El 49º Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) se desarrolló en La Habana, Cuba, entre el 11 y el 15 de octubre de 2016, seguido de un poscongreso fuera de la Capital (provincia de Matanzas), los días 16 y 17 del mismo mes.

El evento fue organizado por AICA Internacional en colaboración con AICA Cuba, sección nacional creada en 1986 y restablecida en 2014 tras algunas décadas de inactividad. Este es el primer congreso que AICA Internacional realiza en el país caribeño.

El evento incluyó un simposio cuyo tema fue “Nuevas utopías: arte, memoria y contexto”, realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes y con la participación de destacadas figuras internacionales de la crítica y la historia del arte: Michael Asbury (UK/Brasil), Jorge A. Fernández Torres (Cuba), Cristina Freire (Brasil), Hilary Robinson (UK), Damian Smith (Australia), Robert Storr (USA), Antonio Eligio, Tonel (Cuba/Canadá), Yolanda Wood (Cuba).

Además del Museo Nacional de Bellas Artes, donde tuvo lugar la ceremonia de apertura, se organizaron dos paneles de reflexión en el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”: “Pasado, presente y futuro de la Bienal de La Habana” y “AICA en el Caribe”. Se llevaron a cabo también una serie de visitas a estudios de artistas, galerías, museos y escuelas de arte.

Marek Bartelik, presidente de AICA Internacional, describió este congreso como un evento histórico no solo para AICA sino también para la comunidad artística internacional, especialmente porque su realización coincide con la expansión del intercambio artístico y cultural de Cuba con Estados Unidos y otros países. Carlos Acero Ruiz, presidente del Comité Organizador del Congreso, señaló la importancia del evento para los países de América Central y el Caribe, incluyendo República Dominicana, su país natal. David Mateo, presidente de AICA Cuba, considera este congreso una oportunidad para facilitar y fortalecer el contacto y el intercambio cultural entre críticos, investigadores y curadores cubanos con sus pares de otras partes del mundo. Rubén del Valle Lantarón, presidente en esa etapa del CNAP (Consejo Nacional de las Artes Plásticas) afirmó: “La elección de Cuba como país sede ha sido interpretada por nuestros artistas, críticos y especialistas como un reconocimiento y una alta responsabilidad”.

Durante el congreso se presentaron también sus dos premios anuales: el Premio a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte, otorgado a la trayectoria sobresaliente de la doctora Adelaida de Juan (Cuba), y el Premio a Jóvenes Críticos, destinado a reconocer voces emergentes en el campo de la crítica de arte. En esta oportunidad resultó ganador del concurso el joven Victor Wang (Canadá-Reino Unido), y se otorgaron dos menciones: a Francisco Dalcol (Brasil) y a Yenny Hernández Valdés (Cuba).

Marek Bartelik. Presidente de AICA

¿Por cuáles razones fue seleccionada Cuba como la sede del 49º Congreso de AICA?

La Asociación International de Críticos de Arte (AICA) es una organización global que cuenta con 63 capítulos nacionales en cinco continentes y agrupa una membresía de más de 4 500 críticos de arte. Se estableció de forma oficial en 1950 como una ONG afiliada a la UNESCO y, desde su creación, la membresía ha estado comprometida con el desarrollo de la cooperación internacional en las artes visuales, la difusión de las ideas y el desarrollo cultural. Los principales objetivos de AICA son promover la crítica de arte en tanto disciplina y contribuir a su metodología, proteger los intereses éticos y profesionales de sus miembros y defender sus derechos, así como contribuir con la estética visual allende las fronteras culturales. Recientemente, se ha puesto énfasis en el alcance global de la asociación, sus ambiciones interculturales y su enfoque interdisciplinario. La selección de Cuba ha recibido una calurosa acogida de parte de nuestros miembros.

De hecho, el congreso de este año, organizado por la AICA conjuntamente con AICA-Cuba, es el primero en la historia de la AICA a celebrarse en este país. La organización de base en Cuba se revitalizó en 2014. Este ha de ser un evento histórico, no solo para AICA sino para la comunidad internacional del arte, sobre todo porque se celebra en momentos en que Cuba expande su intercambio cultural y artístico con el resto del mundo.

Dentro de su estrategia de trabajo como presidente de AICA, ¿América Latina ha ocupado un lugar priorizado?

América Latina siempre ha sido una región de importancia para AICA. Contamos con secciones muy activas en Brasil, Venezuela, Paraguay, República Dominicana y otros países. Se han celebrado en la región muchos congresos, incluido el Congreso Extraordinario (Brasil, 1959), que tuvo lugar a la par que se constituía Brasilia. Entre los quince presidentes de AICA solo hemos contado con uno de América Latina: Bélgica Rodríguez de Venezuela [1987-1990], por lo que espero que en un futuro cercano podamos contar con otro.

Para mí, la región siempre ha tenido gran importancia. De hecho, me eligieron para presidente durante el congreso celebrado en Paraguay, a finales de 2010. Como crítico, tengo también un marcado interés en el escenario de las artes en América Latina, que según he podido descubrir es muy rico y activo. Creo que la mayoría de nuestros miembros comparten ese criterio.

Debido a la naturaleza internacional de nuestra asociación, me gustaría ver más intercambio entre los países en la región, y entre estos y otros del mundo, pero no necesariamente a lo largo de los ejes “periferia” a “centro” (o viceversa) sino también, y quizás sobre todo, entre los que denomino “periferia” a “periferia”, que son extremadamente ricos y, en mi opinión, siguen sin ser explorados.

Adriana Almada. Vicepresidente de AICA. Presidente de la Comisión de Premios

Usted ha desempeñado un rol importante en la reintegración de Cuba a la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y en el apoyo a la celebración del XLIX Congreso Internacional en La Habana. ¿Cuáles han sido las razones que le han motivado a adoptar esta voluntad de respaldo?

Creo que lo realmente significativo que hice fue propiciar la conexión entre AICA Internacional y los colegas cubanos. Conocía el trabajo de David Mateo en el campo de la crítica, la curaduría y la edición, y me pareció muy oportuno invitarlo a participar como disertante en el XLIV Congreso de la AICA Internacional que tuve la satisfacción de organizar en Asunción, en 2011, en mi carácter de presidente de la AICA Paraguay. Allí él pudo tomar contacto con el buró de la AICA, que acababa de renovarse con la elección del nuevo presidente, Marek Bartelik, con quien meses más tarde conversamos sobre la posibilidad de restaurar los vínculos con los críticos de Cuba. Poco después David Mateo me invitó a colaborar, desde Asunción y en mi rol de vicepresidente de la AICA Internacional, en la elaboración de la agenda de la primera visita de Marek Bartelik a La Habana para abordar la cuestión. Creo que la reintegración de la Sección Cuba, tras casi veinte años, es el resultado de la vocación de diálogo y cooperación –fundamentos de AICA Internacional– que AICA-Cuba ha puesto en práctica y que se manifiesta hoy en este Congreso. Colaborar en todo este proceso ha sido muy grato, ya que uno de los objetivos principales de nuestra asociación es facilitar y extender los intercambios internacionales en el dominio de las artes visuales, y contribuir al acercamiento y al conocimiento recíproco de las culturas.

¿Qué influencia cree usted que tiene AICA para el desarrollo de un pensamiento teórico y crítico en América Latina y el Caribe?

Creo que la influencia de la AICA en América Latina es significativa, pero podría ser mayor. En este sentido me parece que los congresos y simposios son herramientas fundamentales para debatir sobre la escena contemporánea, así como las publicaciones impresas y digitales. Creo que sería muy fructífero que las secciones nacionales de la región entrasen en contacto más fluido a fin de superar el desconocimiento mutuo que todavía existe y llevar adelante proyectos comunes, tales como coloquios, simposios, plataformas de discusión online, etcétera. Y si pensamos en una proyección mayor de la intensa y extensa producción teórica de América Latina y el Caribe, vemos que uno de los puntos débiles es la falta de traducciones oportunas que lleven, en principio al inglés, todo ese pensamiento crítico. La colaboración entre secciones vecinas podría ser un primer paso para impulsar tal proyección.

Adelaida de Juan. Presidenta de la sección cubana de AICA en los años 80. Miembro de Honor AICA-Cuba. Crítica de arte y profesora de la Facultad de Historia del Arte, Universidad de La Habana

¿Cómo se fundó el capítulo cubano de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en los años en que usted lo presidió?

En 1985 fui invitada por la Presidencia de la AICA a asistir a su reunión anual en Caracas. Yo había colaborado, en tanto Experta de Arte Latinoamericano de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en varias de sus reuniones y publicaciones. Al asistir al congreso en Caracas, fui entrevistada por el entonces presidente y secretario. Ellos me instaron a la fundación de un capítulo cubano de la Asociación. Respondí que mi país no estaba en condiciones económicas para asumir tal creación. Me plantearon el procedimiento usual en esos casos: la existencia de un capítulo amplio, del cual solo cuatro miembros se acreditaban ante la Asociación. Como todas las gestiones se habían cursado por el Ministerio de Cultura, presidido por Armando Hart (con Beatriz Aulet en la Dirección de Artes Plásticas) me dirigí a esa instancia, y se determinó nombrar a Llilian Llanes, por el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”; Oscar Morriña, por la sección de crítica de arte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); José Veigas, quien trabajaba con Beatriz en el ministerio, y yo como presidenta, al haber sido contactada por la presidencia de la AICA. La parte económica era asumida por el MINCULT. En 1987, ya el Capítulo Cubano funcionaba a nivel nacional con unos 35 miembros. Establecimos un premio anual de crítica de arte y otro para la curaduría (ganado inicialmente por Lesbia Vent Dumois). El término curaduría resultaba tan inusual, que el periódico Granma me entrevistó sobre él.

Asistí entonces al Congreso celebrado en Madrid, presenté las biografías de los otros tres miembros designados por el ministerio y esbocé la labor realizada. Tuve dos intervenciones que creo fueron correctas: los críticos de Puerto Rico habían enviado con Marianne de Tolentino, presidenta del capítulo de República Dominicana, su deseo de crear un capítulo puertorriqueño independiente del norteamericano. Un delegado europeo se opuso, alegando que eso crearía un doble capítulo. Señalé que en los grandes eventos deportivos solían competir dos equipos: uno de USA y otro de Puerto Rico. Añadí que en un reciente concurso de pelota, había triunfado el puertorriqueño. Así fue aceptada su creación. Además, en ese congreso se celebraron elecciones para presidente y, por primera vez, se postulaba una persona de la América Latina. Por supuesto, voté por ella: era la venezolana Bélgica Rodríguez, a quien había conocido en un evento –creo que en la Bienal de La Habana. Posteriormente pude asistir a congresos anuales en Buenos Aires y en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Al celebrado en Los Ángeles, California, no pude concurrir pues la visa norteamericana llegó a La Habana el día viernes en que se clausuraba el congreso. Entonces llegó la última década del siglo pasado, con las conocidas condiciones económicas. Así se agotó la labor del inicial capítulo cubano de la AICA hasta el presente, cuando se crea de nuevo, con buenos augurios.

