muy pronto adquieren un dibujo de un artista nacional. A partir de ahí, el arte cubano ha devenido eje de su principal atención, creando la www.thefarbercollection.com para socializar sus acervos y el portal Cuban Art New como foro global para noticias y contenidos destinados a promover el arte y la cultura cubanas.

Howard Farber

Luciano Méndez (LM) es un empresario español que se radicó en Cuba desde principios del 2000, como director del Banco Sabadell, insertándose de inmediato en el mundo cultural isleño. Atraído por la diversidad de la plástica cubana comienza a adquirir obras de artistas contemporáneos, apoyando acciones puntuales como exposiciones o iniciativas editoriales. El auspicio de la exposición colectiva Isla interior, en el año 2006, curada por los especialistas David Mateo y Vivian Companioni, constituyó su primera gran acción de trascendencia pública en el ámbito de las artes visuales. El Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución ha exhibido también en tres ocasiones parte de sus acervos.

Luciano Méndez en la inauguración de la exposición ¨Entre lienzos y esculturas¨ (Alfredo Sosabravo, Manuel Mendive, Pedro Pablo Oliva y Roberto Fabelo). Memorial José. Enero de 2018

Gilbert Browsntone asegura que colecciona arte cubano porque “vive en Cuba” y esta es una de las maneras en que concretiza sus “participaciones en la cultura cubana, lo que me ha permitido, con el transcurso de los años, llegar a tener muchos amigos artistas”. Gran admirador de José Martí, en más de una ocasión ha partido de su ideario para explicitar su relación con la que considera su patria de adopción, en su empeño por “modestamente abrir mayores espacios de conocimiento, cultura y libertad”. Haciendo un poco de historia, comenta: “Creé mi Fundación con el propósito de promover la justicia social a través de la cultura. Visité y trabajé primero en países de América Central (Guatemala, El Salvador, Nicaragua), donde resultó imposible mantener una labor sistemática, porque estos gobiernos han hecho muy poco en el pasado por la educación de su gente y por la cultura en el sentido pleno del término. Para mi sorpresa durante nuestra primera visita a Cuba, en julio de 2001, vi todo lo que hizo el gobierno revolucionario para la educación y el desarrollo cultural de su pueblo. Muy rápidamente fuimos muy bien recibidos por el Ministerio de Cultura, que nos abrió las puertas y nos animó a participar en este desarrollo cultural.”

Cuando GB se refiere a su modus operandis en la adquisición de arte, asegura que “nunca he tenido el deseo de poseer o retener de manera permanente muchas obras de arte, sino que convivo con ellas como formas de belleza elevadas por el pensamiento. El arte cubano, como el que adquirí en mis tiempos de estudiante de Historia de Arte en París, forma parte de mi aprendizaje del hombre y del mundo, por lo que no tengo predilección por épocas, ni por géneros ni por estéticas en particular, es el trabajo el que me habla o no me habla… no tengo asesores que me digan lo que tengo que comprar, aunque por supuesto, escucho consejos … pero obviamente compro lo que me gusta… también obras que a primera vista no me complacían, sino que me desafiaban…”

Por su parte, Howard Farber ha asegurado que “aquel dibujo iniciático despertó una oleada de mi interés que ha ido en aumento a lo largo de todo el lustro”; y confiesa que “Abelardo Mena ha sido mi curador, maestro, amigo, confidente y siquiatra por cerca de 10 años. Debo recalcar que, más allá de cualquier otro elemento, él es el responsable de mi interés por el arte cubano.” Su punto de partida son los años 80 –momento en el que se gestan las plataformas de la entrada del arte cubano contemporáneo al mercado internacional– buscando proyectar una mirada “apolítica” que incluya tanto lo gestado en la isla como en la diáspora en una mirada que se pretende “dinámica, descentralizada y flexible”; asegurando que “en Cuba todo arte emerge de una experiencia sociopolítica y geográfica única, muy diferente de otros medios artísticos.”

