Nelson Herrera Ysla

NELSON HERRERA YSLA

Crítico de arte, curador, editor, poeta. Graduado de Arquitecto en la Universidad de La Habana. En la actualidad es curador del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana.

Actividad Profesional
Profesor de diseño (1971-73) y durante años realizó investigaciones en el campo de la comunicación masiva y el diseño industrial en el Instituto de la Demanda Interna (1973-1980).
Jefe del Departamento de Promoción y Exposiciones de la Dirección de Artes Plásticas y Diseño del Ministerio de Cultura, 1980-1984. En este último año participa en la fundación del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana.
En 1995 y 1996 ofreció ciclos de conferencias y cursos de postgrado sobre Arte Latinoamericano en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, España, y en este último año participó como panelista en Oracle XIII, evento organizado por el South East Museum of Photography, Daytona, La Florida.
En 1997 fue invitado al 1er Coloquio sobre Bienales y Salones de Arte en América, en la ciudad de Valencia, Venezuela. En 1998 impartió conferencia en el Simposium Internacional “El Caribe Postmoderno” en la Universidad de Georgia, Atlanta, USA. En 1999 ofreció ciclo de conferencias en diversas universidades de Guatemala y en el Festival de Cultura PAIZ de esa nación centroamericana.
De 1999 a 2001 fue Director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Séptima Bienal de La Habana.
Ha participado en diversos Paneles Internacionales y Mesas Redondas sobre Bienales de Arte en Argentina, Alemania, Italia, Ecuador y Brasil. Ha curado más de 30 exposiciones de arte cubano en el país y el extranjero, así como una sostenida curadoría internacional de la Bienal de La Habana desde su segunda edición en 1986. Crítico de artes visuales en espacios televisivos y sitios web en Cuba desde el 2003. Ha impartido Talleres de Curaduría en varias ciudades de Cuba y del extranjero.
Miembro del Comité de Redacción Internacional de la revista INTER, Canadá; Miembro del Consejo Asesor de la Editorial Letras Cubanas, La Habana; Corresponsal en Cuba de la revista Art Nexus, Colombia.

Curadoría en eventos internacionales
Curador de Cuba a la XLII Bienal de Venecia, 1984.
Curador General de la Séptima Bienal de La Habana, 2000.
Curador de Cuba a la Séptima Bienal de Cuenca, Ecuador, 2001.
Curador de Cuba a 25ª. Bienal de San Paulo, 2002
Curador de Cuba a la II Bienal Iberoamericana de Lima, Perú, 2002.
Co-Curador de la Segunda Bienal de Cerámica en el Arte Contemporáneo, Albisola Mare, Italia, 2003.
Co-Curador del Poyecto Ars Latina, México-Italia, 2007, 2008 y 2009.
Curador General de la XVI Bienal Paiz, Guatemala, julio 2008.

Jurado en Cuba y el extranjero
Jurado del 54º. Salón de Artes Visuales Arturo Michelena, Venezuela, 1997.
Jurado del Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros, Cuba, 1999.
Jurado del Concurso Nuevos Carteles de Cine, Cuba, 1999.
Jurado del Concurso de Ensayo del Instituto Distrital de la Cultura, Bogotá, Colombia, 1999.
Jurado de la IV Bienal Centroamericana y del Caribe, República Dominicana, 2001.
Jurado del IV Salón de Arte Digital, Cuba, 2002.
Jurado de Ensayo del Premio Literario Casa de las Américas, Cuba, 2005.
Jurado del Premio Nacional de Curadoría, Cuba, 2005.
Jurado de la XV Bienal Paiz, Guatemala, 2006.
Jurado de la Primera Bienal de Arte y Diseño, Academia San Carlos, México, 2014.
Jurado en numerosos eventos de arte en varias provincias de Cuba.

Libros publicados
La tierra que hoy florece (poesía). Editorial Universitaria, La Habana, 1978.
Siete notas para siete ensayos (ensayo). Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1978.
Escrito con amor (poesía). Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1979.
El amor es una cosa esplendorosa (poesía). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983.
Poemas. Ediciones Embalaje, Museo Rayo, Roldanillo, Colombia, 1987.
Un nuevo ambiente para su hogar (diseño ambiental). Ediciones Oriente, Santiago de Cuba, 1989.
A través de mis días (poesía). Editorial Universitaria, Universidad Politécnica de Valencia, España, 1997.
Pájaros de pólvora (antología personal de poesía). Colección Contemporáneos, Editorial UNION, La Habana, 1998.
América en movimento (ensayo). Colección Memorial, Ediciones del Memorial de América Latina, San Pablo, Brasil, 2001
Choco (monografía). Colección Artistas Cubanos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004.
Reflexiones de tanto mirar (textos críticos). Ediciones Ávila, Ciego de Ávila, 2004
Ojo con el arte (textos críticos). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004.
Colección particular (poesía). Edición del Gobierno del Estado de Baja California, México, 2007.
Nuestra globalización. Colección Lecturas de arte, Venezuela, 2009.
Violín de Ingres (poesía). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2011.
Ni a favor ni en contra…todo lo contrario. Sello Editorial Arte Cubano, La Habana, 2014.
Eduardo Rubén. Ediciones SLG, Perú, 2015.
Ciudades. Luis E. Camejo. Ediciones SLG, Perú, 2017.

