
Ekdysis: Reparar hasta deformar, exposición de Natacha Voliakovsky en Madrid
Por Pancho López
La muestra “Reparar hasta deformar”, primera exposición individual en España de Natacha Voliakovsky, se configura, desde su propio título, como una declaración de intenciones. La artista emprende una búsqueda introspectiva, un desplazamiento hacia su historia personal con el fin de comprender y procesar heridas que, lejos de ocultarse, son expuestas mediante un lenguaje estético preciso. En este gesto, la reparación no implica restaurar un estado original, sino asumir la transformación: reparar, incluso, hasta el límite de deformar y dejar atrás toda forma previa.
La galería Corvus Blanc abre oficialmente sus puertas en pleno centro de Madrid, proyectándose como un espacio dinámico orientado a la experimentación. Su propuesta curatorial apuesta por prácticas provenientes de lo performático que cuentan con la capacidad de adquirir un estatuto de objeto, habilitando no solo su contemplación sino también su circulación como piezas de colección. En este cruce, la galería plantea una tensión fértil entre lo efímero de la acción y la persistencia de sus vestigios: registros, restos y reliquias de experiencias originalmente concebidas para desaparecer. Actualmente se exhibe la muestra Ekdysis, que del griego alude al desnudamiento, término que se refiere al proceso vital que permite el crecimiento, la renovación física y la transformación, a menudo utilizado metafóricamente como un «renacer» o cambio de piel.


Al ingresar a la sala, no es posible identificar de inmediato un eje temático unívoco; sin embargo, a medida que el recorrido avanza, se vuelve evidente que la actual exposición está atravesada por una materia sensible: el trauma. Este no se presenta de forma explícita ni narrativa, sino que se filtra en cada pieza como una presencia latente. Emerge una insistente voluntad de reunificación: reparar, recomponer, volver a unir aquello que ha sido fragmentado.
En su obra, Natacha Voliakovsky, artista argentina radicada en Nueva York, transfigura la carga emocional del trauma en una poética visual que tensiona lo bello y lo inquietante. Lo que en principio podría leerse como delicadeza —la costura, la superficie pulcra, el detalle minucioso— revela, al observarse con mayor detenimiento, un trasfondo de violencia, insistencia y repetición. La acción de coser deviene entonces en un acto simbólico: suturar, insistir, intervenir una y otra vez sobre la herida.
El recorrido se articula a través de diversos lenguajes: dibujo, fotografía y videoperformance conviven con esculturas blandas realizadas en tela y cuero. Este último material adquiere una dimensión particularmente significativa. La piel de vaca, históricamente atravesada por procesos de extracción, mercantilización y consumo, aparece aquí resignificada. En manos de la artista, deja de ser un residuo pasivo para convertirse en superficie de memoria, en un territorio de inscripción donde se entrecruzan lo íntimo y lo político.

La artista parte de la memoria para volverla presente, empleando el propio soporte donde se inscribe la historia: el cuerpo. A través de él, transforma el recuerdo, el castigo y el paso del tiempo en acciones orientadas hacia la reparación. El gesto de acuchillar la piel de vaca irrumpe como una ruptura con el pasado: evoca los episodios en los que su padre, peletero de oficio, la encerraba en un frigorífico como forma de castigo, mientras que su madre, dedicada al comercio, le proporcionaba retazos de cuero descartado, materia prima con la que hoy construye su discurso.
Las piezas establecen un diálogo constante entre sí. En la fotografía, el cuerpo de Voliakovsky posa envuelto en una tela rojinegra concebida como una piel de cicatrices; este mismo textil se transforma en objeto —un almohadón— y en dispositivo expositivo —el marco de una de las imágenes—. A su vez, el almohadón reaparece en el video, donde sostiene la daga con la que la artista acuchilla las pieles de vaca, que posteriormente una de ellas se exhibe tensada sobre una estructura metálica. La exposición no propone una resolución, sino una experiencia: habitar la tensión entre daño y reparación, entre belleza y herida, entre aquello que se intenta recomponer y lo que inevitablemente se transforma en el proceso.
Hasta el 24 de abril de 2026 podrán encontrar la muestra Ekdysis, donde paralelamente se encuentra la obra de la fotógrafa mexicana Cecilia Villaverde en la planta inferior de la galería, ambas en el histórico torreón ubicado en Lope de Vega 18C, en el Barrio de las Letras, muy cerca del Metro Antón Martín.
Más información en: www.corvusblanc.com




