
Mercedes Gertz: el cuerpo como territorio de memoria
Por Pancho López
Hay artistas que convierten la experiencia personal en un espejo donde se reflejan inquietudes colectivas. La obra de Mercedes Gertz pertenece a esa categoría. Desde hace más de tres décadas, la artista mexicana ha desarrollado una práctica multidisciplinaria en la que el cuerpo, la identidad, el deseo y los imaginarios femeninos son el punto de partida para cuestionar las estructuras culturales que moldean nuestra manera de habitar el mundo.
Esa trayectoria puede apreciarse en la retrospectiva que presenta el Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (MOLAA), una de las instituciones más importantes dedicadas a la difusión del arte latinoamericano en Estados Unidos. Ubicado en Long Beach, California, el museo se ha distinguido por construir puentes entre América Latina y el público estadounidense mediante exposiciones que exploran la diversidad de voces, estéticas y problemáticas del continente. La presencia de Mercedes Gertz en sus salas confirma el lugar que su trabajo ocupa dentro del arte contemporáneo latinoamericano.
La muestra, organizada en trece núcleos temáticos, reúne pintura, dibujo, arte textil, instalación, performance y video, ofreciendo un recorrido por más de treinta años de producción. Más que una revisión cronológica, la exposición revela la coherencia de una investigación artística que ha encontrado en el cuerpo un archivo de emociones, memorias y tensiones sociales.
Desde sus primeras obras, Gertz ha explorado la manera en que los mandatos heteropatriarcales atraviesan la construcción de la identidad femenina. Su trabajo dialoga con temas como la sexualidad, el matrimonio, el deseo, la maternidad, el consumo y los estereotipos de género, recurriendo con frecuencia al humor, la ironía y la apropiación de imágenes provenientes de la moda, la publicidad y los cuentos infantiles. En sus piezas, lo íntimo nunca permanece aislado; se convierte en una herramienta para hablar de aquello que compartimos como sociedad.
Uno de los conjuntos más contundentes de la exposición está conformado por prendas tejidas e intervenidas con lana afelpada y estambre. Chamarras, chalecos, vestidos, gorros y chales dejan de ser simples objetos de vestir para transformarse en cuerpos textiles donde órganos internos (como intestinos, pezones y genitales) emergen a la superficie. El resultado es una obra que desestabiliza la idea de la ropa como máscara social y la convierte en una segunda piel que hace visibles las emociones, los deseos y las vulnerabilidades que habitualmente permanecen ocultas.
La serie Objetos de deseo dirige la mirada hacia el universo del consumo mediante pequeñas pinturas de zapatos, botas, perfumes y productos de belleza. Gertz se apropia de estos símbolos para reflexionar sobre la manera en que el deseo ha sido construido desde la publicidad y los ideales de feminidad contemporáneos. En contraste, El cuerpo emocional desplaza la atención hacia la anatomía afectiva. Las prendas intervenidas exponen órganos y fragmentos corporales como si el interior del cuerpo reclamara un espacio dentro de la esfera pública, recordando que la identidad también se construye desde aquello que normalmente se oculta.
Otra de las propuestas más significativas es Un sueño por un sueño, proyecto participativo en el que la artista intercambia dibujos de sus propios sueños con los relatos oníricos de personas desconocidas. La obra convierte el dibujo en una forma de conversación y plantea el sueño como un lenguaje común capaz de conectar experiencias individuales con imaginarios colectivos.
La revisión de los relatos tradicionales aparece en Cuentos de hadas, donde figuras como La Cenicienta dejan de representar finales felices para convertirse en símbolos de los modelos románticos y las expectativas que históricamente han acompañado la construcción de la feminidad.
La crítica a los roles sociales continúa en Los suéteres de la jerarquía, una serie de cuatro suéteres tejidos que funcionan como metáforas de los papeles que la sociedad asigna a las mujeres. Cada prenda recuerda que muchas identidades terminan siendo uniformes impuestos por estructuras de poder que operan de manera casi invisible.
La exposición también recupera la dimensión performática de su trabajo mediante Diálogos entre Caperucita y el lobo, una acción realizada en Nueva York en la que personas desconocidas portaban máscaras de lana afelpada para conversar desde personajes ficticios. La propuesta, cercana al arte relacional, explora la identidad como representación y cuestiona la manera en que construimos nuestras relaciones con los otros.
En El día más feliz de mi vida, el vestido de novia abandona el espacio ceremonial para recorrer escenarios como la Alameda Central de la Ciudad de México o la frontera en Playas de Tijuana. El símbolo del matrimonio se desplaza hacia espacios públicos cargados de memoria e historia, revelando las contradicciones entre el ideal romántico y las experiencias reales de muchas mujeres.
La muestra incluye también Nymphas Dissolutio, una instalación integrada por más de treinta mandalas realizados mediante collage digital e impresión sobre acrílico. Rostros femeninos, piernas, vestidos de novia y referencias anatómicas conforman composiciones que hablan de la sexualidad, el duelo amoroso y la disolución del matrimonio como ruptura de un ideal cultural antes que como un simple acontecimiento biográfico.
A lo largo del recorrido resulta evidente que Mercedes Gertz no busca respuestas definitivas. Su trabajo abre preguntas sobre la manera en que el cuerpo conserva la memoria de nuestras experiencias y sobre los mecanismos sociales que determinan la forma en que deseamos, amamos y nos representamos. Cada pintura, cada dibujo, cada tejido y cada acción performática forman parte de una investigación que entiende el arte como un espacio de reflexión crítica, pero también como un ejercicio de libertad.
La retrospectiva del MOLAA no sólo revisa la evolución de una artista; propone una lectura del cuerpo como territorio político, emocional y simbólico. En tiempos en los que las discusiones sobre identidad y género ocupan un lugar central en el debate contemporáneo, la obra de Mercedes Gertz demuestra una vigencia notable y confirma la capacidad del arte para cuestionar aquello que durante mucho tiempo parecía ser incuestionable.
La exposición estará abierta hasta mediados de agosto y fue curada por Alma Ruiz.
Mas información en https://molaa.org/2026-mercedes-gertz-exh

















