
De la serie: Cabezas clásicas. 2011. Técnica mixta sobre lienzo. 100 x 80 cm.
Metáforas para una utopía oxidada
Por Ángel Alonso
«Comprender una obra de arte significa comprender su carácter enigmático».
Theodor W. Adorno
Muchos artistas contemporáneos, en su afán de manifestar compromiso social, edifican sus discursos desde una literalidad que raya en el panfleto, renunciando a la complejidad simbólica que hace interesante una obra de arte, sobre todo cuando esta se produce desde una profundidad ética y a través de la construcción de metáforas reveladoras. Olvidan que la experiencia artística no es una simple validación ideológica; el verdadero arte perturba, sugiere, deja espacio a la interpretación libre del espectador.
Israel Naranjo Sandoval (nacido en La Habana, Cuba, aunque pinareño de corazón y de crianza) evita el lenguaje explícito y construye dispositivos poéticos que, lejos de ilustrar, encarnan su confrontación con el orden establecido y el poder. Sus imágenes no son comentarios directos, más bien representan estados de conciencia, en los que los significados se expanden y contradicen. Esta ambigüedad alimenta la fruición estética del espectador, quien lejos de encontrar una respuesta multiplica sus preguntas. Sus imágenes son rigurosas pero ascéticas; no quieren complacer a nadie, sino estimular el pensamiento.
Las escenas se presentan como fábulas de una enorme densidad, llenas de referencias históricas, culturales y políticas que, cuando no las conocemos, nos dejan ineptos para su lectura; incapaces de formular una hipótesis sobre lo que se nos quiere comunicar. Se nota una clara resistencia a la interpretación literal, el artista rechaza las obviedades y eso hace más fuerte su trabajo.
Hay un equilibrio muy especial entre dibujo y pintura, que aporta a sus cuadros un carácter documental, una apariencia de objeto encontrado, de pieza arqueológica. Son obras transmiten una sensación de antigüedad; uno siente en ellas la huella del tiempo. El dibujo es quien organiza la estructura visual (arquitecturas, mecanismos, anatomías), la pintura se encarga de la atmósfera, en la que se registran ambientes atemporales. Son entornos en los que nada es sólido, todo parece estar descomponiéndose.
A menudo el artista utiliza imaginarios medievales o elementos que aluden al barroco, sus imágenes recuerdan a los grabados antiguos, a las máquinas renacentistas soñadas por Leonardo. En ocasiones, las figuras parecen monumentales y absurdas al mismo tiempo. Hay una sensación de provisionalidad en sus representaciones, las estructuras que habitan sus cuadros parecen sobreponerse a un mundo hostil, a la condición transitoria de la humanidad.

De la serie: Bitácora de juego. 2024. Experimento gráfico sobre papel. 42 x 61 cm.

De la serie: Lecciones del Gran Hermano. 2026. Técnica mixta sobre lienzo. 60 x 75 cm.
En su serie Bitácora, el artista representa los aviones en un estado de suspensión; permanecen inmóviles, detenidos entre el despegue y el aterrizaje. Las escenas transcurren en ambientes erosionados, los artefactos remiten al deterioro, al desgaste. Son objetos obsoletos, que han perdido su impulso, solamente queda la inercia de sus significados simbólicos. Es lo militar vaciado de épica, sin exaltación tecnológica, sin heroísmo; no hay aquí soberanía ni poder, son instrumentos exhaustos, vulnerables. Más que máquinas de combate son fantasmas, reliquias de una manía de grandeza chovinista. Son aviones sin velocidad, recuerdos de una intención fallida, de una promesa que nunca se cumplió. Se sustituye aquí el significado de fortaleza que se atribuye a lo militar, en su lugar se muestra la fragilidad silenciosa del fracaso. El vacío amenazante, absorbe estos desorientados objetos.
Los cuadros tienen la apariencia de haber sobrevivido a una catástrofe; ostentan texturas similares a las de un muro descascarado, o a las de un mapa antiguo. Cada pieza es un fragmento de la memoria, una huella ruinosa y nostálgica. Hay además una carga psicológica en estas imágenes: los cielos blancos, la escala en ocasiones intencionalmente desproporcionada, produce una sensación de vigilancia. La presencia de formas circulares introduce un matiz metafísico: la escena bélica se confunde con una alucinación: el espejismo de una ideología pretenciosa, estática y fallida.
La serie no se limita a ilustrar un desencanto colectivo. Va más allá de reflejar un fracaso social, nos advierte sobre la fragilidad de lo humano, precisamente cuando sucumbe a las estructuras que él mismo construye para sostenerse. Son imágenes densas y silenciosas. Naranjo no pinta lo que ocurre sino su eco, pinta sobre lo que permanece mecánicamente cuando un camino ya no tiene sentido. También en su serie Líneas de flotación se percibe un carácter alegórico, no en el sentido narrativo, sino como construcción de sistemas simbólicos que apuntan con toda intención a lo inestable, esto hace que su obra sea un tanto críptica. Mecanismos de tensión, estructuras de andamiaje precario, representaciones vinculadas al mundo industrial, a los productos seriados… intentan sostener algo condenado al fracaso, al desequilibrio. El título, con su referencia a lo náutico, establece una metáfora del límite entre hundirse y sobrevivir.
En un cuadro, una diagonal roja corta el espacio y dinamiza la composición. La idea de tránsito se convierte en sacrificio. La fila de animales avanza sobre esa línea común en un ritual. Hay algo de procesión que nos recuerda las migraciones masivas, pero el elefante aislado rompe con la disciplina y polariza el cuadro, construyendo un discurso en el que el drama de caer es protagónico. La torre, ruina arquitectónica, remite a la utopía devastada. El artista nos sugiere que todo orden aparente se sostiene sobre la precariedad y la ausencia de estabilidad.

