
Diálogos de Posada con el México contemporáneo
Por Ivette Cedillo
Hasta el 20 de septiembre de 2026 puede visitarse “Posada: cartografías de un cronista” en el Museo Nacional de la Estampa, ubicado a un costado de la Alameda Central y a pocos pasos del Palacio de Bellas Artes. La exposición propone acercarnos a la vasta producción de José Guadalupe Posada desde perspectivas que amplían la imagen tradicional del célebre grabador aguascalentense: precursor del diseño mexicano, ilustrador, cronista y agudo observador de la realidad social de finales del siglo XIX.
A través de distintos ejes curatoriales, la muestra revela una faceta más amplia y, en algunos aspectos, menos conocida de Posada. Sus grabados se convierten en una suerte de cartografía visual del México de aquella época: un país atravesado por las tensiones del fin de siglo, deslumbrado por la llegada de una modernidad resplandeciente, pero marcado al mismo tiempo por una profunda desigualdad social. En sus imágenes conviven también la religiosidad popular, el pensamiento mágico, las celebraciones, las supersticiones y esa particular manera de mirar la vida cotidiana que hizo de Posada uno de los grandes cronistas visuales de México.
El recorrido permite transitar por un universo extraordinariamente diverso. Aparecen anuncios publicitarios, notas periodísticas, escenas de nota roja, acontecimientos políticos y sociales, además de imágenes vinculadas con la religiosidad y la espiritualidad. Todo ello está atravesado por ese humor pícaro, irreverente y profundamente humano que Posada supo imprimir a su obra. Hay una sala especialmente dedicada a sus grabados relacionados con la magia y el pensamiento popular, donde el espectador puede descubrir un mundo fascinante, poblado de símbolos, personajes y situaciones que todavía conservan una enorme capacidad de asombro.



Posada fue, en muchos sentidos, un referente fundamental del arte mexicano y un artista cuya influencia continúa vigente. Su producción trascendió las fronteras del país y forma parte también de importantes colecciones internacionales. El Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, por ejemplo, resguarda en su colección obras de este célebre artista mexicano.
Uno de los grandes aciertos de la exposición es su propuesta museográfica. El diseño del recorrido acompaña las obras sin competir con ellas y genera una experiencia visual dinámica que invita a detenerse en los detalles. Los recursos gráficos y los elementos de vinil incorporados al espacio se convierten en parte esencial de la narrativa y contribuyen a construir una atmósfera que nos acerca al universo de Posada.
Otro aspecto particularmente interesante es la atención que se presta al proceso de impresión. La presencia de las placas originales permite comprender de manera más directa la dimensión artesanal y técnica de su trabajo, y nos recuerda que detrás de cada imagen existe un proceso material, minucioso y extraordinario.
La exposición establece, además, un diálogo con el presente al incorporar el trabajo de grabadores contemporáneos. Este contrapunto me parece particularmente interesante, pues permite observar y reflexionar sobre la realidad mexicana actual a través de la gráfica. De esta manera, no solo podemos apreciar los magníficos grabados de estos artistas, sino también establecer una comparación entre la gráfica mexicana del siglo XXI y sus temáticas, muchas de las cuales continúan siendo profundamente desafiantes.


El recorrido se completa con una aproximación al propio proceso de producción del grabado. En el taller se pueden observar demostraciones de impresión en vivo y conocer, de manera cercana, algunas de las técnicas que dan vida a estas imágenes. Incluso es posible llevarse a casa un grabado sobre papel y experimentar con un tatuaje temporal realizado a partir de una matriz xilográfica, una experiencia que prolonga la relación del visitante con la obra más allá de las salas del museo.
“Posada: cartografías de un cronista” es, sin duda, una exposición recomendable para quienes quieran descubrir otras dimensiones de la obra de José Guadalupe Posada. Más allá de la imagen de la Catrina que con frecuencia ha terminado por eclipsar la amplitud de su producción, esta muestra nos recuerda que Posada fue mucho más: un observador incansable, un narrador gráfico de su tiempo y un artista capaz de convertir los acontecimientos cotidianos, las tragedias, las creencias y las contradicciones de una sociedad entera en imágenes de enorme potencia.
Visitarla es, en cierta forma, recorrer el México de finales del siglo XIX a través de los ojos de uno de sus cronistas más lúcidos. Y, al mismo tiempo, descubrir que muchas de las preguntas, contradicciones y formas de mirar que Posada plasmó hace más de un siglo continúan dialogando con el México contemporáneo.













