
Superficies para el encuentro: el reflejo como experiencia
Por Pancho López
En tiempos en los que gran parte del arte se contempla a distancia, la exposición Obsidiana Pulida: Superficies para el encuentro, del artista Jorge Ismael Rodríguez, propone un gesto poco habitual: acercarse, tocar y dejar que la obra responda.
Presentada en la sala de exposiciones temporales del Museo del Desierto, la muestra reúne tres grandes péndulos de obsidiana suspendidos en el espacio junto a una serie de repisas que exhiben lascas del mismo material. La tensión entre ambas presencias construye el eje de la exposición. Por un lado, superficies impecablemente pulidas que invitan al contacto y reflejan al visitante; por el otro, fragmentos filosos que recuerdan la naturaleza indómita de la piedra volcánica de la que provienen.
Originario de Zacatecas, pero nacido en la Ciudad de México, Jorge Ismael Rodríguez ha construido una trayectoria marcada por el interés en activar la participación del público. Su práctica abarca la escultura, la instalación, el dibujo, la gráfica digital y el performance, siempre con una búsqueda por resignificar materiales y acciones cotidianas a través de experiencias compartidas. Ha presentado su trabajo en países como Japón, Francia, Cuba, Estados Unidos y Canadá, consolidando una obra en la que la interacción no es un recurso, sino el centro mismo de la experiencia artística.
En Superficies para el encuentro, esa búsqueda encuentra un material cargado de historia. Aunque suele confundirse con una piedra, la obsidiana es un vidrio volcánico formado hace miles de años. Su dureza convive simultáneamente con una notable fragilidad, haciendo de su manufactura un proceso complejo que exige precisión técnica y paciencia. El resultado son superficies negras de un brillo profundo que parecen absorber la luz al mismo tiempo que la devuelven en forma de reflejo.
La exposición también dialoga con el imaginario ancestral asociado a la obsidiana. Utilizada durante siglos para fabricar herramientas, espejos y objetos ceremoniales, este material ha estado ligado a ideas de origen, transformación y conocimiento. En el trabajo escultórico de Jorge Ismael Rodríguez, estas referencias aparecen sin convertirse en ilustración: emergen como una presencia silenciosa que conecta al espectador con la memoria de la Tierra y con su propia imagen.
Curada por Pancho López, la muestra encuentra un contexto particularmente significativo en el Museo del Desierto, institución dedicada al estudio y preservación de las materialidades, la geología y las formas de vida que habitan los paisajes desérticos del norte de México. En este diálogo, la obsidiana deja de ser únicamente un objeto escultórico para convertirse en un puente entre la historia natural, la cultura y la experiencia sensible.
Más que contemplar esculturas, Superficies para el encuentro invita a experimentar una relación distinta con la materia. Los péndulos pueden ponerse en movimiento; las superficies devuelven la imagen del visitante; el cuerpo deja de ser un observador pasivo para convertirse en parte de la obra. Cada gesto modifica la experiencia y convierte el recorrido en un encuentro irrepetible.
En una época marcada por pantallas e imágenes fugaces, la propuesta de Jorge Ismael Rodríguez recupera el valor del contacto, del tiempo y del asombro. Frente a la profundidad negra de la obsidiana, el espectador descubre que la obra no solo refleja un rostro: devuelve una presencia.
La muestra estará disponible hasta mediados de agosto y cuenta con el apoyo de la Galería Ana Tejeda. Esta muestra sigue una itinerancia trazada por el artista que lleva el título de “Camino de tierra adentro”; la parada siguiente de la ruta será el Museo Felguérez en la ciudad de Zacatecas.