¿Cómo valora el hecho de que Cuba haya podido reintegrarse a AICA internacional, y que ahora se desarrolle en el país el 49º Congreso Internacional de la AICA?

Durante algunos años del siglo pasado el capítulo cubano de AICA desempeñó un papel activo tanto nacional como internacionalmente. Superadas ya las circunstancias económicas que frenaron tales actividades, el reintegro de Cuba a la asociación es altamente provechoso, y la celebración de su congreso anual en Cuba es motivo de júbilo y compromiso.

Por: David Mateo. Crítico de arte, curador y editor. Presidente de la sección AICA-Cuba

   Cuando el presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), Marek Bartelik, me hizo la propuesta en el año 2015 de coordinar el 49º Congreso Internacional de la organización en La Habana, sentí una mezcla de entusiasmo e indecisión. Habíamos acabado de concluir exitosamente el proceso de reinserción de Cuba a la AICA, en el 2014, y pensaba que era demasiado pronto para realizar un evento de carácter global, que debíamos continuar consolidándonos como grupo de trabajo antes de asumir una encomienda de tanta responsabilidad.

Sin embargo, en mis intercambios preliminares con Marek, me fui percatando de que su elección estaba respaldada por un conocimiento y un respeto por la actividad y trascendencia regional del movimiento artístico cubano y, sobre todo, por el rol histórico que habían desempeñado los críticos del país, que –encabezados por la Doctora Adelaida de Juan– habían formado parte de una primera integración a AICA desde mediados de la década del ochenta y hasta principios de los 90, fecha en la que se vieron precisados a abandonar la organización por falta de recursos económicos para asumir las cuotas anuales. Marek era consciente de que, para la reincorporación de Cuba a la AICA, hacía falta una voluntad y una estrategia fomentadas desde su junta directiva, y a ese objetivo se consagró desde que fue elegido presidente en el año 2011 en el Congreso de AICA llevado a cabo en Paraguay, propósito que contó también con el apoyo de la vicepresidente, crítica y curadora paraguaya Adriana Almada. Marek estaba seguro de que, una vez restablecida la membresía cubana, estaríamos en condiciones de asumir un rol representativo en la zona caribeña y latinoamericana. Según su expectativa, el 49º Congreso de AICA podría ser el acontecimiento idóneo para reconectar a su organización con el ámbito de la crítica especializada en Cuba, e inducir un nuevo impulso a su reconocimiento y gestión internacional.

Marek Bartelik fue la primera persona que me ayudó a superar el estado de incredulidad en cuanto al reto de organizar un congreso de AICA en la Isla, y me estimuló a comprometerme con los sondeos preparativos. Mi esposa Belkis Martín, como ya es habitual cuando se trata de mi trabajo, también puso una cuota importante de convencimiento y entusiasmo. Marek Bartelik realizó un viaje personal a Cuba en el 2014, junto al vicepresidente y jefe de la Comisión de Congresos, el dominicano Carlos Acero, y le coordinamos varias reuniones con responsables de instituciones y reconocidos especialistas que podrían estar de una u otra forma involucrados en el evento. Las propuestas de los encuentros tuvieron en cuenta tanto los intereses de Marek y Acero (este último bastante bien informado sobre el ámbito cultural y artístico de la Isla), como las sugerencias de la directiva de AICA-Cuba. Esos contactos de trabajo fueron diversos y representativos. Se conversó, por ejemplo, con Lesbia Vent Dumois, presidenta de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC, con la Doctora Adelaida de Juan, con Ana Cristina Perera, directora del Museo Nacional de Bellas Artes por aquellos días, con Jorge Fernández, entonces director del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” (hoy director del Museo Nacional de Bellas Artes), con Cristina Figueroa, en representación del Departamento de Artes Plásticas de Casa de las Américas, y con los críticos de arte y curadores Gerardo Mosquera, Cristina Vives, Dannys Montes de Oca, Antonio Seoane y Margarita González.

Esa primera visita de Marek y Acero a La Habana arrojó más preocupaciones que certezas desde el punto de vista económico, aunque quedaron muy satisfechos con las propuestas que le hicimos para las sedes del evento: el Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, como entidades principales, y la UNEAC y Casa de las Américas como espacios complementarios. Con mayor o menor entusiasmo, casi todos los que se reunieron con Marek y Acero agradecieron la propuesta que traían consigo, y reconocieron la trascendencia profesional que este acontecimiento podría generar para los críticos, curadores e investigadores cubanos, pero coincidían en que, por las condiciones económicas adversas en las que estaba el país, en particular el sector de la cultura, sería muy difícil obtener todos los recursos monetarios que un evento como este requeriría, y que, a diferencia de las prácticas habituales de otros países, en Cuba se haría compleja la búsqueda de auspicios financieros entre firmas o empresas privadas. Corría un rumor por esos días, incluso, que hasta podían llegar a peligrar los presupuestos destinados para la realización de algunos eventos internacionales de trascendencia, asumidos de manera habitual por el Ministerio de Cultura, como el Festival de Cine latinoamericano y el Festival Internacional de Ballet.

Cuando Marek Bartelik y Acero concluyeron su periplo por La Habana, quedó muy claro que la directiva internacional de AICA y la sección cubana deberían realizar gestiones inminentes para tratar de solucionar los problemas de financiamiento. Marek dejó establecido el compromiso de que la oficina de AICA contribuiría con un monto de dinero modesto, y que conversaría con otras entidades internacionales para aumentar esa cifra, convencido de que la situación del bloqueo económico a Cuba haría más difícil aún la captación del presupuesto. Yo le aseguré a Marek Bartelik que trataría de concentrarme en la búsqueda de posibles patrocinadores entre el sector estatal y privado del país, pero no tenía ni la más remota idea de por dónde comenzar esa difícil pesquisa.

Por esos días venía desarrollándose, con una celeridad inusual, el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, lo cual hacia más tentador para muchos miembros internacionales de AICA la posibilidad de viajar a Cuba. Algunos llegamos a pensar que ese acontecimiento contribuiría a flexibilizar las alternativas para buscar auspicio. Recuerdo que le envié un correo a Marek informándole con entusiasmo que el gobierno de Estados Unidos había autorizado a algunos de sus bancos realizar transacciones con Cuba, y que quizás ello podría favorecer el hecho de que la Fundación norteamericana Getty, que habitualmente hacía contribuciones a los congresos de AICA, pudiera colaborar con la edición de La Habana. Pero en pocos días recibimos la respuesta contundente de Marek de que la Fundación Getty no estaba autorizada aún para realizar donaciones como estas a Cuba, que deberíamos continuar pensando en otras variantes.

Teniendo en cuenta que había sido la sección de artes plásticas de la UNEAC la organización que ayudó a recuperar la membresía de los críticos cubanos en la AICA en el año 2014, decidimos concentrar nuestras primeras gestiones con esa organización y preparar un encuentro con su presidenta Lesbia Vent Dumois. Asistimos a la reunión Antonio Seoane y yo. Seoane se desempeñaba en ese periodo como vicepresidente de la asociación de artes plásticas, e integraba junto conmigo y Dannys Montes de Oca el ejecutivo nacional de AICA. En la reunión le hicimos la petición a Lesbia de que fuera nuevamente la UNEAC la institución que nos respaldara en las actividades de coordinación del congreso internacional. Lesbia nos dijo que la asociación no podía tomar una decisión rápida sobre el tema, que por la envergadura del acontecimiento deberíamos contar con la aprobación de Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, y de todo su grupo de dirección. Nos aconsejó que tratándose de un evento internacional, contactáramos también con el viceministro de Cultura Fernando Rojas.

A partir de esa conversación con Lesbia tuve la certeza de que los trámites de aprobación del Congreso, a través de la UNEAC, podrían llegar a dilatarse, y me enfoqué entonces en coordinar un encuentro de trabajo con Rubén del Valle, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, mientras enviaba un mensaje por correo al viceministro Fernando Rojas, contándoles los pormenores de la iniciativa. Fernando había sostenido conversaciones con Marek Bartelik en el año 2013, cuando viajó por primera vez a La Habana invitado por la UNEAC para iniciar los trámites de reincorporación de los críticos cubanos a la AICA, y estaba al tanto sobre nuestros intercambios de trabajo. Le había manifestado en aquella oportunidad, incluso, su conformidad de que yo fuera el especialista que ayudara a coordinar, desde la UNEAC, las gestiones de representación de los críticos cubanos frente a la entidad internacional.

Antonio Seoane y yo fuimos también a pedirle sugerencias a Llilian Llanes, exdirectora del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y fundadora de la Bienal de La Habana, miembro de la sección cubana de AICA, especialista de vasta experiencia en la organización de eventos internacionales de las artes plásticas en el país. Llilian nos estimuló a que no renunciáramos a realizar el Congreso en La Habana. Nos dijo que si no contábamos con un respaldo de las instituciones estatales, tendríamos entonces que hacer gestiones en otras direcciones, y que ella estaba dispuesta a guiarnos en ese propósito.

Sin embargo, Rubén del Valle respondió con bastante rapidez a mi solicitud de reunión, y Fernando Rojas me envió, casi al mismo tiempo, una nota breve por correo en la que me recomendaba que dilucidara el asunto con Rubén, que era la persona con autoridad legal para evaluar la propuesta del 49º Congreso.

En las primeras reuniones con Rubén del Valle, en las oficinas del Consejo Nacional, estuvieron presentes Dannys Montes de Oca (vicepresidente de AICA-Cuba) y Antonio Seoane, y fueron invitados además Jorge Fernández (por el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y Lesbia Vent Dumois, en representación de la UNEAC). Nuestros diálogos con Rubén se concentraron fundamentalmente en la concepción estructural del Congreso y en las necesidades logísticas y económicas. Debo confesar que, aunque esas conversaciones transcurrieron en un ambiente agradable y respetuoso, ya que todos los funcionarios y especialistas reunidos allí nos conocíamos perfectamente y manteníamos buenas relaciones, no imperaba en realidad una atmósfera de entusiasmo y decisión en cuanto a la idea de poder materializar el Congreso en Cuba. Por una parte se presentaba el obstáculo del financiamiento, ya que no teníamos definida para la ocasión la cifra exacta de dinero que debería gestionar la parte cubana, ni el presupuesto que lograría reunir la oficina de AICA-París. Por otro lado, estaban los aspectos subjetivos, no por ello menos importantes, que pesaban a mi juicio en la toma de las decisiones rápidas desde el punto de vista institucional. En primer lugar, este no era un evento ideado y organizado directamente por el Consejo Nacional o sus instituciones subordinadas, ni por los miembros de AICA-Cuba, sino por una organización internacional independiente, con la que no había ningún otro antecedente de trabajo. En segundo lugar, los días estaban bastante tensos con la marcha de los acontecimientos diplomáticos protagonizados entre Cuba y los Estados Unidos, y nada ocupaba mayor relevancia y preocupación en la sociedad que ese hecho. Para avivar aún más la tensión –y aprovechando quizás el clímax de ese período histórico–: la artista cubana Tania Bruguera había intentado realizar un performance político en la Plaza de la Revolución que causó un gran revuelo entre los organismos dedicados a la seguridad del estado y las instituciones culturales, lo cual dejaba en situación de incertidumbre y sospecha cualquier nueva iniciativa de alcance internacional que se presentara en las artes plásticas.

