
El silencio y lo intangible: dos exposiciones simultáneas en el Museo de Arte de Nogales
Por Pancho López
El Museo de Arte de Nogales, ubicado en la frontera entre México y Estados Unidos, inauguró recientemente “Superficies intangibles: cinco miradas femeninas en torno al territorio”, exposición en la que participan Renata Olvera, Ivette Cedillo, Shelly Sarfatti, Thalía Gutiérrez y Celeste Flores. Bajo la curaduría de Pancho López, la muestra propone al espectador un acercamiento tanto al espacio físico como al metafórico. En ella se entrecruzan las miradas de estas artistas, quienes, desde lenguajes y disciplinas diversas, construyen un entramado simbólico, emocional y político a través de sus obras. Los ejes que articulan la exposición —la memoria, el tránsito y la transformación— se despliegan como territorios sensibles en constante mutación.
La muestra plantea diálogos sutiles entre piezas que, aunque nacen de prácticas distintas, se rozan y se interpelan entre sí. El hilo conductor se sostiene en elementos primarios —la naturaleza y el desierto, la tierra, la arena, la flora— entendidos no como simples referentes paisajísticos, sino como materias cargadas de significado, capaces de narrar historias de resistencia, fragilidad y pertenencia.
Desde una perspectiva femenina, el territorio se desplaza de su concepción tradicional: asociada a la conquista, la delimitación o la posesión, para convertirse en un espacio de experiencia íntima y de relación. Las obras no sólo representan el territorio: lo encarnan. Lo fragmentan, lo reconstruyen o lo evocan desde lo matérico y lo poético. Las superficies se vuelven intangibles al activar capas de sentido que remiten a lo invisible: el paso del tiempo, la erosión, la memoria del cuerpo en el espacio, las huellas que persisten y las que se desvanecen. La exposición invita así al espectador a repensar su propia relación con el entorno, que termina por asumirse como protagonista.
De manera paralela, se inauguró “Silencios”, del artista regiomontano Emir Guerrero. Catorce dibujos y seis fotografías digitales ocupan una de las salas del museo. En esta propuesta, el dibujo y la fotografía establecen un diálogo donde el silencio se vuelve lenguaje. Aves, insectos y estructuras óseas, desprendidas de su referencia directa al cuerpo, se entrecruzan con imágenes y signos: ojos, flores, letras, fragmentos del cuerpo humano. En conjunto, revelan una preocupación por lo mínimo, por el detalle que roza la obsesión. El silencio aparece aquí como un espacio múltiple: intimidad, vacío, ausencia, pero también como un eco persistente que resguarda y erosiona la memoria. Transformado en lienzo, en línea, en gesto, el silencio adquiere materia: se vuelve trazo, se vuelve tinta. Permanece como residuo y como reverberación de algo que no termina de extinguirse.
Tanto la exposición “Silencios” como “Superficies intangibles”, permanecerán abiertas al público hasta el 3 de junio de 2026.

















