Eduardo Roca Salazar (Choco)

Santiago de Cuba, 1949. Vive y trabaja en La Habana

EXHIBICIONES PERSONALES (Selección): 2015 Materia Prima, Fortaleza San Carlos de La Cabaña, colateral Duodécima Bienal de La Habana, La Habana /Visiones Cruzadas, Galería Linero, Miami 2013 AB & C, Sala Tangana, Hotel Nacional, La Habana 2012 Retazos del sol, Centro Multicultural de Artes, Cambridge, Massachusetts 2010 Más allá del borde, Galería Villa Manuela, La Habana 2007 Abanico de posibilidades, Chambers Gallery, Londres /

EXHIBICIONES COLECTIVAS (Selección):

Ha realizado numerosas exposiciones colectivas en: Cuba, India, Argentina, Chile, Colombia, México, Nicaragua, Canadá, Angola, Vietnam, URSS, Perú, Dinamarca, Estados Unidos, Suecia, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Alemania, España, Italia, Japón, y República Dominicana.

PREMIOS (Selección): Premio Nacional de Artes Plásticas, que otorga el Consejo Nacinal de las Artes Plásticas / Primera Mención de Grabado, Santiago de Cuba / Primer Premio de Grabado, Salón Nacional de Jóvenes, La Habana / Primer Premio de Pintura, Salón Nacional de Jóvenes, La Habana / Primer Premio de Dibujo de las FAR, La Habana / Medalla de Honor, Salón de Gráfica de Bulgaria /

COLECCIONES (Selección):

Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana / Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana / Museo de África, Chicago / Museo de la Estampa, México / Museo de Querétaro, México / Fundación Joan Miró, Palma de Mallorca / Fundación Ludwig, Alemania / Museo de la Universidad de Tama, Japón / Galería Franco, Santa Fe de Bogotá / Museo de Kochy, Japón / Consejo Nacional de las Artes Plásticas /

Para encontrar el centro del camino más antiguo y más largo, Chocolate y yo, hemos atravesado el más acogedor de los traspatios antillanos, decididos a unir nuestras manos, nuestra voz y nuestro espíritu en esta sencilla encrucijada que ya inicia su itinerario en los Cuatro Caminos de La Habana para llegar a su término en la calle Enramada de Santiago. Los rostros que Chocolate enlaza con marquillas de tabaco habano se parecen a los rostros de los gobernadores del rocío oriental. Esos rostros han vuelto a renacer en los poemas que ahora relucen, con brillo de diamante, al amparo de ese gesto que conocemos al hablar, al andar, al desplazarse sus figuras al compás del viento. Porque en el centro de este paseo laten varios paisajes de los dos, pero, sobre todo, el verdor del paisaje interior de Choco que ninguno ha podido igualar en su pureza humana, en su inefable sombra cotidiana, en su anhelo de encontrar ese instante preciso a través de cual los seres humanos mejoran su mortal condición. Choco y yo hemos vuelto con alegría a nuestra infancia, a esa infancia que sin saber apenas sólo compartimos en viejos dolores, en viejos escarnios, en viejos cantos de trabajo que ahora se escuchan a través del papel, en el arcoíris de sus colores, en su trazo de hierro y miel, en su oficio milagroso de luz maternal. Somos los dos como niños recién nacidos.

En esta confluencia de vegas y ríos, de océanos y murallas, hemos querido hacer perpetua una experiencia ancestral, común a nuestra esencia. Una esencia como el perfume de los cañaverales en donde nuestras madres abanicaron su regazo e hicieron más dulce nuestra existencia. Venimos desde muy lejos para encontrarnos en estas páginas y conocer, en esta convergencia, un mundo que todavía puede expresar su azoro y su emoción al descubrir la realidad tangible de una libertad ya conquistada para siempre.

Estas imágenes, en el lenguaje maestro de la colagrafía; estos versos pulidos en su fragancia natural son la exacta historia de la gente sin historia, historia nuestra de cada día, ilustrada por el rumor cadencioso de nuestras madres, incontables, innombrables, indescriptibles sobre el arcoíris que contemplamos desde la calle Enramada hasta el vórtice de Cuatro Caminos. Este es el paisaje donde convergen sus voces y las nuestras, nuestra sangre y la suya, nuestro acto de fe en el mejoramiento humano y en esa raza a la que ya pertenecemos: la raza de los mejores sentimientos y las más nobles ideas.

Fragmentos de Negro de Nancy Morejón