Según mi percepción, en esos momentos preliminares el Consejo Nacional necesitaba una señal clara, un indicio de parte de los ejecutivos de AICA internacional, que denotara su voluntad de establecer un proceso de diálogo e intercambio respetuoso y, sobre todo, distendido con el contexto cultural cubano. Esa primera evidencia la aportó la Comisión de premios de la AICA, al enviarnos por correo la notificación anticipada de que se le había otorgado a Adelaida de Juan el Premio a la contribución distinguida de la crítica de arte, un reconocimiento que habitualmente se entrega durante la celebración de los congresos. La propuesta de su candidatura surgió, en realidad, a partir de una solicitud de los miembros cubanos de AICA, pero fue analizada y aprobada por esa Comisión internacional. Adelaida de Juan es, sin duda alguna, una figura de consenso. Al entregarle ese reconocimiento, no solo se estaba exaltando su labor al frente de la AICA cubana durante los años ochenta, sino reafirmando el carácter emblemático de su presencia en el campo de la historia del arte y el ejercicio de la crítica en Cuba. Constituía una decisión bastante coherente, si tenemos en cuenta que Adelaida había sido elegida miembro de honor de nuestra sección de AICA en el año 2014. Yo no he tenido la oportunidad de conversar con ella sobre esta disyuntiva, pero quizás sean estas líneas la oportunidad pública de exaltar el influjo simbólico que tuvo su persona y su obra en esa etapa preliminar de los preparativos del Congreso.

Con el impulso que imprimió la noticia del premio de Adelaida de Juan, y el establecimiento gradual de las bases de credibilidad y confianza entre la directiva AICA-Cuba y los funcionarios del Consejo Nacional, pudimos acometer de conjunto el análisis de todos aquellos detalles organizativos del evento y encontrar los modos y vías para poder compensarlos. Hay que reconocer que, desde esas reuniones iniciales de trabajo, el ejecutivo cubano de AICA se preocupó por desempeñar un rol de mediación respetuoso, moderado, entre los directivos internacionales de la AICA y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, sin inclinar la balanza hacia una posición específica de criterios o intereses. Recuerdo que, en uno de nuestros encuentros, Rubén del Valle comentó que la mayoría de los especialistas que venían al Consejo a pedir ayuda para eventos, una vez que conseguían su propósito, se distanciaban un poco de la institución y descuidaban los compromisos directos e indirectos con la entidad, situación que –al parecer– no iba a ocurrir en nuestro caso. Ciertamente la opción del Congreso fue defendida por los ejecutivos de la AICA-Cuba desde la perspectiva de un compromiso priorizado con la asociación internacional y el movimiento de críticos y curadores, pero también con el ámbito de las artes plásticas y su sistema de instituciones y galerías.

Debo reconocer que Rubén del Valle, desde los primeros momentos de nuestros intercambios, supo comprender la magnitud y trascendencia del Congreso que le estábamos proponiendo. Propició el diálogo abierto, sincero (no exento de preocupaciones y alguna que otra divergencia) con todos los que formábamos parte del ejecutivo de AICA, y puso todo su equipo de dirección y parte de los modestos recursos del Consejo en función de las actividades de coordinación del Congreso.

Establecimos como estrategia reunirnos una vez a la semana para hacer balance de cada una de las gestiones que estábamos llevando a cabo, y sopesábamos con absoluta transparencia los beneficios o inconveniencias que podría acarrear cualquier decisión para alguna de las partes involucradas. Hubo muy buen nivel de diálogo entre Rubén y todo el equipo de dirección de AICA-Cuba. Entre nosotros dos, en particular, medió la consideración profesional y el afecto, y por tal motivo en una o dos ocasiones le insistí en que mantuviéramos ese intercambio personal hasta el final y que tratáramos de no utilizar mediadores, lo cual pudo cumplirse durante todo el proceso organizativo. De manera gradual, y gracias a la contribución económica del Consejo Nacional, fuimos encontrando soluciones para los distintos acápites correspondientes a las responsabilidades cubanas dentro del Congreso: las inscripciones y el hospedaje de algunos participantes a través de la Agencia Paradiso, la transportación para las actividades del programa, la reservación de los almuerzos y meriendas, la impresión de los documentos básicos y los materiales gráficos promocionales, la organización de las actividades culturales y recreativas, y la coordinación de visitas a las instituciones, galerías y estudios-talleres de las artes plásticas.

Sobre el tema de las visitas a exposiciones y talleres debemos aclarar que, como la estrategia de los directivos cubanos de AICA era tratar de mostrar a los participantes internacionales un panorama lo más representativo posible de la actividad promocional alrededor del movimiento artístico, insistimos con Rubén y su grupo de dirección en elaborar un programa lo más inclusivo posible, en el que estuvieran algunas instituciones, galerías del estado, y una serie de espacios expositivos particulares y estudios de artistas. Por lo apretado del cronograma de trabajo del Congreso, dentro del cual solo podríamos disponer de las tardes para hacer las visitas a los espacios de exhibición y los talleres, no logramos implementar un programa de recorrido todo lo amplio que hubiéramos deseado, aunque logramos organizar y concretar visitas a centros importantes como la Fundación Ludwig, la Fototeca de Cuba, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (con la exhibición del Encuentro Nacional de Grabado), Factoría Habana, y las salas del Centro “Wifredo Lam” y del Museo Nacional. Se concretaron también visitas a estudios de algunos artistas reconocidos y jóvenes, pero no logramos cubrir el rango de opciones y demandas que hubiéramos deseado.

Sin embargo, es necesario aclarar que desde un principio tuvimos clara la idea de que la prioridad de participación en las actividades fundamentales recaería en los miembros de AICA-Cuba y en críticos, curadores y académicos del país que eligiéramos con antelación. A tal efecto, y teniendo en cuenta las capacidades de los locales del museo donde se realizarían las actividades, hicimos una selección estricta de un grupo de especialistas representativos de la crítica y del campo de la enseñanza de todo el país, y le hicimos llegar sus invitaciones oficiales a través de la UNEAC y el Consejo. Muchos invitados, sobre todo los de provincia, llamaban de manera reiterada al grupo coordinador para preguntar si podríamos garantizarles hospedaje y alimentación, a lo que nosotros respondíamos que no, por no poder contar con el presupuesto indispensable para ello. Estamos seguros de que este inconveniente pudo haber influido en la ausencia de algunos de estos profesionales en las sesiones del Congreso.

Durante las primeras reuniones de trabajo con el Consejo Nacional quedó bien definido que las sedes principales del Congreso serían el Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, y las complementarias la UNEAC y la Casa de las Américas. Como haríamos un recorrido por la muestra que, durante la fecha del Congreso, se estaba presentando en la Galería “Villa Manuela”, e íbamos a tener un contacto con los artistas jóvenes incluidos en ella, se nos había ocurrido hacer la actividad final del Congreso en los jardines de la UNEAC y así se lo expresamos a los directivos de las Artes Plásticas. En cuanto a Casa de las Américas, le habíamos propuesto a su Departamento de Artes Plásticas que nos ayudaran a coordinar el panel dedicado a la situación de la crítica de artes en el Caribe. Pensábamos que no había mejor lugar en el circuito de la cultura cubana para exponer y debatir este importante tema. Sin embargo, próximo a la fecha de inicio del Congreso, la UNEAC declinó nuestra propuesta de hacer la actividad de cierre y solo mantuvo la visita a la Galería “Villa Manuela”, y los especialistas de Casa de las Américas no informaron que, por medidas relacionadas con el ahorro de electricidad, no podían autorizarnos a desarrollar el panel propuesto en una de sus salas.

Aunque se elaboraron con tiempo, las notas de prensa sobre el 49º Congreso y se difundió el programa de actividades mediante el Departamento de Promoción del Consejo y de las gestiones de algunos ejecutivos de la sección cubana, no se logró crear una expectativa informativa que estuviera en correspondencia con la trascendencia histórica y cultural del acontecimiento. Estamos convencidos de que ese fue uno de los principales eventos culturales del país en el año 2016, pero fuimos testigos de una cierta morosidad e indiferencia de algunos medios de prensa a la hora de anunciar o comentar la celebración del hecho. La mayoría de las notas o comentarios fueron publicados casi a punto de comenzar el Congreso, lo cual dejaba entre nosotros la percepción de que algunos pretendían otorgarle un “perfil bajo” a la testificación pública del 49º Congreso de AICA. Justamente esta iniciativa editorial de la revista Artcrónica, tiene como propósito compensar la falta de información sobre el evento.

Cuando Marek Bartelik arribó a La Habana, unos días antes de la fecha establecida para la apertura del encuentro, ya estaba garantizada casi toda la logística comprometida desde la gestión cubana. Sostuvimos dos o tres reuniones en el Museo de Bellas Artes, el Centro “Wifredo Lam” y el Consejo Nacional en las que estuvieron también presentes Carlos Acero y el ejecutivo de la sección cubana, para aclarar detalles y precisar alguna que otra metodología de trabajo. En esos intercambios y coloquios de última hora, en los que prevaleció el diálogo ameno, franco –y hasta apasionado en algún que otro momento–, acabó de afianzarse lo que a mi juicio constituiría una de las principales garantías para el desarrollo eficiente del Congreso: la confianza de Marek Bartelik y Carlos Acero en la profesionalidad y transparencia de los organizadores cubanos, su disposición de interactuar y comprometerse con nuestras iniciativas y estrategias de coordinación.

Marek Bartelik. Presidente de AICA

Este año, a mediados de noviembre, AICA International celebrará su 50º Congreso anual en París. Su rico programa incluirá varios simposios, entre ellos uno dedicado a la historia de nuestra asociación y otro, al impacto de los recientes movimientos migratorios sobre el arte contemporáneo en todo el mundo. A medida que este acontecimiento se acerca, el recuerdo de nuestro último Congreso, realizado en La Habana el año pasado, permanece muy vivo en mí.

El 49º Congreso, en Cuba, ofreció una ocasión única, tanto a los miembros de AICA como al público en general, de entablar una seria discusión sobre el pasado, el presente y el futuro de la crítica de arte y su relación con el arte contemporáneo y la sociedad en su conjunto. Nuestra visita a La Habana fue también una gran oportunidad para presenciar de primera mano la vitalidad y riqueza de la escena artística local y abordar su importancia, más allá de las oposiciones ideológicas binarias en las que, con demasiada frecuencia, se enmarca fuera de ese país el discurso sobre el estado del arte cubano.

