Dialogos con Liatna Rodríguez. Proyecto CEMÍ
Por David Mateo
Continúa la publicación de la entrevista a Liatna Rodríguez López, fundadora y directora del proyecto cultural CEMÍ, con sede en La Habana, Cuba. Esta tercera parte del diálogo inicia con el tema de la exposición “Bad Girl, Bad Boy, Bad Country”, una curaduría bipersonal entre Antonia Eiriz y Ezequiel Suárez, que se presentó recientemente en la sede del espacio.
Abram Bravo (curador): Hicimos un rejuego entre las xilografías de Antonia Eiriz y los collages de Ezequiel; entre las pinturas de Ezequiel y obras de Antonia. Hay un elemento de contraposición entre las maneras de abordar la producción en ambos casos y los soportes pictóricos específicos. Existían dos visiones distintas en torno al mismo objeto ensamblado, y eso era muy particular también. La obra ensamblada de Antonia era un objeto en sí mismo, estructurado hacia dentro, condensado; mientras que la instalación de Ezequiel implosiona, se disemina, se repite incluso en diferentes situaciones o espacios, no tiene una armonía formal definida. O sea, cada pieza tenía su contraparte dentro de la museografía.

David Mateo: ¿Y cuál será la estrategia en la organización de las próximas exposiciones? ¿Qué tipo de proyectos curatoriales van a priorizar?
Abram Bravo: Las ideas que va generando Liatna, nuestra directora, son muy importantes para definir la pauta de trabajo en CEMÍ, aunque la coordinación y organización se desarrollan entre todos. Este es un trabajo muy horizontal. Si bien Liatna es la líder del equipo, al final toda la organización de las muestras y la selección de los artistas con los que vamos a trabajar se ha decidido siempre de manera colectiva. La idea es que la galería de la planta alta funcione con proyectos de tres meses de duración; es decir, que las exposiciones se renueven al cabo de ese período. También se trata de promover cada muestra todo lo posible e ir generando, a partir de ella, iniciativas de colaboración.
Liatna Rodríguez López: En cuanto al programa del espacio, hay nombres que podemos revelar y otros que no. Por ejemplo, es muy probable que trabajemos con un artista popular cubano, totalmente desconocido, ese es otro de los enfoques que nos interesa potenciar. Él se llama Bernardo Aquino. Este proyecto lo estamos desarrollando junto a un coleccionista que posee un número considerable de obras, y vamos a poner a dialogar a este creador con artistas contemporáneos cubanos.
Abram Bravo: Ese tipo de acción se va a repetir con frecuencia dentro de las iniciativas que estamos pensando. Está Aquino, como te dice Liatna, pero también Jesús González de Armas, Jim, que está por acá… Flavio Garciandía ha sido otro de los artistas en los que hemos pensado…

Liatna Rodríguez López: Bueno, lo de Flavio es un sueño; todavía no lo hemos hablado con él…
Abram Bravo: Sí, es cierto, pero también están algunos artistas jóvenes. En el verano vamos a trabajar con tres de ellos: Harol Ramírez, Andy Mendoza y Darena. Será nuestra primera exposición con artistas verdaderamente emergentes. En la planta baja vamos a comenzar, a partir de febrero de 2026, con otra exposición de artistas también emergentes: Alberto, Camila y Carlos… A este espacio lo vamos a llamar CEMÍ Art Lab, tratando de interactuar con artistas que están surgiendo, que se están dando a conocer y en quienes confiamos porque vemos una línea de trabajo interesante. Tenemos otras ideas, pero todavía las estamos cocinando.
Liatna Rodríguez López: CEMÍ Art Lab es un espacio más abierto a propuestas que puedan ir surgiendo; artistas que se acerquen y nos interesen. Esta es una sección que cura Abram directamente y que sería más libre, espontánea, exploratoria. No está cerrada a artistas cubanos; también podemos abrirnos a la región. La sala principal de artes visuales sí tiene ya proyectos agendados con artistas de otros contextos.
David Mateo: Liatna, quisiera insistir en este aspecto del cuestionario: ¿Cuál es la funcionalidad que le ves al proyecto CEMÍ dentro del contexto cultural y social actual del país?
Liatna Rodríguez López: Responder esa pregunta puede parecer un poco pretencioso. Yo puedo proponerme muchas cosas, pero la trascendencia la tiene que decir el tiempo. Recuerdo con mucho cariño y nostalgia mis primeros pasos en la Galería Servando. Era un lugar al que iban mis amigos, los artistas con los que empecé a trabajar. Nos sentábamos, tomábamos unas cervezas y pasábamos horas conversando dentro de la galería, pretendiendo arreglar el mundo. Estoy consciente de que de esos amigos ya casi no queda nadie en Cuba y, como dije al inicio, siento que ahora mismo el contexto es un poco agreste para ese tipo de experiencia. Pero me conformo con que logremos convertir a CEMÍ en un espacio donde sientas la completa libertad de venir a presentar un proyecto a Abram o a mí; sentarte a tomar un café en el patio y leer un libro; subir a ver una exposición o asistir a un concierto. En fin, que sea un espacio abierto, donde no sientas que existen barreras para acceder. Cuánto impactará realmente en la sociedad y en el ámbito cultural es algo que solo dirá el tiempo.
Yo también tengo una fuerte vocación pedagógica y queremos seguir trabajando con los talleres de curaduría que hemos desarrollado en el pasado. Es el caso del proyecto “Decir, callar, mostrar”, en el que han colaborado Abram y Patricia. Parte de una frase o concepto retomado por Didi-Huberman, uno de los teóricos que más me interesan para comprender la labor curatorial como proceso. El taller ya ha tenido dos sesiones. La primera fue en 2018 con Ferran Barenblit. Después realizamos un taller muy hermoso con Gerardo Mosquera, y posteriormente invitamos a la curadora europea Zdenka Badovinac. La idea es traer curadores con trayectoria y reconocimiento, que impartan clases y compartan sus conocimientos y experiencias con los jóvenes que se están formando, así como con cualquier otra persona interesada en participar. Esto demuestra que sí nos interesa dejar una huella, una marca en el contexto cubano y regional.
Ahora esa aportación de CEMÍ es más necesaria que nunca, porque con la emigración nos estamos quedando en un país prácticamente vacío, donde se han perdido casi por completo los referentes, no solo en el campo del arte, sino en cualquier ámbito profesional.