Pragmáticos, HyPF recomiendan “siempre adquirir la mejor obra por la cantidad de dinero de que se dispone”, indicando que “personalmente, me gusta comenzar con ¨los pies secos¨ y por el dibujo. Un gran dibujo es siempre una gran obra. Los coleccionistas que comienzan hacen lo que denomino el error de la velocidad. Si comienzas lentamente, nunca harás un irreparable error de presupuestos. Cuando te sientas cómodo, y con la ayuda imprescindible de un curador o galería, entonces puedes ¨dejarte llevar¨ por más.” Al referirse a su manera de elegir entre la vastedad de propuestas que supone el panorama nacional afirma: “Lo que hago es rodearme de tantos expertos como pueda encontrar… La procedencia (…) también es clave. Procedentes de una colección importante, que aparecen en exposiciones de museos, que se reproducen en libros y revistas… En una elección entre dos obras de igual calidad, siempre optaré por la que tenga la mejor procedencia. Leo mucho, voy a subastas y pregunto mucho más… Pero también sé escuchar las reacciones de mi instinto. Por ejemplo, cuando me enseñaron arte cubano contemporáneo, comprendí que era probablemente el secreto mejor guardado del mercado de arte internacional”.

Luciano Méndez, por su parte, asegura que su pasión por la adquisición de obras de artistas cubanos “surgió de forma espontánea cuando comencé a adquirir algunas obras para mi casa o la oficina del Banco Sabadell. Luego de mis primeras aproximaciones, decidí incorporar solamente piezas de artistas nacionales contemporáneos, y preferentemente que vivan y trabajen en Cuba. El criterio fundamental es ¨solo que me gusten¨ por lo que dispongo tanto de paisajes, como de retratos y otras temáticas muy diversas, me interesa tanto lo abstracto como lo figurativo y lo conceptual. Tampoco poseo preferencias especiales por los soportes y adquiero igual papeles que telas, fotografías o esculturas. Estoy abierto a todas las sugerencias e informaciones que recibo, pero finalmente las decisiones son solamente mías.”

Una mirada oblicua a cualquiera de estos conjuntos los definiría como espacios transaccionales entre la realidad y lo creado, entre las experiencias personales, los ámbitos y marcos de referencia que cada coleccionista acarrea consigo y su relación con el entorno y las circunstancias cubanas. Estos tres colectores han buscado consultantes y referentes disímiles y han propiciado y cultivado relaciones distintivas con uno u otro sector de la sociedad, la política y el arte, cuyo signo homogenizador han sido los artistas. Los hilos de Ariadna relativos a sus personales búsquedas de comprensión y conocimiento de la cartografía nacional han revelado substancias concomitantes, paralelas, yuxtapuestas, como fragmentos de reverberaciones de una experiencia única e incompleta. Las praxis individuales que se han concretado a partir de estos acervos y sus modelos de gestión han contribuido, sin dudas, a diversificar las posibilidades de posicionamiento del arte cubano.

“Me interesa más compartir que adquirir”, afirma Brownstone y luego prosigue: “He decidido compartir con el pueblo cubano parte del conocimiento que adquirí en mi vida, a la vez que quisiera contribuir a la preminencia del arte y la cultura que ha generado la Revolución. Hoy en día no se si soy socialista. En mi juventud fui fundamentalmente anarquista, y quizás hoy, siempre inconforme, soy, sí, humanista. He vivido y viajado lo suficiente como para no formular conceptos tremendos… Pero puedo decir, sin temor a equivocarme, que el pueblo cubano es uno de los más preparados en el mundo para apreciar cualquier forma de arte. Por ello, la Fundación Brownstone le donó a este pueblo su colección de obras gráficas de los mejores artistas del siglo XIX y XX. Bajo la responsabilidad del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP), esta colección se ha mostrado en prácticamente todas las provincias del país, incluso varias veces. Esto le dio al pueblo cubano la oportunidad de vincularse con obras de arte que nunca hubieran visto de otra manera, y a mi, en lo personal, de conectarme con iniciativas y formas de conocimiento inéditas y edificantes. Lamentablemente, durante los últimos tres años, esta colección no ha viajado más y permanece en los almacenes del Museo Nacional, por lo que todos los esfuerzos que este gobierno hizo en ese sentido, y que compartí con sincero entusiasmo, de alguna manera, en parte se detienen.”