La necesidad de una discusión constructiva sobre el arte y la crítica de arte en Cuba, que refleje las complejidades del mundo en que vivimos, se hizo particularmente evidente durante nuestra visita a una exposición organizada por un grupo de jóvenes artistas y montada con sus propios recursos, para mostrarnos que hay muchos como ellos en la Isla que trabajan sin, o con muy poco, apoyo o soporte internacional.

Creo que debemos tener en cuenta esta experiencia, sobre todo porque contradice el título (y la premisa) de una muestra reciente de arte cubano en Houston, Texas: Adiós Utopía: Sueños y decepciones en el arte cubano desde 1950. Como observó astutamente Eduardo Galeano, y esto todavía tiene vigencia: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar”.

Estoy muy agradecido a AICA Cuba y a su presidente David Mateo, en particular, por su extraordinario compromiso al acoger a AICA en La Habana, asegurando el patrocinio oficial de las principales instituciones culturales y educativas cubanas. Estoy igualmente agradecido a todos los participantes por sus contribuciones.

Dejé La Habana, después del Congreso, lleno de optimismo sobre el futuro de AICA, convencido de que su papel en la promoción de la crítica de arte en todo el mundo es tan importante como siempre. Por eso digo, en agradecimiento a nuestros colegas cubanos: ustedes nos dieron más de lo que podríamos haber esperado.

¡Nos vemos en París en noviembre!

Carlos Acero Ruiz. Vicepresidente de AICA. Jefe de la Comisión de Congresos

El 49o Congreso de la AICA atrajo a más de 200 delegados provenientes de 28 países. Nos dio mucha alegría reunirnos con los directores de museos cubanos, artistas, estudiantes y agentes culturales de la Isla en las diferentes actividades realizadas entre el 11 y 15 de octubre de 2016. En esta ocasión continuamos el Congreso con el formato utilizado anteriormente de un simposio de un día, al cual agregamos dos paneles adicionales, uno dedicado a la historia de AICA en el Caribe y el segundo a la historia de la Bienal de La Habana. Dentro de este mismo contexto fue posible realizar visitas a galerías, museos, escuelas de arte y estudios de artistas, incluyendo el de Los Carpinteros, Kcho y Carlos Garaicoa. Dos recepciones fueron celebradas en este Congreso: una en la Fundación Ludwig de Cuba, y la otra en la Embajada de Noruega en La Habana. Agradecemos a Ingrid Mollestad, embajadora de Noruega y a Helmo Hernández y a Wilfredo Benítez Muñoz, directores de la citada fundación, por las atenciones dispensadas a nuestros delegados.

El martes 11 de octubre sostuvimos reuniones de los distintos comités de AICA, que fueron generosamente albergados en el Museo Nacional de Bellas Artes, en sus dos hermosos edificios. El evento principal de ese día fue nuestra ceremonia de apertura en el auditorio del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Durante la noche fue entregado el Premio a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte (por logros de toda una vida) a Adelaida de Juan Seiller, por su contribución al arte y la crítica de arte en Cuba en el contexto de las Américas. La ceremonia concluyó con una actuación de Danza Teatro Retazos.

El miércoles 12 de octubre celebramos el Consejo de Administración de AICA y nuestra Asamblea General en el Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes, con un intermedio para almorzar en el cómodo y vistoso restaurante del museo.

El jueves 13 y el viernes 14 de octubre continuamos nuestras actividades con el simposio “Nuevas Utopías: Arte, Memoria y Contexto” y la mesa redonda sobre la historia de la Bienal de La Habana que fueron simultáneamente traducidas en inglés, francés y español. La tarde del 14 de octubre se dedicó a las visitas pautadas en las distintas galerías de arte y estudios en La Habana.

El sábado 15 de octubre se realizó en el Museo Nacional de Bellas Artes el panel de debate sobre “AICA en el Caribe”, seguido por la entrega del Premio de Incentivo a los Jóvenes Críticos a Victor Wang (Reino Unido), Francisco Dalcol (Brasil) y Yenny Hernández Valdés (Cuba). El Congreso concluyó con una animada ceremonia de clausura en el Centro “Wifredo Lam”, con la actuación del Septeto Habanero.

Los dos días subsiguientes al Congreso los delegados tuvieron la oportunidad de visitar la ciudad de Matanzas y su Museo de la Esclavitud, emplazado en el Castillo de San Severino, así como las playas de Varadero. Posteriormente se realizó una visita guiada a la Finca Vigía, la casa donde vivió el famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway. Para cerrar las actividades se realizó un recorrido por la Compañía Nacional de Danza de Ballet en La Habana.

Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a David Mateo, presidente de AICA Cuba, quien estuvo a cargo de la gestión y coordinación local de este Congreso. Su trabajo fue clave para articular desde la contribución financiera del Consejo Nacional de las Artes Plásticas hasta la participación de todas las instituciones culturales, artistas, estudiantes y críticos de la Isla. También queremos dejar constancia de nuestra gratitud a Dannys Montes de Oca, Antonio Fernández Seoane y al resto de los miembros de AICA Cuba, así como a Margarita González, directora interina del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y a Martha Alicia González Puig, asistente del Congreso de AICA Cuba. También agradecemos a la agencia de viajes Paradiso, y en particular a Yanet Ramírez Hernández, por ayudarnos con las reservaciones de hotel de nuestros miembros y los arreglos de traslados de los mismos.

Estamos sumamente agradecidos por el trato cortés y hospitalario dispensado tanto en el Museo Nacional de Bellas Artes como en el Centro “Wifredo Lam”, y muy especialmente reconocer la colaboración prestada por sus directores, Jorge A. Fernández Torres y Dannys Montes de Oca.

También queremos reconocer el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba y del Consejo Nacional de Artes Plásticas, presidido por Rubén del Valle Lantarón. Ambas instituciones facilitaron todos los recursos para la celebración con gran brillantez y dignidad del Congreso, incluyendo transporte para los delegados a diferentes lugares, traducciones simultáneas, recepciones, almuerzos, material promocional y el periódico especial dedicado al Congreso.

Adriana Almada. Vicepresidente de AICA. Jefa de la Comisión de premios

Reflexionar sobre la utopía es siempre oportuno en un mundo cargado de conflictos como el nuestro. Es lo que hizo el 49º Congreso de AICA en La Habana, el pasado mes de octubre. El tema fue abordado desde diferentes intereses y perspectivas, desde las utopías fallidas de la ciudad ideal o el museo como custodio del conocimiento, hasta el sueño obstinado de una sociedad justa y equitativa. ¿Cómo han reaccionado el arte y la crítica ante las diversas propuestas utópicas que se sucedieron, especialmente en el último siglo? El hecho de que el evento se llevara a cabo en un país que apostó políticamente por un cambio radical de sociedad fue muy significativo.

El programa de conferencias y paneles, así como los eventos laterales, estuvieron muy bien organizados. La mesa dedicada a las secciones del Caribe fue ilustrativa del desarrollo del pensamiento crítico en la región. Disfruté especialmente el panel sobre la Bienal de La Habana, que nos hizo conocer su historia de boca de sus curadores, quienes desarrollaron un verdadero trabajo en equipo a través del tiempo, ensayando permanentes cambios de formato para adecuarse a diversas circunstancias y expectativas, algo completamente inusual en eventos de este tipo.

Las visitas al Instituto Superior de Arte, así como a museos, galerías, centros culturales y estudios de artistas, fueron muy enriquecedoras, pues nos permitieron acceder de primera mano a las experiencias artísticas desarrolladas en la Isla y ponerlas en relación con el contexto mayor del circuito del arte.

Un párrafo aparte merece la ceremonia de entrega del Premio AICA a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte a Adelaida de Juan Seiller, realizada durante la apertura del Congreso. Puedo decir que en la historia de este premio, que ya lleva seis ediciones, este ha sido uno de los actos más conmovedores, con un público entusiasta que ovacionó a la premiada.

Como vicepresidente de AICA y presidente del Comité de Premios, agradezco a AICA Cuba y a su presidente, así como a todas las personas e instituciones que estuvieron involucradas en la organización del Congreso, su excelente y generosa labor.

Rubén del Valle Lantarón. Presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas (en la etapa del 49o Congreso)

A lo largo de mi gestión al frente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, una y otra vez advertía que entre los asuntos que no lograban un cauce positivo estaba el funcionamiento del capítulo cubano de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA). Sistemáticamente debíamos informar que tanto el ejercicio de esta organización, como de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, habían quedado a la saga de los resultados verificados en períodos anteriores. Críticos y artistas habían perdido la confianza en estas organizaciones internacionales, a pesar de que Cuba estuvo entre los primeros países de América Latina y el Caribe en fundar sus respectivas secciones nacionales.

En el 2014 se inicia un proceso de reorganización, con la participación de David Mateo en un Congreso AICA Internacional y su selección como vicepresidente de dicha organización. Simultáneamente, de alguna manera, se refunda el capítulo cubano reanimando su funcionamiento con el ingreso de un número significativo de nuevos miembros.

Dos años más tarde visitan La Habana Marek Bartelik y Carlos Acero (presidente y vicepresidente, respectivamente) en representación de AICA Internacional. Traían la propuesta de que Cuba optara por ser la sede del Congreso en el segundo semestre del propio 2016, que también pretendía la ciudad de Zaragoza. Teniendo en cuenta la manera en que se organiza el campo cultural en nuestro país, la realización del evento en la Isla entrañaba la coordinación entre la representación cubana de la Asociación y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, ente rector de la política cultural para las artes visuales contemporáneas. Inmediatamente comprendí que esta era una gran oportunidad para Cuba, sus críticos y artistas, para quienes, de confirmarse aquí un congreso de esta naturaleza, estarían asistiendo a su primera edición en el terruño. A pesar de que habíamos celebrado grandes eventos internacionales organizados por Casa de las Américas o la propia Bienal de La Habana, nunca antes un congreso de la AICA había asentado su sede en la mayor de las Antillas.

Por supuesto, en las conversaciones se refirió que los costos de los congresos eran asumidos por los países sedes. El anterior se desarrolló en Corea del Sur y contó con un presupuesto que prácticamente se equiparaba con el que disponíamos para organizar una Bienal de La Habana. Por otro lado, una parte significativa de estos montos eran asumidos por una Fundación norteamericana que teniendo en cuenta las limitaciones del bloqueo, de realizarse en Cuba no podría aportar ningún financiamiento. Planteé que estábamos en disposición de asumir el reto, que era un gran honor organizar este congreso en La Habana, pero que debíamos cambiar las reglas en términos económicos. Se trataría de un evento de calidad, organizado con eficacia desde la economía de recursos y la austeridad. En esos términos estábamos en condiciones de preparar un amplio programa de actividades mostrar a los asistentes la riqueza infinita de nuestra cultura y sus principales actores.

