Palabras de presentación del libro “Revelaciones” sobre el dibujante, ceramista y pintor Luis Martínez Pedro / Memorial José Martí, 6 de julio, 2018

Roberto Cobas Amate

Hoy es un día luminoso para la Cultura Cubana. Gracias a una colaboración fraternal entre el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y la Fundación Arte Cubano, cristaliza el proyecto de este admirable libro dedicado a Luis Martínez Pedro, baluarte del mejor arte realizado en nuestra Isla en el siglo XX.

1. Composición, ca. 1942

Antes de adentrarme en la publicación como tal, deseo expresar mi profundo reconocimiento al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por su abnegada labor en la identificación, el rescate, la restauración y la investigación de lo más valioso del acervo artístico cubano. Y también reconocer con entusiasmo el trabajo serio, inteligente y riguroso que caracteriza todas las publicaciones de la Fundación Arte Cubano, testimonio de lo cual es el libro que hoy estamos presentando.

Revelaciones, título del volumen de la autoría de la historiadora del arte Odalys Borges quien, a lo largo de los años, ha tenido entre sus numerosas tareas la investigación, conservación y exhibición del valioso patrimonio artístico que atesora los fondos del Consejo de Estado. Es gracias a su sagacidad, perseverancia y conocimiento que hoy tenemos un libro con una visión integral del artista como nunca había sido abordado con anterioridad. Odalys Borges, al igual que los buenos investigadores que la han precedido y otros que la sucederán, ha tenido como esencia de su trabajo el rescate de la MEMORIA de este valioso creador a través del estudio de su numerosa papelería y cuantiosas obras de arte. Y subrayo este hecho porque sin la memoria es imposible escribir la historia. La memoria es como el fuego, radiante e inmutable, y constituye la base esencial sobre la cual se construye la historia.

2. Paisaje Playa de Jibacoa. De la serie Playa de Jibacoa, 1947

Como su título refiere Revelaciones es un libro de descubrimientos, de nuevos hallazgos, de iluminaciones, para desentrañar la trayectoria de un artista que desde los años treinta realizó aportes sustanciales a la cultural de nuestro país. Y quizás en este punto debemos preguntarnos ¿qué es lo que sabíamos de Martínez Pedro antes de este momento? Realmente poco y a saltos. Y no es que críticos talentosos de diversas promociones no se hayan acercado a su obra, sino que nunca se había realizado un estudio que abarcara la totalidad de su producción. El primer hito relevante conocido de Martínez Pedro es su participación como el único dibujante en la connotada exposición Modern Cuban Painters en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1944; después vino su

incursión en la pintura concreta de los años cincuenta, que se ramifica con la de otros creadores en un esfuerzo grupal; finalmente, tenemos como lo más reconocido de su obra las series Aguas territoriales y Flora cubana. Uniendo todos estos elementos aún tenemos una visión incompleta, con lagunas y olvidos, de un artista cabal, un auténtico visionario, que trabajó sin descanso a favor de nuestra plástica por más de medio siglo.

En tal sentido Odalys Borges nos brinda de manera admirable una historia pormenorizada de Luis Martínez Pedro desde sus primeros pasos en el arte. Se ha acercado con intuición detectivesca a los momentos iniciales que definieron una vocación que cobrará hechura años después. Su período formativo está descrito con notable precisión. Uno de los aspectos meritorios en su ensayo es la interrelación entre los artistas de los años treinta y cuarenta y la obra dibujística que por aquel entonces desarrollaba Martínez Pedro. Así se aprecia los vínculos con el quehacer, tanto en el dibujo como en el diseño, con la obra de Jaime Valls y Marcelo Pogolotti, entre otros.

3. Sin título. De la serie Aguas territoriales, 1965.

En el caso del proceder investigativo que ha adoptado Odalys Borges se aprecia las huellas de su trabajo como curadora de arte cubano durante seis años en el Museo Nacional de Bellas Artes. Esa labor creó un cimiento que es posible observar en la presente investigación. La indagación directa en la obra única como método de construir un discurso es de uso frecuente en los curadores de colecciones. A través de esta práctica seguimos la trayectoria del artista de obra en obra para darnos no solo una construcción visual de su proceso creativo, sino para desplazarse, con destreza y oficio, de lo particular e íntimo –ya sea un apresurado apunte o un ágil boceto- a lo general, que son las caracterizaciones epocales que enriquecen el análisis de su producción artística visto con una visión ecuménica.

4. Sin título. De la serie Signos del mar, 1965.

También de sus años en Bellas Artes ha quedado el rigor en lo referente al dato preciso de la obra, en este caso a la datación, aspecto esencial en cualquier investigación de un artista plástico, sobre todo, tratándose de un creador de obra tan prolífica como Martínez Pedro. Nadie más capaz que Odalys Borges para llevarlo a cabo. En todo el proceso investigativo de este libro ha prevalecido su rigor y honestidad profesional.

Y llegan los años cincuenta y el libro sitúa en su justo lugar a Martínez Pedro en el contexto de la pintura concreta que por aquel entonces trabajaban un grupo de jóvenes artistas. Hoy en día se habla con frecuencia y admiración de los aportes conceptuales y técnicos al arte geométrico de Sandu Darie y Loló Soldevilla, pero sin dudas Luis Martínez Pedro ocupó el lugar cimero al referirnos estrictamente a la pintura. La obra abstracta de Martínez Pedro es un ejercicio virtuoso de contemporaneidad que llega hasta nuestros días. Tal como afirmara con admiración el prestigioso crítico de arte argentino Jorge Romero Brest sobre el artista en época tan temprana como 1951 es, y cito, “la revelación de la pintura cubana”.