“Una de las misiones del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP) es adquirir y salvaguardar obras de artistas cubanos, con vistas a su trabajo presente, pero también a un sueño futuro de Museo de arte contemporáneo. Sin embargo, los recursos financieros del CNAP y otras instituciones culturales son muy limitados. Así que pensé que, paralelamente a la colección de arte cubano que la Fundación Brownstone estaba haciendo, podría colaborar también con los esfuerzos del CNAP. También con la idea de que eventualmente la colección de la Fundación sería objeto de una nueva donación, como la que habíamos hecho con el arte gráfico. Recolectar para un privado o para el estado desde mi perspectiva son la misma cosa: una cuestión esencial de rigor y exigencia. El mejor ejemplo de esto es que participé con el CNAP en la adquisición de una obra y me safisfizo cooperar para que Ave María de Meira y Toirac regresara a Cuba; y como parte de su patrimonio nacional tuviera nuevas presentaciones. Desafortunadamente, la historia de los almacenes estatales, y esto no solo concierne a Cuba, está llena de trabajos y obras extraordinarias que no necesariamente se presentarán al público. De cualquier manera, mi compromiso excede las coyunturas, y acabo de organizar una muestra de arte cubano en Martinica con obras de la colección de la Fundación, que seguiré incrementando sistemáticamente”.

“Confío en los esfuerzos mancomunados y en la gestión conjunta. Creo que una gran experiencia en ese sentido fue la exposición Ajaccio a la hora de Cuba, en el Palacio Fesch-Museo de Bellas Artes de Córcega donde el arte cubano coexistió con obras maestras de la historia universal que integran la colección de ese Museo. Para ello colaboraron el Museo Nacional de Bellas Artes, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, la Fototeca de Cuba y la Fundación Brownstone. Sin embargo, el arte cubano no es muy visible en el exterior. Incluso muchos de los mejores artistas como Mendive, Diago, Toirac, Fabelo, etc., no están representados por grandes galerías internacionales. He tenido noticias de que algunas galerías que estaban interesadas en trabajar con artistas cubanos se han rendido o aún dudan, ante la omnipresencia de Continua…”

En ocasiones críptico, implacable, GB comenta también sobre su intención de contribuir a generar un espacio para la exhibición permanente de la obra gráfica de André Masson en La Habana, tras la exposición que organizara en el Centro Wifredo Lam combinando el trabajo del maestro del surrealismo con el del más grande de nuestros pintores del siglo XX, cuyo nombre ostenta la institución que también organiza la Bienal de La Habana. Sin preámbulos ni mayores explicaciones, concluye el parisino: “En lo relativo al coleccionismo de arte cubano contemporáneo, si hay una real voluntad… el dinero vendrá.

“Me gustaría considerarme a mí mismo como un Indiana Jones del arte. Pero no soy tan atractivo…” afirmaba recientemente Howard Farber. “Cuando las personas me preguntan cuántas obras poseo, regularmente respondo ¿Acaso eso importa? Cuando vendí las obras del Modernismo norteamericano, eran ocho piezas. Pero verdaderas gemas. Todas fueron adquiridas por museos. He visitado casas donde el arte apenas deja espacio entre piso y techo pero buscas una obra maestra… y no hay. El arte es siempre acerca de la calidad, de su valor cultural, y no sobre la cantidad… Me gusta la historia de una pieza, su procedencia, prefiero tener un rango de piezas del mismo artista… Pero cada coleccionista tiene su estilo, su propio ¨libro¨.”

“Resulta un honor y un deber compartir y educar a otros en lo que yo aprecio. La colección Farber ha viajado por Estados Unidos y Canadá y ha retornado a mí. Trabajo ahora en una nueva exposición que incluya la colección completa. Me encantaría presentarla en La Habana, y después en Nueva York…”