Recibimos dos meses después la confirmación de la aprobación del congreso en La Habana entre los días 11 y el 15 de octubre del 2016. Solo quedaba, entonces, trabajar…, y en tal sentido se creó un Comité Organizador copresidido entre David Mateo y yo, y donde participaron muy activamente Dannys Montes de Oca y Antonio Seoane. Desde el inicio nos propusimos organizar un evento en el que, más allá de ser sede, la representación cubana asumiera una papel esencial y protagónico. Todas las decisiones fueron consensuadas, aunque siempre partí del principio de respetar las decisiones de la directiva AICA Cuba. Debo confesar que me sorprendió su compromiso, pasión… y las reuniones organizativas se convirtieron en verdaderos encuentros con alto nivel profesional. En diálogo sistemático debatimos desde el eje temático del evento, los ponentes principales, el programa de actividades y los premios que se otorgarían en ese contexto.

El escenario del Congreso, en gran medida, estuvo condicionado por los sucesos acontecidos alrededor de la manipulación mediática de la actuación de Tania Bruguera a finales del 2014 y su repercusión en la Duodécima Bienal de La Habana. Como ya es tradición, prevalecen muchos prejuicios sobre la realidad cubana y en algunos imperaba el criterio de que el contexto de la Isla resultaba hostil y poco fértil para la libertad de creación, y por consecuencia, un lugar inapropiado para el debate de ideas sobre la cultura contemporánea. En otro sentido, lamentablemente, la calidad de la crítica y de los críticos cubanos había tenido escasa proyección a nivel internacional, y se desconocía la obra de consagradas personalidades de la intelectualidad que habían dedicado toda su vida al fomento de las ideas y de la reflexión en torno al arte y a la cultura.

Nuestro trabajo debía intentar impactar esos mitos con un programa que mostrara, en el corto tiempo que permanecerían los delegados en La Habana, la mayor diversidad posible de opciones que les permitiera apreciar lo complejo, diverso, contradictorio y plural del campo artístico y cultural de la Isla. Se aseguró primeramente el programa teórico, y luego se complementó con un sinnúmero de actividades, visitas a talleres, exposiciones, instituciones, etcétera. Considero que la estatura intelectual de la directiva AICA, su compromiso y su criterio activo propiciaron el respeto de la directiva internacional de la organización. Marek Bartelik jugó un papel fundamental con su actitud a favor del diálogo, despojándose de cualquier criterio prestablecido. Carlos Acero desempeñó un rol decisivo en el programa organizativo, y Adriana Almada en lo relacionado con la organización de los premios otorgados. Asimismo, los directivos y especialistas del Museo Nacional y del Consejo Nacional de las Artes Plásticas se comprometieron de manera especial con el evento, asumiendo múltiples funciones que escapaban de su ejercicio cotidiano.

Destacó en particular durante el Congreso el otorgamiento a la doctora Adelaida de Juan del Premio AICA a la Contribución Distinguida en el Ejercicio de la Crítica de Arte. Un acto de justicia histórica a una de las intelectuales más prestigiosas de nuestro país, con toda una vida dedicada a la investigación, la crítica y la formación de las nuevas generaciones, cuya obra hasta el momento, lamentablemente, no ha tenido el reconocimiento que merece a nivel internacional.

Finalmente, el Congreso se desarrolló en un clima de debate intenso, con un intercambio real con la vida cultural de la ciudad y se establecieron relaciones personales y de trabajo que estoy seguro trascenderán el encuentro. Un proceso que sirve de paradigma para construir un diálogo donde las diversidades interactúen y coexistan de manera fecunda, edificante y enriquecedora. Donde cada cual pueda aprender del otro. Contamos con el privilegio de notables intervenciones del patio como las de Yolanda Wood, Antonio Eligio Fernández (Tonel), Luz Merino Acosta, Jorge Fernández y David Mateo, así como las inestimables presentaciones acerca de la Bienal de La Habana. Intervenciones todas que concertaron con sus homólogas internacionales como las de Robert Storr, Michael Asbury, Cristina Freire, Hilary Robinson y Damian Smith.

Una de mis mayores insatisfacciones fue la poca participación de los críticos cubanos, para quienes se pensó y aseguró una asistencia más activa. Otras instituciones como Casa de las Américas o la propia Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, con actividades previstas en el Programa, declinaron su intervención. A pesar de ello, el reducido grupo de especialistas que acudió al evento representó dignamente a este gremio que hoy en día enfrenta sus propias contradicciones con el empoderamiento de otros sujetos del campo de las artes visuales.

Finalmente, lo que parecía una quimera se convirtió en una hermosa realidad. La Habana, siempre La Habana, una vez más resultó escenario propiciatorio de los encuentros… y de las utopías…

Jorge Fernández. Director del Museo Nacional. Crítico de arte y Curador

En octubre del pasado año 2016 se celebró en La Habana el Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA). Este acontecimiento hubiera sido impensable años atrás. Hay sucesos que no ocurren por pura casualidad, son el resultado de muchos diálogos. Ninguna institución escapa al lugar que ocupan los sujetos que conducen procesos determinados. Por eso considero que para que ocurriera un evento como este fueron decisivos los encuentros de David Mateo con la importante intelectual paraguaya Adriana Almada y luego con Marek Bartelik, destacado teórico del arte y presidente de la AICA a nivel internacional.

Mateo –con su poder de convocatoria– supo implicar a todas las instituciones cubanas y articular una plataforma nacional para un evento de este alcance con el apoyo de los críticos cubanos Dannys Montes de Oca y Antonio Seoane. Me comentaron que en el trabajo en comisiones se hicieron propuestas trascendentales para el futuro de la organización. No obstante, y a mi modo de ver, las ponencias y los debates que se suscitaron en el plenario tuvieron un vuelo teórico digno de destacar. Abarcaron varios registros que confrontaron la mirada de intelectuales a partir de contextos y realidades diferentes, un horizonte que se movió desde Hillary Robinson y Robert Storr hasta Carlos Acero, Antonio Eligio Fernández Tonel o Yolanda Wood.

El Congreso de la AICA demostró que es muy difícil definir una sola mirada en relación con los derroteros del arte. Cualquier aproximación epistemológica es solo una constatación de las incertidumbres que nos dejó Duchamp. Sin embargo, hoy más que nunca asistimos a un cambio de paradigma en los modos de percibir y producir la creación estética. El objeto artístico cada día hace más evidente su singularidad. En esta dirección, lo que se debatió en La Habana sirvió para conocernos en profundidad y saber que compartimos preocupaciones comunes en un mapa cultural que desdibuja las fronteras entre los centros y las periferias.

Desde el punto de vista humano se crearon lazos afectivos únicos. Fue muy bueno para mí haber estado cerca de Marek y de todo su equipo. Puedo dar fe de la humildad, la entrega con que trabajaron y del respeto que sienten por todo los que hacemos desde Cuba. La crítica de arte tuvo el protagonismo que merece y se pudieron compartir sueños y proyectos comunes.

Hilda María Rodríguez Enríquez. Artista de la plástica, crítica de arte y curadora. Profesora de la Facultad de Historia del Arte, Universidad de La Habana

El 49º Congreso representó, en gran medida, el reconocimiento a la tradición de la crítica en nuestro país e incluso de aquella desempeñada por cubanos en otros escenarios del arte en el mundo. El premio otorgado a la Dra. Adelaida de Juan, es la expresión más alta del pensamiento crítico sistematizado que, ya cuenta con larga, vasta y prestigiosa data. Y con ella, su labor en la enseñanza hasta hoy, como garantía de continuidad en la formación de profesionales que, desde la Historia del Arte, se entrenan en el necesario pero conflictual ejercicio del criterio.

Toca connotar el esfuerzo y trabajo realizados, por el crítico y presidente de nuestra sección de la UNEAC, David Mateo, en función de la visibilidad de la afiliación insular y de la materialización de esta reunión internacional, la que, por supuesto contó con la anuencia y apoyo de las instituciones de nuestro Ministerio de Cultura.

En el cónclave se manifestó la presencia de quienes se dedican, sobre todo en nuestra capital, a poner en valor lo que se genera en el campo de la cultura artística, aunque los intercambios no resultaron suficientes, debido a la concepción, dinámica y estructura propias del evento.

Pudo ser una oportunidad para generar acciones de interés común entre instituciones, canales para la crítica, proyectos y profesionales presentes, de manera tal que se tributara un deseado flujo de información.

El programa de visitas a exposiciones e instituciones y la puntual intervención de algunos intelectuales cubanos despertaron intereses y, en cierto modo, se logró proyectar el nivel de nuestro pensamiento teórico, lo cual era real y naturalmente desconocido por la mayoría de los miembros de la asociación.

Cierto es que fue la primera presencia importante en número –claro está– de críticos cubanos, y la primera vez dentro de la dinámica de un congreso de la asociación y la pragmática de trabajo. Se impone entonces, significar el hecho de que se haya desarrollado en la Habana, haber creado expectativas favorables y haber dotado de voz la sección cubana, involucrando a las instituciones artístico-culturales y a las academias.

Pero, si partimos de la aun limitada resonancia de la voz crítica de pequeños países caribeños y de otras regiones del Sur, en proyectos en los cuales esta visión resultaría pertinente, sería sustantivo que las reuniones de trabajo de la asociación, en sus diferentes modalidades, se propongan programas viables que den cabida a la necesaria circulación variopinta del criterio, el pensamiento y la investigación de los que integran esta internacional agrupación, más allá de una filiación nominal. Sin crear nuevas y complejas iniciativas, que demandarían de recursos inexistentes –ya se sabe– se podría tomar en cuenta esa exclusividad que se enriquece con los cruces transversales y, eso es sobre todo posible con una apertura y promoción indagatoria del potencial que existe en la organización. Es solo cuestión de dar color a los canales y proyectos que existen y los que surjan, teniendo presente lo que puede multiplicar el alcance de un fenómeno visto por todos lo que son capaces de tributar también, con hondura, a enfoques no escuchados. Un congreso es un momento importante, no hay dudas. Las estrategias de trabajo cotidiano pueden trascenderlo.

