
Artcrónica visitó la muestra de Adrián Socorro “Que la noche sea leve”, en la Galería Covarrubias de la Ciudad de México, en el mes de febrero de 2026, y sostuvo una conversación con el artista, también con el fundador y dueño del espacio José Manuel Covarrubias. Ponemos a consideración de los lectores la primera parte de ese diálogo.
David Mateo: Adrián, ¿Cuáles son los temas y enfoques representativos que predominan en esta exhibición?
Adrián Socorro: Yo tengo un punto de partida en mi pintura, conozco el teatro desde dentro, mi esposa es actriz de Teatro Las Estaciones y Teatro El portazo. En uno trabaja para niños y en otro para adultos, hace cabaret político en Cuba, entre otras cosas; pero es mucho más fuerte su presencia en el cabaret. Como yo tengo una unión con Sonia de más de 15 años, prácticamente hago una vida tras bambalinas como se dice, en camerinos. El teatro, como disciplina artística, cambió por completo mi trabajo, el cómo me interesa pintar, el cómo llegar a los procesos. En casi todas estas obras de la exposición de Covarrubias hay una dramaturgia, están pasando cosas. Pueden ser a veces imágenes cinematográficas, cuadros de películas, escenas de algo. O sea, yo pienso la pintura a partir de una narrativa muy teatral, sobre todo porque es algo que me complace. Me gusta mucho también el mundo bohemio, la nocturnidad, y vincularlo con el contexto cubano. Esta es la serie más cubana que he pintado, está presente el romanticismo cubano, el colorido. Los extranjeros cuando hablan de Cuba están pensando en símbolos como la palma, el cocotero, el almendrón… Unos a veces me dicen: “esto que haces no parece arte cubano”, y yo les respondo, “tienes esa opinión porque no sabes que es un apagón de 40 horas y tener que pintar en un estudio sin iluminación”.
Mi pintura antes de esta etapa era muy colorista, de hecho, soy un colorista empedernido; pero llegaron los apagones, mi estudio es una nave de 17 metros de largo por 6 de ancho y 7 de alto, que tiene una sola puerta. Cuando el sol va pasando aparece la penumbra. Entonces tenía dos opciones: no pintar o comenzar a pintar con esta gama más monocromática. Así pinté toda esta serie que viene desde el 2024 que se llamó “Felicidad”, alegorizando el tema de alguna manera. Por contingencia emigré hacia esa paleta; pero después me gustó la solución.

David Mateo: Aunque en varias obras se siente la supremacía del dibujo y una opción reducida del color pictórico…
Adrián Socorro: Esta faceta de dibujante viene porque yo no creo en la Musa, ni en la inspiración. Yo me levanto a las 6 de la mañana, le preparo el desayuno a mi hija y a mi esposa, llevo a mi niña a la escuela, y a las 8 menos diez ya estoy en mi estudio comenzando la faena. Eso es de lunes a lunes, hasta las 7 de la noche, a veces voy un rato al gimnasio, ya a las 7 cierro, me tomo un traguito con algún amigo y me retiro a mi casa. Ese proceso, que yo catalogo “casi budista”, es lo que me lleva a mi a dibujar. Pero cuando me aburro un poco suelto la pintura y me voy a dibujar, y viceversa, cuando me aburro del dibujo me pongo a pintar. No soy un artista prejuicioso en ese tema de defender una sola temática, un solo modo de hacer. Me gusta la pintura, y la voy desarrollando en el cuadro hasta un límite en el que me sienta satisfecho formal y compositivamente.
David Mateo: El tiempo parece ser una constante también en tu pintura, incluso, algunas composiciones parecen echar mano a episodios o escenas de la historia del arte…
Adrián Socorro: Muchas veces se trata de imágenes que capturo in situ y luego manipulo. Las hago en el instante de una fiesta o lo que esté viviendo en un momento dado. También he investigado mucho mediante la fotografía sobre el burlesque, el cabaret en La Habana de los años 50 o 60. Tengo un archivo visual enorme que me sirve como material para editar, porque, por lo general, casi nunca voy a una foto tal cual. A veces me hago una selfi en un rato de divertimento o en un baile, luego la reviso y me digo: “que interesante sería colocar esta imagen en un salón parisino de época”, no tengo prejuicios en ese tipo de asociación. Puedo seleccionar imágenes, ya sean de archivos o imágenes de autores a los cuales siempre consulto y le comento. Esa selección la hago a partir de que yo resuene con la imagen, que me recuerde algunos pasajes que ya haya vivido emocionalmente. Aunque tú veas una imagen que parece pertenecer a otros tiempos, la energía del ambiente, la gente, siguen siendo las mismas, a veces le incorporo al cuadro elementos u objetos modernos a manera de referencia. En ese tipo de perspectiva se desarrolla en estos momentos mi trabajo. A veces tengo deseos de ir hacia otros modos, por ejemplo, hacia la abstracción. Me imagino con frecuencia en un futuro incursionando en esa expresión, por una cuestión de feeling personal, de impulso. Yo no puedo pasar una semana o un mes con una obra, al menos la idea principal yo necesito cerrarla lo más pronto posible, después comienzo a introducir veladuras. A veces me sirve algo más sintético, sin tanto color, o a veces necesito hacer una obra más cargada… Por ejemplo, te confieso que no reaccionó ahora mismo con mi entorno con otros colores que no sean los grises y azules.

David Mateo: ¿Piensas estar un tiempo trabajando con este tipo de abordaje temático y concepción de obra?
Adrián Soccorro: Por el momento me siento bien, eso te lo digo ahora. A lo mejor llego a Cuba el martes y el viernes puede que conecte con otra historia y suelte este trabajo. Puedo obstinarme fácilmente con el proceso y sentir la necesidad del cambio. En una exposición mía el primero que tiene que estar feliz soy yo, y evidentemente mi curador; pero lo que sí no puede suceder es que esté el curador conforme y yo no. Así soy en mis procesos y maneras de trabajar.

