José Gómez Fresquet / Frémez

Nació en 1939, en La Habana. Incorporado a la vanguardia artística de su momento, fue diseñador, dibujante y director de arte de varias revistas, habiendo realizado distintas exposiciones nacionales e internacionales. Es uno de los más talentosos artistas gráficos cubanos, autor de una extensa obra de caracterizada por la experimentación y el compromiso con los ideales de justicia social.

A lo largo de casi cinco décadas, Frémez se desempeñó como dibujante, diseñador y director de arte de numerosas publicaciones cubanas entre ellas las revistas Temas y ArteCubano.

En su amplia carrera sobresale su trayectoria como dibujante humorístico en los periódicos Revolución, La Calle y Pitirre. Considerado por la crítica una figura emblemática de la serigrafía cubana y latinoamericana, Frémez comenzó a trabajar la técnica del grabado a finales de la década de 1960.

Ha merecido más de 20 reconocimientos nacionales y extranjeros, entre ellos la Distinción por la Cultura Nacional. Asimismo, conquistado premios internacionales como el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2005, el primer premio en el Salón Nacional del Humor, en el Salón Nacional del Humor, en el Concurso 26 de Julio y en el Salón Girón.

Su obra ha sido expuesta, tanto en muestras personales como colectivas por todo el mundo, especialmente en Checoslovaquia, Suiza, Chile, Italia, Unión Soviética, México, Alemania.

La modelo y la vietnamita, serigrafía de su autoría, se ha convertido en símbolo de la resistencia antimperialista. Por su parte, también ha sido muy connotado Miss Liberty 2000, cartel que acompañó el llamado a la creación de un frente intelectual contra la política agresiva de la Administración norteamericana de George W. Bush.

Comprendiendo que una imagen vale por mil palabras, Frémez creó un resumen dialéctico en el que la miseria y la opulencia van unidas de la mano. A través del montaje de imágenes cuyo contenido son la propaganda capitalista y los despojos que el colonialismo deja a su paso, este creador construyó un poderoso mensaje visual donde se expresa la tragedia esencial de nuestra época. Estos panfletos ilustrados son una detonación en la buena conciencia burguesa y arrasan con la filantropía escapista que pretende ocultar el basurero del traspatio con la fachada respetable. Los constructores de objetos hermosos son enfrentados a las consecuencias de sus acciones. Se desgarra el tenue velo de las bellas intenciones y brutalmente el espectador se enfrenta con los dos polos de la injusticia social. La violencia de lo evidente constituye una vigorosa demostración que cierra el paso a todo intento de fuga.

Por otra parte, Frémez ha descubierto un lenguaje propio que no está en deuda con ninguna corriente foránea ni pretende acodarse con ningún ismo contemporáneo. Esa es otra de sus virtudes: su originalidad. Es lo opuesto del colonizado cultural; lejos de someterse mansamente, captura las armas del enemigo y las vuelve contra sí mismo. La carga política de los símbolos no lo es todo. A la lucidez y capacidad de síntesis que se adquiere cuando está bien asimilado un concepto, hay que añadir la calidad plástica.

El diseñador aplica su experiencia a la armonía de la composición, y el balance de las masas añade el color como elemento protagónico y fundamental en este artista. El matiz sensual, cálido y poderoso, resplandece hasta amenazar el concepto mismo. Esta incandescencia se obtiene con colores primarios aplicados sin matización. Se logra así un impacto que une a la violencia del contenido la vivacidad de la forma.

En su primera etapa de serigrafías, utiliza la bofetada óptica para desmitificar la moda y los bienes de consumo, confrontándolos con la vida rudimentaria y primitiva o la carnicería de las batallas. Oponía industria/materia prima, explotados/explotadores, víctimas/agresores, sofisticación/barbarie.

En su segunda etapa se mantuvo esta polarización, pero los amos se identifican ahora con los símbolos sexuales. A las aflicciones del género humano se enfrenta el cuerpo femenino, voluptuoso y carnal. Es una respuesta a la creciente erotización que promulgaban los medios masivos de comunicación en el capitalismo; un reto a esta nueva escalada de la mediocridad propagandística que utiliza como instrumento la pornografía. Pero Frémez respeta el símbolo que el capitalismo prostituye. Lo que para otros es un pretexto para la obscenidad, el vicio o la perversión, en estas serigrafías recibe un tratamiento de dignidad que restituye al desnudo humano su pureza y belleza. Sin puritanismo hace recordar que esta molicie, hermosura, alegría del erotismo y esta de los sentidos es un campo destinado al disfrute de los menos y está sustentado en las adversidades de los más.

El amor y la muerte se aúnan en su contradicción raigal: el origen y el fin. Eros y Tánatos se abrazan diáfanamente en sus iluminaciones que esparcen su luz sobre el drama de los tiempos que corren.

La Revolución Cubana ha propiciado la aparición de una escuela gráfica de notables calidades. Los niveles de nuestro diseño han alcanzado y superado en muchos casos las cúspides de mayor rigor. Frémez es un producto de esa concentración en tiempo, espacio y objetivos de artistas que han desarrollado su talento al ritmo de nuestro proceso de transformación social. (…)

Fragmentos de Los panfletos visuales de Frémez de Lisandro Otero