Carina Pino Santos. Crítico de arte, curadora y editora

El 49º Congreso de la AICA en Cuba fue una oportunidad singular para que especialistas y artistas pudiesen acceder a debates y reflexiones sobre la producción artística en las condiciones globales en el siglo XXI. Fue un intercambio provechoso para todos, en el que además, se le otorgó un merecido homenaje a la Doctora Adelaida de Juan, de Cuba, que recibió el Premio Internacional AICA a la Contribución Distinguida a la Crítica de Arte, lauro que puso de relevancia sus aportes a la crítica latinoamericana y caribeña. El simposio “Nuevas utopías: arte, memoria y contexto” fue asimismo una posibilidad especial, encuentro donde también se abordaron análisis profundos y complejos sobre el devenir de las artes visuales en el contexto de América Latina. Igualmente la comunidad intelectual y artística cubana se sintió honrada y estimulada por la visita de un nutrido grupo de expertos internacionales que reconocieron el papel fundamental de la Bienal de La Habana, y la fuerza de los imaginarios artísticos creados por cubanos en el escenario mundial. No menos importante es recordar que el éxito de este importante evento fue resaltado por el presidente de la AICA, Marek Bartelik. Como miembro del capítulo Cuba de la Asociación, para mí fue un estímulo inolvidable ser partícipe del Congreso, cuyos logros también se deben al entusiasmo con que trabajaron nuestros colegas cubanos y, desde luego, al apoyo y a la contribución de los miembros de los capítulos de AICA a nivel mundial que asistieron al evento en Cuba.

Rafael Acosta de Arriba. Crítico de arte, investigador y editor

La realización en La Habana del Congreso de la AICA fue un verdadero suceso cultural y un éxito organizativo. En la larga historia de los eventos culturales celebrados en el país después de 1959 (y antes también), esta reunión de los críticos de arte del mundo marca un hito indiscutible. La presencia de renombrados intelectuales y la posibilidad de que interactuaran con los locales, el temario, las propias discusiones y los eventos colaterales otorgaron por una semana a La Habana la condición de capital internacional de la crítica de arte. Nunca antes se realizó en la Isla un evento semejante y de tanta importancia para los integrantes del gremio, un evento que ausculta, critica y promueve las artes visuales cubanas. Por otra parte, el desarrollo del arte en Cuba demandaba una ocasión así. Me sentí sumamente bien en las actividades en que participé y sentí que el equipo de colegas que lo organizaron desde la Isla, encabezados por el crítico David Mateo, merecen todo nuestro reconocimiento, pues hicieron posible algo que poco antes parecía solo una quimera. Para la filial cubana de la AICA es su éxito mayor, sin dudas.


Nahela Hechavarría Pouymiró. Crítica de arte y curadora. Especialista del Departamento de Artes Plásticas de Casa de las Américas

El Congreso AICA 2016 tuvo a mi modo de ver una relevancia particular para el contexto de la crítica en Cuba, toda vez que significó el encuentro con críticos e investigadores de diversos orígenes e intereses, así como el reconocimiento a figuras fundacionales dentro del capítulo AICA Cuba y de la crítica de artes visuales en la región caribeña, como es el caso de la Dra. Adelaida de Juan.

Igualmente, al concebir un programa que tratase de equilibrar las sesiones teóricas y los debates prácticos al interior de la organización, al tiempo que realizaran visitas a instituciones culturales (centros de arte, galerías, el Instituto Superior de Arte…) y a los estudios de artistas, o el recorrido por las salas del Museo Nacional de Bellas Artes, contribuyó a propiciar un acercamiento primigenio de este conjunto de críticos internacionales al arte cubano que se produce hoy en la Isla. Esta apuesta por la visibilidad de la creación y la crítica cubanas fue todo un acierto, sobre todo cuando se aprovechó, durante una de las sesiones, para entregar los Premios de Crítica y Curaduría nacionales, y el premio al joven crítico AICA 2016.

Como señalamiento, solo anotar que quizás faltó más promoción al público, en tanto el Congreso tenía sesiones abiertas de las que se podía haber beneficiado el resto de la comunidad de críticos cubanos (muy pocos asistieron), aquellos que no son miembros de AICA, así como la participación de los estudiantes de Historia del Arte.

Margarita González. Crítica de arte y curadora. Subdirectora del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” y Bienal de La Habana

Luego de concluido este Congreso, celebrado en octubre pasado, podemos sacar algunas conclusiones positivas. Nos permitió, ante todo ser la sede de forma real de este importante evento, cuando algunos lo dudaban o les parecía imposible. La posibilidad de conocer a los invitados de diferentes partes del mundo que nos acompañaron, fue una posibilidad única. Se sabe que el conocerse de forma física, poder conversar, dialogar, debatir, es muy importante en nuestro mundo del arte. No es lo mismo dialogar por correo electrónico que en persona, eso crea un poco más de relaciones, de compromiso y de seguridad.

Otra posibilidad que nos aportó el Congreso fue poder disfrutar de interesantes conferencias de los invitados, conocer la historia de nuestra organización, encontrarnos con personas, incluso de Cuba que hacía tiempo no veíamos y que el Congreso las hizo venir. Todo evento deja huellas, sobre todo en las personas implicadas y participantes. Creo que el Congreso dejó además huellas, para la comunidad de críticos y especialistas de nuestra ciudad, sobre todo. Ojalá se repitiera más adelante, para seguir ampliando nuestro conocimiento y nuestras relaciones.

Margarita Sánchez Prieto. Crítica de arte y curadora. Especialista del Centro “Wifredo Lam”

Por lo regular, la rotación de estos Congresos por países afiliados al AICA facilita el conocimiento de la crítica y escena artística del país designado sede, y Cuba gozó igualmente de este beneficio. De ahí que el programa incluyera visitas a muestras de arte cubano, además de las conferencias y ponencias de los críticos. Lo que llamó la atención fue que se decidiera celebrar su 49º Congreso aquí, poco tiempo después de re-constituirse el Capítulo Cubano del AICA, tras 20 años de ausencia y del incremento notable de su membresía. Tal parece como si esta decisión respondiera a un acto de justicia, amén del interés que históricamente ha despertado Cuba. Pero sea la razón que haya sido, el hecho que los críticos extranjeros vieran segmentos de nuestro arte, escuchado nuestros puntos de vista y textos críticos, es ya ganancia para nosotros y también para ellos.

De este congreso me complació que se dedicara una de las sesiones a las islas del Caribe, caracterizadas por su diversidad cultural y riqueza de sus producciones artísticas, pues, aunque próximas geográficamente, su desempeño en el campo de la crítica es parcialmente conocido y pocas veces supera el marco regional. De igual modo, que los asistentes pudieran conocer la larga historia y nivel de la crítica en la Isla –baste mencionar la ponencia de la Dra. Luz Merino y la del crítico Antonio Eligio Tonel–, resultado del empeño de sus profesionales, de algunas figuras por difundir las voces del patio y de la institucionalidad. Fue bien recibida la decisión de otorgar premios a los críticos jóvenes, tanto por ellos como por los miembros de otras generaciones. Disfruté asimismo la disertación de Robert Storr, de quien conocía su interesante texto sobre la obra de Louise Bourgeois –exhibida en La Habana en una memorable muestra que incluyó sus gigantescas arañas–, y algunas reflexiones sobre el evento bienal luego de su experiencia como Curador General de la de Venecia.

Justamente sobre la Bienal fue mi participación. Junto a mis colegas Dannys Montes de Oca y Nelson Herrera Ysla integré el panel titulado “Bienal de La Habana: Pasado, Presente y Futuro”. Esta invocación de recorrido que sugería el título resultaba idónea para hablar sobre la evolución del modelo bienal, sus diferentes etapas, a qué se han debido los cambios en el concepto curatorial y cuál ha sido el pensamiento del evento. Si bien cada edición obliga a su análisis y, de hecho. suscita artículos con disímiles criterios, en mi opinión en las últimas hubiese sido necesario un diálogo más estrecho con los críticos para ponerlos al tanto de hasta qué punto la marcha reciente del arte en otros ámbitos, al trasladarlo e imbricarlo a nuestra realidad y a lo que aquí se produce, ha impuesto ciertas exigencias y transformaciones a nuestro ejercicio curatorial; y, de igual modo, por qué nos interesaron determinadas prácticas artísticas más que otras y cuán pertinente resultaron, en ese sentido, las obras de algunos artistas foráneos y de acá. Este panel ofreció la posibilidad de que la crítica local presente en el público tuviese más elementos para sus valoraciones y, sobre todo, que los invitados conocieran los fundamentos de la Bienal y de su evolución a través de las imágenes de las obras que han participado en sus doce ediciones. Ellas patentizaron nuestro interés en tomarle el pulso a la creación –principalmente la del llamado Sur–, el trabajo con el arte internacional y la pertinencia de atender los cambios que se están produciendo en el arte y su concepto. La labor de la crítica nacional e internacional es mediadora, y si no existe un conocimiento acertado de la curaduría de la Bienal es imposible que los críticos puedan acercar sus obras al público. Espero que mi disertación sobre la “transición curatorial” del evento cubano haya sido de utilidad para las distintas partes de la audiencia que reunió el Congreso.

Israel Castellanos. Crítico de arte y curador

Considero que, para Cuba, el 49º Congreso de la AICA resultó memorable por más de un motivo. Fue el primero celebrado en el país, con significativa participación de invitados y delegados procedentes de diversos lugares del mundo, quienes pudieron contactar directamente e intercambiar puntos de vista en un intenso y apretado programa de actividades diseñado en tiempo récord.

Además, la celebración de este congreso en la capital de Cuba podría incidir en el reposicionamiento de sus críticos de arte en el mapa de la AICA, donde habían plantado bandera muchos años antes de la fecha dada por sentada.

Aprobados en el 47 Congreso Internacional de Eslovaquia. Septiembre 2014

  1. Rafael Acosta de Arriba
  2. Ramón Cabrera Salort
  3. Israel Castellanos León
  4. Magaly Espinosa Delgado
  5. Antonio Fernández Seoane
  6. Margarita González Lorente
  7. Nahela Hechavarría
  8. Ibis Hernández Abascal
  9. Nelson Herrera Ysla
  10. Llilian Llanes Godoy
  11. Mailyn Machado
  12. Luisa Marisy
  13. David Mateo Núñez
  14. Dannys Montes de Oca
  15. José Manuel Noceda Fernández
  16. Carina Pino Santos Navarro
  17. Hilda Rodríguez Enríquez
  18. Margarita Sánchez Prieto
  19. Sandra Sosa Fernández
  20. María Cristina Vives Gutiérrez
  21. Yolanda Wood Pujols
  22. Jorge Luis Rodríguez Bermúdez
  23. Julia Portela
  24. Corina Matamoros
  25. Adelaida de Juan Seiller
  26. Moraima Clavijo

Aprobados en el 48 Congreso de Londres. 2015

  1. Caridad Blanco de la Cruz
  2. Marilyn Sampera Rosado
  3. María Pereira Perera

Aprobados en el 49o Congreso AICA-Cuba. Octubre 2016

  1. Roberto Cobas Amate
  2. Frency Fernández
  3. Jorge Antonio Fernández Torres
  4. Cristina Figueroa Vivez
  5. Samuel Hernández Dominicis
  6. Isabel María Pérez Pérez
  7. Luis Rey Yero Pérez

Por Cristina Vives. Crítica de Arte y curadora

Palabras de bienvenida de Estudio Figueroa-Vives

Queridos amigos, muy buenas noches.