De la serie: Sembrador y el hombre nuevo. 2025. Técnica mixta sobre lienzo. 27 x 35 cm.

New Generation. 2012. Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 200 cm.
Otra obra de esa misma serie desplaza el conflicto hacia otro lado: el naufragio metafísico. En el centro hay una figura que puede ser vista al mismo tiempo como embarcación y como torre de vigilancia, máquina estrambótica que ayuda a sobrevivir en un entorno improbable y dificultoso. Las figuras pequeñas, atrapadas dentro del andamiaje, sugieren una humanidad reducida, confinada en estructuras precarias. Las figuras fantasmales del fondo transforman el espacio en un océano de elefantes helados, repetidos como muñecos de yeso, espectros que ironizan el kitsch en que vivimos envueltos. Las figuras que sostienen la máquina son las mismas que amenazan con devorarla. Lo civilizado, atado a su producción mimética y masiva, es cuestionado por la rotura del ritmo, por la alteración del orden del paquidermo que traiciona a la manada y se convierte en protagonista encima del artefacto.
Entre sus series más recientes, destaca Lecciones del gran hermano, en ella economiza aún más sus recursos, renuncia incluso a los mecanismos utilizados en series anteriores y acude a una imagen más naturalista, despojada de color, tranquila y transparente. La lección de la que nos habla el título apunta a la pasividad; la referencia a Orwell está muy lejos de ilustrar su famosa novela 1984, lo que hace el artista es tomar ese imaginario y desplazarlo hacia una escena de silencio, en la que los personajes manifiestan la pasividad de quien está tomando el sol. Ellos están alienados, pasivos, vigilados tal vez por un cuadrado abstracto que rompe con el realismo de la realización. Son al mismo tiempo alumnos y espectadores. El control no funciona por la violencia, sino porque las personas terminan interiorizando el miedo. El poder ha cambiado sus mecanismos, ya no domina desde la oscuridad, sino desde la saturación luminosa de una pantalla digital. Y ese cuadrado blanco, que es el núcleo conceptual de la obra, puede verse desde como un absurdo sol hasta como la vigilante cámara del Gran Hermano. La supuesta lección consiste en enseñar a mirar donde Él quiere que miremos.
Ya en la serie Sembrador y el hombre nuevo había dado un paso hacia la síntesis del discurso, cuando enfrentó a Alien, no con Martí, sino con su más popularizada imagen, aquella seriada, de yeso, que representa —a través de los desgastes del molde— la degradación de la propia sociedad que la produce. Alien no está frente a un José Martí vivo, sino a un fantasma tan erosionado e inservible como los aviones MiG de la fuerza aérea cubana, aquellos que el artista utilizó en su serie Bitácora.

De la serie: Bitácora de juego. 2022. Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 200.
New Generation es otra de las obras de Israel Naranjo donde la figuración, el imaginario mediático y la alegoría sociopolítica convergen en una misma imagen. Se establece en ella una fuerte tensión entre dos universos iconográficos, al fondo se puede ver la representación grisácea y desgastada de aquella generación guerrillera, soñadora, que desde antes del movimiento hippie ya portaba barbas y que nos prometió un mundo más justo, mientras que, en primer plano, encontramos la presencia artificial y saturada de un superhéroe reconocible. El Power Ranger irrumpe con una intensidad cromática violenta, generando una ruptura óptica que desplaza el centro de atención hacia la cultura del entretenimiento. Su cuerpo eclipsa a los personajes desteñidos del fondo, el ícono mediático domina sobre la experiencia del pasado. Hay una fractura entre representación y realidad: el personaje popular de ficción promete energía, juventud y poder, mientras que los sujetos reales representan el pasado y permanecen atrapados en una nebulosa de olvido y anonimato. El gran formato intensifica la experiencia inmersiva; el espectador no contempla la imagen, más bien se interna en ella. La escala convierte al personaje mediático en una presencia monumental, enfatizando el poder de la iconografía pop dentro de la sensibilidad contemporánea.
En general, son obras herméticas y ambiguas, refractarias a cualquier intento que pretenda descifrarlas de manera definitiva. El artista no concede una interpretación única ni una verdad estable desde la cual contemplarlas. El espectador puede reconocer formas, rastros o símbolos concretos, pero rara vez encuentra un significado evidente al que aferrarse.
Todo cuanto se intente explicar sobre esta propuesta se desplazará inmediatamente hacia otra región más abierta, incierta y metafórica; las obras parecen negarse a tener un sentido único. Puede leerse, sin embargo, como una meditación sobre el desgaste de las utopías colectivas y sobre la lenta erosión de aquellos ideales que alguna vez prometieron transformar el mundo. Lo que en otro tiempo inflamó el corazón de generaciones enteras de jóvenes soñadores, se ha convertido en una maquinaria fatigada que continúa moviéndose por pura inercia, repitiendo gestos vacíos, incapaz ya de reconocer el horizonte hacia el que avanza sin una dirección consciente, sin brújula.

Memoria persistente. 2003. Colagrafía. 52 x 63 cm.

De la serie: Bitácora de juego. 2023. Técnica mixta sobre papel. 56 x 76 cm.

De la serie: Línea de flotación. 2004. Técnica mixta sobre lienzo. 64 x 82 cm.

De la serie: Línea de flotación. 2005. Técnica mixta sobre lienzo. 80 x 100 cm.

Israel Naranjo Sandoval. Artista cubano.