5. Otros signos del mar no. 28. De la serie Otros signos del mar, 1970.

A partir de los años sesenta y hasta el final de la vida del creador Odalys Borges explora con sabiduría sus diferentes series, dedicándole un mayor espacio al importantísimo conjunto de las Aguas territoriales. Es rotunda cuando afirma, y cito: “Esa intencionalidad simbólica le da a Aguas territoriales un carácter consagratorio en el plano estético, en tanto las piezas discursan sobre la nacionalidad y la soberanía”. Sin duda Aguas territoriales es una derivación estrechamente vinculada a su pintura concreta de los años cincuenta pero, inconforme el artista con encasillarse dentro de determinados moldes, evolucionará de obra en obra, hasta establecer una conexión de su pintura con el arte óptico. En algunas de estas pinturas se induce la ilusión del movimiento. Otra sorprendente revelación es que el conjunto que integra la serie de Aguas territoriales tuvo un precedente significativo en el dibujo, algo hasta ahora desconocido. Tal como señala Odalys, y cito “más de 500 obras atestiguan que Aguas territoriales fue ensayada con rigor desde el dibujo”.

Antes del agua, arcilla es otro de los ensayos trascendentes que integran este libro y se debe a la autoría de la investigadora Raisa Ruíz Arias. En un lenguaje claro y preciso nos devela la sorprendente obra realizada por Martínez Pedro como ceramista que lo sitúa entre los más talentosos creadores de su época en esta manifestación. Su texto nos revela sucesos hasta ahora desconocidos sobre el surgimiento y el desarrollo de esta expresión artística en nuestro país en los años cincuenta. Como deja claro Raisa Ruíz en su ensayo y cito “La gestión no fue solo comercial. Imperaba la atmósfera y la intención artística”. Tal fue la pujanza que alcanzó la cerámica, que en el año 1956 se realizó la Exposición de cerámicas cubanas y joyas en el Palacio de Bellas Artes con una notable acogida de público y crítica. Todo aparece recogido en este breve pero lúcido ensayo que nos permite transitar por el testimonio artístico de una época en la cual la modernidad tiende hacia la abstracción y que hasta ahora se nos presentaba imprecisa y con notables carencias informativas.

Seríamos injustos si pretendiéramos que este libro es labor tan sólo de las autoras de los textos. En esta publicación se evidencia el trabajo de un pequeño pero valioso colectivo, cada uno con desempeños variados. En primer lugar quiero destacar la sobresaliente labor de edición realizada por Beatriz Gago. Las funciones del editor resultan en alguna medida equivalentes al del director de una orquesta, aunque en nuestro medio no tenga un reconocimiento equivalente. Beatriz Gago ya nos tiene acostumbrados a trabajos de envergadura como son las magníficas ediciones “Evolución de la Vanguardia en la crítica de Guy Pérez- Cisneros”, “Más que 10 Concretos” y los dos tomos del catálogo razonado de Mariano Rodríguez, realizados estos últimos en estrecha colaboración con el maestro José Veigas. En el presente título, al igual que en los anteriores, se ha empleado a fondo, realizando un esfuerzo de excelencia para que todos los elementos que deben integrar un buen libro de arte funcionen con coherencia y buen gusto: textos impecables, excelencia del diseño, fotografía de la más alta calidad, se coronan en un resultado primoroso que hoy se pone a disposición del público.

En la contemporaneidad que hoy vivimos lo primero que nos seduce en una publicación es su visualidad. Esa es una realidad irrefutable. De ahí que el diseño desempeñe un rol muy destacado con respecto a la calidad de cualquier libro y tengamos que considerarlo un componente de importancia cardinal. En tal sentido debemos felicitar el excelente trabajo de Arnulfo Espinosa, caracterizado por su esmero, imaginación y profesionalidad, cuyo signo podemos seguir desde la atractiva y sugerente portada hasta cada una de las páginas en las que integra hábilmente textos e ilustraciones.

6. Otros signos del mar no. 29. De la serie Otros signos del mar, 1970.

Y hablando de visualidad es imprescindible que hagamos referencia al trabajo inestimable de Ricardo Elías, cuyas imágenes disfrutarán a plenitud y es otro de los grandes logros de esta edición. Elías, hoy en día, además de notable artista del lente, es uno de los fotógrafos más confiables para esa especialidad tan compleja y difícil que constituye la foto de obras de arte.

En la última sección del libro la editora y el diseñador nos ofrecen una Galería que constituye un magnífico repertorio de la mejor obra realizada por Martínez Pedro en cada período de su vida. Se encuentra dividida por secciones y encabezadas por un fragmento de texto a toda página de un crítico notable de cada época. De esta manera nos encontramos con citas de José Gómez Sicre, Leonel Lopez Nussa, Manuel López Oliva, Orlando Hernández y otros. Esta galería de imágenes servirá de mucho tanto al estudioso de la plástica cubana como al público en general que encontraran en estas ilustraciones el complemento ideal a los textos que integran la publicación.

Por último extendemos un reconocimiento especial de gratitud al Consejo de Estado de la República de Cuba por el cuidado y amor que han dedicado a la custodia, preservación, conservación, restauración e investigación de la obra de este valioso artista y de su inestimable archivo documental, sin los cuales este libro no sería posible. Memoria e historia se han unido en una esencia única. Ambas se han fusionado indisolublemente en este libro para darnos un documento de valor perdurable y al mismo tiempo renovado.

Muchas gracias.

Roberto Cobas Amate

La Habana, 14 de abril, 2018.

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