Les doy la bienvenida en nombre del Estudio Figueroa-Vives para clausurar la exposición Interruptos-Continuos, inaugurada el pasado mes de junio en colaboración con la embajada de Noruega, y que hoy podrán ver en ambas sedes.

No es frecuente que una sede diplomática mantenga abierta al público sus puertas, o que establezca relaciones de comunidad con el barrio donde habita, o que se convierta en un espacio de exposición o de proyección de cine, o de encuentros teóricos. Pero esta embajada decidió ser “abierta y transparente” y lo ha logrado con acierto.

Como muchos saben, esta es la séptima exposición de nuestro proyecto conjunto, que hemos mantenido ininterrumpidamente desde el 2014 a la fecha.

Podemos decir que nuestras exposiciones CONJUNTAS ya son esperadas entre la comunidad artística con expectativa –cosa que nos incita a nuevos intentos; y también podemos decir que las inauguraciones suelen ser MUY concurridas – Y ESO NOS ESTIMULA SOBREMANERA.

Pero, en esta ocasión, les hemos invitado por primera vez a una clausura, no a una inauguración, y eso no indica fin, sino continuidad.

Lo hemos hecho por tres razones:

  • La primera es una cuestión de timing, pues cuando inauguramos a finales de junio, ya algunos de ustedes, e incluso algunos artistas de la exposición, estaban de vacaciones o fuera del país en otros compromisos, entonces sentimos algunas ausencias que hoy estamos reparando;
  • la segunda es una razón de constancia y convicción, porque en junio estábamos despidiendo al embajador John Peter y a su esposo Paco Cabrera, los creadores de este proyecto de colaboración, y hoy damos la bienvenida a la embajadora Ingrid Mollestad, quien nos dijo al día siguiente de su llegada: “SEGUIMOS”.
  • la tercera razón para esta clausura es una pura y feliz coincidencia con la celebración en La Habana del 49º Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) cuyos delegados e invitados están aquí esta noche.

Podemos decir que ahora mismo estamos dentro de un think tank en materia de arte, y ojalá las obras de Interruptos-Continuos pase la prueba de su juicio crítico.

Agradecemos a la AICA su visita que mucho apreciamos; a David Mateo nuestro presidente AICA Cuba por su tenacidad para con este Congreso y esta visita de hoy; y a Ingrid, nuestra nueva vecina por su hospitalidad.

Palabras de bienvenida de la Embajadora de Noruega en Cuba Ingrid Mollestad

Estimados amigos:

Como ha dicho Cristina: “soy su nueva vecina”, y me da mucho gusto darles la bienvenida a todos en nuestra casa, vuestra casa, la Embajada de Noruega en La Habana.

Esta noche es especial porque estamos clausurando la exposición que mantuvimos abierta durante todo el verano y lo hacemos con la visita de un grupo de importantes críticos de arte, académicos, especialistas y promotores culturales de muy diversos países y de Cuba, invitados al 49º Congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) que se celebra en La Habana. Es un honor tenerlos a todos aquí esta noche y les deseamos unas sesiones teóricas y una visita inolvidables a esta ciudad. Saludo en particular a su presidente, el Sr. Marek Bartelik aquí con nosotros, al vicepresidente Carlos Acero y al Sr. David Mateo, presidente AICA CUBA.

Yo acabo de llegar a esta bella Isla como embajadora de mi país y reconozco que estoy en una nación excepcionalmente rica por su arte y su cultura. Me siento además heredera de este interesante proyecto de colaboración con el Estudio Figueroa-Vives, nuestros vecinos más cercanos, quienes son una familia de artistas y críticos de arte que por más de 20 años han trabajado con éxito y prestigio por la cultura de su país.

A través del Estudio Figueroa-Vives hemos podido conocer directamente a muchos de los mejores artistas contemporáneos cubanos y hemos tenido acceso a un público tan conocedor como ustedes.

No es frecuente que una sede diplomática mantenga abierta al público sus puertas, o que establezca relaciones de comunidad con el barrio donde habita, o que se convierta en un espacio de exposición o de proyección de cine, o de encuentros teóricos. Pero somos una embajada “transparente” y es nuestro deseo apoyar y ser parte del movimiento creativo del país.

Deseamos que nuestra embajada siga siendo útil al desarrollo del arte y la cultura cubanos; que los artistas y críticos nos acepten como admiradores de su trabajo, y que nuestra colaboración les ayude a hacer cada vez una obra mejor.

Gracias a todos por venir esta noche, y les prometemos nuevas exposiciones conjuntas con el Estudio Figueroa-Vives, a las que todos estarán cordialmente invitados.

Programa general de actividades. 49 Congreso AICA-Cuba

Domingo 9 y lunes 10

Llegada de los delegados internacionales y alojamientos.

Martes 11

Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA): Edificio de Arte Cubano

9:00 am-5:00 pm: Acreditación (Entrada del edificio de Arte Cubano)

9:30 am-5:00 pm: Reunión de las nueve Comisiones del 49º Congreso de la AICA (Sala de Audiovisuales y Hemiciclo)

10:00 am-12:00 m: Recorrido guiado por las Salas Permanentes de Arte Cubano del Museo Nacional y de las dos exposiciones transitorias del mes de octubre

12:30-2:00 pm: Almuerzo

(Restaurante del MNBA)

2:30-5:00 pm: Visita a galerías de arte ubicadas en La Habana Vieja . (Factoría Habana y Fototeca de Cuba)

Ceremonia de apertura

(Teatro del MNBA)

6:30 pm: Recibimiento a los delegados e invitados

7:15 pm: Discursos inaugurales / Entrega del Premio AICA a la Contribución Distinguida en el Ejercicio de la Crítica de Arte

Museo Nacional de Bellas Artes

(Patio del Edificio de Arte Cubano)

8:30 pm: Actividad artística y brindis Actuación del Grupo de Danza Retazos

Miércoles 12

Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA): Edificio de Arte Cubano

9:30 am-12:00 m: Reunión del Consejo Administrativo (Hemiciclo, MNBA)

9:30 am-12:00 m: Recorrido guiado por las Salas Permanentes de Arte Universal. (Para los delegados e invitados que no participen en el Consejo Administrativo)

12:30-2:00 pm: Almuerzo

(Restaurante del MNBA)

2:30-5:00 pm: Asamblea General (Teatro)

6:00-7:00 pm: Visita al estudio del artista Carlos Garaicoa

7:30-9:00 pm: Clausura de la exposición Interruptos-continuos. Estudio Figueroa-Vives/Embajada de Noruega

Jueves 13

Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA): Edificio de Arte Cubano

9:30 am-12:00 m: Simposio “Nuevas utopías: arte, memoria y contexto” (Teatro del MNBA)

12:30-2:00 pm: Almuerzo (Restaurante del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”)

2:00-6:00 pm: Simposio “Nuevas utopías: arte, memoria y contexto” (Teatro del MNBA)

Actividades nocturnas

7:00 pm: Visita a las exposiciones del IX Encuentro Nacional de Grabado. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV), La Habana Vieja

Viernes 14

Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” (CWL)

9:30 am-12:00 m: Panel de reflexión: “Bienal de La Habana: pasado, presente y futuro”

Entrega del Premio Nacional de Curaduría y Crítica “Guy Pérez Cisneros”, auspiciado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP)

Visita a las exposiciones del CWL

12:30-2:00 pm: Almuerzo (Restaurante del Museo Nacional de Bellas Artes)

2:30 pm: Visita a la Universidad de las Artes (ISA)

3:00 pm: Visita al Museo Orgánico de Romerillo (MOR): Kcho Estudio

5:00 pm: Visita a la galería “Villa Manuela”, Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Encuentro con jóvenes artistas

6:00 pm: Visita a la Fundación Ludwig de Cuba

8:00 pm: Muestra colectiva de artistas jóvenes. Estudio-Taller grupo Serones

Sábado 15

Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam” (CWL)

9:30 am: Panel de reflexión “AICA en El Caribe”

1:00 pm: Ceremonia de Clausura del 49º Congreso Internacional de la AICA. Entrega del Premio Incentivo a Jóvenes Críticos. Actividad con grupo de música tradicional cubano Septeto Habanero

6:00-7:00pm: Visita al estudio del grupo Los Carpinteros

7:00-8:00pm: Encuentro con diseñadores cubanos. Visita a la casa de los diseñadores Pepe Menéndez y Laura Llópiz

Domingo 16

Actividades poscongreso

Viaje a la ciudad de Matanzas

Visita a la Fortaleza de San Severino, en la bahía de la ciudad, convertida en el Museo de la Ruta del Esclavo

Visita al Balneario Internacional de Varadero

Lunes 17

Recorrido por la Escuela Nacional de Ballet, almuerzo en restaurante, y visita a Finca Vigía

Lunes 17 y martes 18

Partida de los delegados

Por: Luz Merino Acosta. Crítica de arte, investigadora y profesora de la Facultad de Historia del Arte de la Universidad de La Habana

Buenas noches

La crítica es el ejercicio del criterio, este enunciado martiano ha sido la guía de Adelaida de Juan, quien ha tenido una vida dedicada a la crítica durante más de cincuenta años.

Hurgando en revistas y periódicos, encontré que su primer ejercicio crítico data de 1955 publicado en la revista Lyceum sobre René Portocarrero, importante pintor cubano, en aquellos momentos en plena contemporaneidad.

Mas lo interesante de su entrega al ejercicio crítico es cómo De Juan combinó tal praxis con sus conocimientos sobre historia del arte, la docencia universitaria y la investigación, acciones no separables en su larga trayectoria profesional.

Matriculó en 1948 la carrea de Filosofía y Letras, curiosamente el año en que se reúnen en París algunos especialistas con la idea de convocar una reunión de críticos de arte. En la Universidad de La Habana y en la mencionada carrera conoció un universo inexplorado por ella, pero no solo le impactó lo que descubría sino también la manera en que esta se produjo, la resultante del proceso fue la apuesta por una dirección en los estudios sobre el arte, en una época en la cual la carrera de historia del arte no se había aún conformado en nuestro país.

Al triunfo de la Revolución se integra a trabajar en el más alto centro docente y tuvo, junto a la Dra. Rosario Novoa, una decisiva impronta en el diseño de la carrera de historia del arte la cual, a la luz de la reforma universitaria (1963-64), se constituyó en un nuevo saber en los estudios de la recién creada Escuela de Letras.

A partir de aquí se produce una interacción entre sus conocimientos de la historia del arte, la docencia universitaria y la crítica. Adelaida coloca una lupa en las producciones poco estudiadas, o no consideradas arte por la historiografía en aquel horizonte de los años sesenta. “Abela, el Bobo y la pintura”, de 1964, será uno de los puntos de partida para la indagación de la caricatura.

Hacia finales de los sesenta publica “La belleza de todos los días”, texto en el que posiciona el cartel en la retícula artística y ejerce la crítica sobre una producción actuante, método que usará sistemáticamente. Hoy día es un lugar común referirse al cartel, y es indiscutible que el tema cuenta ya con una fortuna crítica apreciable, pero cuando nuestra autora se lo planteó, desde la crítica, se ocupó de algo con muy pocos antecedentes bibliográficos y, sobre todo, que no se examinaba desde la mirada de la creación artística.