Cuban Avant-Garde: Contemporary Cuban Art from The Farber Collection fue el primer gran paso. Funcionó como exposición itinerante y también como libro, representando, para algunos, un nuevo modelo de preservación y estímulo para el arte contemporáneo cubano. Paralelamente crea el sitio The Farber Collection (www.thefarbercollection.com) para dar seguimiento a la colección como un organismo dinámico y en crecimiento y el Cuban Art News (www.cubanartnews.org), de la cual es editor. Todo ello dio paso a la creación de una Fundación con el mismo nombre, que busca amplificar los radios de acción del mero coleccionismo. Al respecto, HyPF certifican que “Ha sido muy reconfortante crear y trabajar en la Fundación. Recibimos 90 proyectos de entidades no lucrativas norteamericanas. Seis fueron seleccionadas para su financiamiento. Apoyamos el viaje de bailarines del New York City Ballet al Festival Internacional de Ballet de La Habana. Financiamos el viaje y desplazamientos de Arturo O´Farrill por Cuba, junto a la Chico O´Farrilll Jazz Orchestra. También apoyamos un simposio sobre arte cubano, la residencia de un artista cubano en un colegio de arte del Noroeste, un filme sobre Arquitectura cubana y la presentación de una compañía folklórica en la Academia de Música de Brooklyn, en Nueva York.”

“Parte de lo que nos motiva a Pat y a mí como coleccionistas es hacer que este trabajo sea más conocido entre un público más amplio. Uno de mis primeros mentores me enseñó algo vital: en realidad, nunca eres dueño de una obra de arte. Pasa a través de ti. Usted es un custodio. Ámalo, vive con él, cuídalo, compártelo con los demás y luego déjalo ir… Creo que las instituciones cubanas tienen un enorme recurso natural en su arte. De todos los géneros: pintura, fotografía, música, literatura. Pero es un tesoro oculto… A medida que Cuba cambie, el cambio de política y el aumento de la conciencia internacional permitirán que su mercado de arte aumente. Por ahora, sin embargo, todavía es posible que un coleccionista ingrese a este mercado en la planta baja.”

“No importa lo que hayamos recopilado a lo largo de los años, nunca se ha tratado de piezas aleatorias que nos gustan. Siempre comenzamos con un punto de vista y un punto de inflexión en la historia… Ser un coleccionista es un poco como un adicto que necesita su dosis. Tú te regodeas en el placer de la persecución y la excitación de la adquisición. Eso te hace vibrar.”

Luciano Méndez, por su parte, focaliza su ejecutoria de socialización en Cuba, y desde 2013 ha organizado varias exposiciones que muestran parcialmente piezas de sus acervos. Afirma al respecto, que estos esfuerzos “carecen de perspectiva empresarial, ya que soy coleccionista personal. Dado que todavía estoy ¨armando¨ la colección, la única consideración que me guía es que las obras seleccionadas sean de calidad y representativas, de manera que me permita realizar exposiciones ¨dignas¨ para que la población y visitantes puedan disfrutarlas.”

“Considero que el patrimonio cultural de un país es el resultado de sumar las obras de arte custodiadas en los Museos estatales y las obras en colecciones privadas que –por decisión del coleccionista/propietario– sean exhibidas al público. No aprecio ninguna limitante significativa para que esta conjunción resulte exitosa”.

Ya sea como pasión irreprimible, como herramienta de inversión o excepción fiscal, o como símbolo de prestigio y estatus social, lo cierto es que todos estos motivos pueden ser válidos para difundir el arte. Ningún estado es autosuficiente en sí mismo para prolongar su radio de acción a la creación en su totalidad, ni tampoco posee el herramental técnico, el capital humano y financiero, el espacio y las condiciones para atesorar todo lo valioso que se produce en materia de artes visuales. Se impone, en primer término, una política pública sostenible y sustentable, que vehiculice y module el impostergable y necesario fomento del coleccionismo público y privado de arte cubano contemporáneo. También que armonice las relaciones entre los distintos agentes que se eslabonan en el amplio espectro del circuito del arte nacional, donde son válidas e imprescindibles las alianzas y las colaboraciones, especialmente entre quienes poseen, como resulta en los casos citados, vocación y acción comprometidas con la socialización y la visibilidad.

En tiempos de incertidumbres, el arte es refugio y memoria. Una colega, a quien publicamos hace varios años un texto sobre coleccionismo, alertaba que se precisan bolsillos profundos, grandes naves de altos puntales, y mala memoria para no abrumarse con el caudal que, irremediablemente, ya está en otras manos… Ojalá fuera tan simple.

* Estos apuntes forman parte de una investigación sobre el coleccionismo de arte en Cuba. Se han utilizado, para su realización, entrevistas hechas por sus autores a protagonistas de la gestión colectora, junto a un conjunto de textos que aportó Abelardo Mena acerca de la Colección Farber.

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