Época en la cual se hablaba de un distanciamiento, entre la historia del arte y la crítica. Tal vez por nuestro carácter periférico, por el propio desarrollo de los estudios sobre el arte, desde el cual siempre se ha privilegiado lo contemporáneo, se produce una simétrica relación entre la producción del día y el sentido de la historia. Desde una determinada perspectiva, De Juan se situaba con el cartel en los márgenes pues, definitivamente, no era una producción áurea para los especialistas, aunque por otra, respondía a su concepto de la contemporaneidad, desde la crítica.

La caricatura y el cartel se direccionan en sendos libros como resultado de la relación entre la crítica y la indagación, y así se editan: La Caricatura de la República y Pintura y Gráfica en la Revolución.

Otra ruta de trabajo de nuestra autora es la que comprende los estudios sobre América Latina y El Caribe. Respecto a Latinoamérica su labor puede calificarse de sistemática y regular, línea que la ha erigido en cronista de su tiempo por haber conformado un importante legado sobre el hacer del arte que transita prácticamente por casi todos los países del continente.

Pero también será uno de los primeros críticos en abordar el área del Caribe. Ya en 1976 en Encuentro de cuatro países caribeños aparecerán los primeros análisis sobre el tema, acompañados de un pensamiento indagatorio. Un año después se edita África en América Latina, texto de expertos donde el acercamiento, totalmente inaugural, sobre la temática, resultó inesperado para la propia autora.

No obstante la ausencia de una fortuna crítica sobre el Caribe, De Juan pudo acometer la labor crítico investigativa gracias a sus amplios y sólidos conocimientos de la historia del arte y de las estrategias de la teoría histórica; ello le permitió el acercamiento a un universo particular con otras definiciones de nacionalismo artístico, matizadas por intereses y relaciones culturales distintas.

Como sabemos, el arte del Caribe ha sido trabajado por otros autores, pero el carácter iniciático del estudio de Adelaida de Juan resultó fundamental no solo para los historiadores del arte cubano, sino también para los críticos y especialistas de los países caribeños.

El sentido inaugural que recorre gran parte de su obra se puede hacer extensivo a la cerámica, la fotografía, el ballet. También prestó atención a la mirada de género recogida en la edición Del Silencio al Grito. Y no se deben olvidar los textos para catálogos “Las paradojas de Rafael Blanco” (1986) que hablan de esa labor del crítico vinculado a museos y galerías, tarea en la cual convergen la contemporaneidad y la historia.

La crítica de la crítica ocupa un espacio en su quehacer. No se interesa en discurrir sobre la crítica, sino en analizar y desmontar a otros críticos, es el caso de José Martí y Alejo Carpentier. Su reflexión analiza el pensamiento de los otros así como los modos y maneras en que se plantearon la crítica y, a la vez, se nutre de la experiencia que ellos tuvieron y desplegaron en sus respectivos horizontes de gestión.

A lo largo de más de 50 años, la autora ha tenido al receptor como elemento medular para la conformación discursiva. Y se ha proyectado en soportes diferenciados, ha escrito para ediciones especializadas y de divulgación, las cuales conforman una malla editorial que ha actuado como plataforma de su crítica. Así: Bohemia, Cuba Internacional, Revolución y Cultura, Unión, La Gaceta, Juventud Rebelde, Casa de las Américas y el periódico Granma, se han entrelazado para mostrar sus discursos críticos, y en todas estas publicaciones se aprecia un determinado registro cultural. Podría hablarse de una intencionalidad discursiva en función de las ediciones, y públicos-meta, porque la autora conjuga de manera armónica y acertada la crítica pública, inmediata a los estudios analíticos académicos.

Junto a los problemas del discurso y la recepción, se advierte en Adelaida de Juan la conciencia de que la crítica es un género literario en el cual, como se ha expresado por diversos especialistas, hay que escribir bien y trasmitir mediante un lenguaje literario las ideas con claridad y sencillez. Como se ha apuntado, la claridad es una evidencia de la formación humanista, revela un trasfondo cultural.

La disertación crítica de Adelaida de Juan suele asentarse sobre la imagen, la representación. Sin desdeñar otros aspectos, la visualidad se privilegia y, desde ella, se establecen relaciones contextuales, culturales y hermenéuticas. No se escamotea la descripción cuando es necesaria para develar lo que encierra la imagen.

Adelaida ha aportado un modelo de historiador y crítico de arte como conjunción inseparable que tributa a ambas partes, pero también a una ética. Esto se hace más evidente cuando se repara en su labor profesoral. Desde hace más de 25 años imparte una asignatura denominada Taller de crítica de arte, materia que llegó para quedarse, primero como asignatura opcional y que, desde 1992, forma parte del currículo de la carrera de historia del arte como indudable contribución al ejercicio de la crítica desde la academia. Además, conjuga esa mirada de que la crítica no se aprende ni se enseña, sino que se ejercita, de ahí su propuesta cuando se creó la asignatura, de que se asentara en la práctica. Porque su labor crítica ha potenciado nuevas miradas y ha abierto ventanas a campos del saber, con lo cual se ha convertido en una contribuyente al concepto ampliado de la disciplina. Gracias a su intuición crítica ha sabido ver en cada momento aquello que, desde la novedad, era portador de una verdadera artisticidad.

Este siglo muestra el libro Visto en La Habana, que recoge la producción crítica realizada por la autora entre los años 2005 y 2010. Un conjunto de reseñas de exposiciones colectivas y personales de artistas cubanos y latinoamericanos, expuestas en diferentes espacios habaneros de visibilidad, donde se incluye además un texto inédito, dedicado a la presencia afrocaribeña en el arte cubano.

Pero no piensen ustedes que ella ha concluido y que este homenaje es para cerrar esa vida entregada a la crítica. No, ella continúa, las limitaciones que ahora presenta no son fronteras, prosigue su camino escribiendo, pensando nuevos libros, compilando nuevas críticas o revisando una nueva edición. Por ello, en una noche como esta de homenajes y emociones, los miembros de la AICA y todos los aquí presentes asumimos la máxima martiana: Dra., “honrar honra”.

Muchas gracias

AICA anuncia el texto ganador y las menciones de honor

El jurado del Premio AICA de Incentivo a Jóvenes Críticos 2016, integrado por Sara Hermann (República Dominicana), Michael Asbury (Gran Bretaña) y Carlos Acero Ruiz (República Dominicana), declaró ganador del concurso a Victor Wang (Canadá-Reino Unido) por su artículo “The Creation of ‘Sanctioned Spaces’ and the Fall of the Cuban Wall: The 12 Bienal de La Habana” / “La creación de ‘espacios sancionados’ y la caída del muro de Cuba: La 12 Bienal de La Habana”.

El jurado otorgó dos menciones honoríficas, la primera a Francisco Dalcol (Brasil) por su ensayo “Ruinas de la modernidad y utopías fracasadas: la fotografía de Romy Pocztaruk”, y la segunda a Yenny Hernández Valdés (Cuba) por su texto “El gusto por el cuerpo. Estrategias discursivas de la novísima generación de fotógrafos cubanos del cuerpo”.

El jurado y la Comisión de Premios de AICA, presidida por Adriana Almada, felicitan a todos los participantes, enfatizando que elegir el mejor texto crítico no fue fácil, dada la naturaleza y la diversidad de contenido y estilo de los trabajos presentados a concurso. Los mismos fueron escogidos entre 29 aplicaciones válidas, sobre un total de 39 (27 en español y 12 en inglés), procedentes de Cuba, Irlanda, Estados Unidos, El Salvador, Barbados, Brasil, Guatemala, Venezuela, Grecia, España, México, Corea del Sur, Gran Bretaña, Guyana y Puerto Rico.

El premio consiste en un viaje a La Habana, Cuba, para asistir al 49º Congreso de la AICA Internacional que se desarrollará en esa ciudad entre el 11 y el 15 de octubre de este año, y una membresía de tres años en la Open Section de la AICA, ofrecida por la Comisión de Becas. Como Victor Wang no podrá asistir en esta ocasión al evento, debido a compromisos profesionales previamente contraídos, AICA Internacional decidió invitarlo a participar en su próximo Congreso, que se llevará a cabo en 2017, en lugar a confirmar.

El texto premiado y los distinguidos con mención de honor serán publicados en el website de AICA Internacional: www.aicainternational.org

Ganador. Victor Wang (Canadá-Reino Unido)

Mención honorífica. Yenny Hernández Valdés (Cuba)

Mención honorífica. Francisco Dalcol (Brasil)

Por: Less. Estudiante de la Facultad de Historia del Arte

La presencia en La Habana de los miembros de la AICA en su 49º Congreso Internacional significó –para quienes formamos parte del gremio cultural cubano– la oportunidad de involucrarse en la circulación de ideas relacionadas con la disciplina de la crítica de arte fuera de nuestro territorio. El interés por fomentar el intercambio entre los creadores nacionales y las personas que han contribuido a visibilizar y valorar la producción de artistas diversos en las últimas décadas, se concretó finalmente con la visita al Estudio-Taller del dúo Serones. En un afán de extender algunos de los lenguajes estético-formales recurrentes en las jóvenes generaciones, el espacio acogió el trabajo reciente de una pequeña representación del movimiento artístico nacional emergente.

Entre los presentes –además del dúo citado– se encontraban Michel Chailloux, Karlos Pérez y la plataforma creativa Stainless, vinculados en especial a lo pictórico desde hace algunos años. Dentro de este elenco, se descubre en los Serones la presencia históricamente sólida del paisaje como temática plástica. En sus obras, el tópico alcanza notabilidad desde lo matérico y, en términos espaciales, elucubrando territorios inhóspitos y distancias quiméricas. El caso de Michel Chailloux, por otro lado, rinde culto al paisajismo desde la afinidad por lo zoológico. Este aliciente es convocado por el artista en ámbitos que presuponen realidades incompatibles. Entre tanto, en la poética de Karlos Pérez lo plástico se traduce como el resultado de un proceso creativo vinculado directamente con la fotografía y el deterioro. Las imágenes resultantes en sus lienzos son una suerte de pastiche fotográfico de imaginarios sociales, donde no escapan el desgaste ni las grietas de los rollos originales. Por último, Stainless propone un discurso estético sostenido en la obsesión por lo repetitivo, la alteración de motivos y el gusto por lo kitsch que suelen rozar –en ocasiones– lo excéntrico. Hay en sus trabajos, al mismo tiempo, un apetito por la desacralización y lo burlesco que empatiza con el espíritu posmoderno.

Sin mayores pretensiones, la visita se ciñó al encuentro y al intercambio. Minúscula y reducida, la nómina solo expresó el registro del choque entre estos entes culturales.