Premios y reconocimientos:
Premio de Poesía, Concurso 13 de Marzo, La Habana, 1975.
Premio Mejor Crítico Latinoamericano, Sección AICA de Argentina, 1992.
Distinción por la Cultura Nacional, Ministerio de Cultura, Cuba, 1999.
Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros, Cuba, 2007.
Premio Nacional de Curaduría 2013, Cuba
Distinción Visitante Distinguido dado por la ciudad de Santiago de Cuba, 2013
Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros, Cuba, 2016.

ZAPPING CONTEMPORANEO… Y CUBANO

Mucho de cuanto sucede en Cuba en materia de arte echa por tierra los temores de que los problemas enfrentados por la sociedad cubana en algo más de 50 años darían al traste con sus expresiones estéticas. Los artistas, ya se dijo, crecen como la mala yerba aunque la sequía azote, de vez en cuando, esta agitada e inquieta Isla de corcho. Cuando menos se espera surge un grupo de creadores (pocas veces emergen aislados, solos) capaces de generar, entre otras cosas, un movimiento cultural de vastas proporciones desde sus casas y talleres hasta en galerías locales y eventos internacionales. Articulan e integran sus discursos como si hubiesen estado allí siempre a la espera de galeristas, curadores, críticos, coleccionistas, sorprendidos por la vasta multiplicidad de sus lenguajes cada vez más contaminados e híbridos a los que resulta difícil clasificar y en los que derrochan un oficio casi maestro gracias a maleables, dúctiles y desprejuiciados entrenamientos académicos.

Críticos de elocuente racionalidad, cínicos, meditativos, apasionados, asistidos de un humor corrosivo o delicado, y en posesión de recursos formales dispares a prueba de tiempo y espacio, los creadores cubanos se instalan en el imaginario cultural y social con vehemencia no programada ni exigida ya que el público intuye algo nuevo o distinto en sus obras, sea para incidir en los contextos social y político o deconstruir las complejas territorialidades, contaminaciones e hibridaciones del arte contemporáneo. Conscientes de que el arte es hoy uno de los pocos espacios de la cultura cubana donde se debaten aspectos sustanciales de la vida cotidiana y sus contextos, entran y salen de ellos con soltura y desenfado, devastando así vastas y seductoras utopías construidas décadas atrás y que sufren hoy niveles asombrosos de desgaste. No les interesa resignificar o reconstruir los imaginarios colectivos como hicieron generaciones anteriores, ni validar identidades forjadas a golpes de historia, patriotismo, solidaridades, símbolos y consignas. Más preocupados se hallan, quizás, por alcanzar su inserción eficaz, inteligente, en los circuitos internacionales del arte gracias a nuevos cosmopolitismos instalados con eficacia en una mundialización que rechaza los históricos espacios geográficos y políticos con el fin de instaurar el país de las artes de una vez por todas.

El artista cubano vive a la velocidad que viven otros artistas en países más desarrollados económicamente. Ansía información y conocimientos, y se plantea la búsqueda de caminos propios no sólo en lo creador sino en los otros componentes del sistema: no es de extrañar, pues, que en determinados momentos actúe como un verdadero negociador con todas las instancias de poder para circular sus obras ya que en Cuba carecemos de estructuras e instituciones encargadas de los complejos procesos de comercialización y promoción de la creación. De ahí el surgimiento de iniciativas propias del contexto actual, como los estudios-galerías, los open-studios, los talleres-viviendas, todos variaciones de un mismo tema que no acaba de rearticularse con la red de los espacios oficiales. Se experimenta hoy una secreta y tímida descentralización del sistema arte a partir de la audacia y financiamiento de los propios artistas como modo de romper barreras y desmontar cualquier obstáculo que frene su desarrollo y su integración en la sociedad y en el mundo, de cara a los cambios que se producen en el presente y se avizoran para un futuro inmediato.

Los géneros y las tradicionales expresiones, así como asuntos y motivaciones han mudado de rostro en estos comienzos del siglo xxi. En algo menos de 10 años, el arte cubano ha variado y continúa un incesante proceso de reacomodo conceptual, estructural, morfológico que impide en ocasiones al artista sentirse satisfecho con una sola y única expresión. Es por ello que uno de los fenómenos singulares de esta segunda década del siglo XXI, lo constituye el surgimiento de creadores a los que resulta casi imposible ubicar en alguno de los espacios legitimados por la historiografía y la crítica. Conversar con ellos, visitar sus estudios, es penetrar en realidades aparentemente contradictorias cuya finalidad es dar rienda suelta a su imaginación y destreza en cuanto a ideas y formalizaciones: nada los atrae lo suficiente como para detenerse en ello demasiado tiempo. Se mueven de la fotografía a la pintura, del objeto a la instalación y el video, del grabado a la escultura y, llegada la hora, realizan acciones performáticas con el mismo rigor y disposición. Una concepción holística de la creación y del ser humano, inclusivista, los atraviesa a todos sin excepción.

Se trata, en suma, de un nuevo tipo de creador al cual debemos analizar con cuidado y seguirle su huella paso a paso en la escena contemporánea cubana. Son mayoritariamente jóvenes formados en una cultura y un pensamiento zapping como resultado de constantes intercambios entre ellos mismos y de viajes al exterior, becas, residencias, lecturas, conectados a la red de redes de diversos modos. Los mayores comienzan a adquirir, por otra parte, una conciencia curatorial en la escena cubana, ahora dispuestos a desempeñar un papel mayor en la organización de eventos y exposiciones dentro y fuera del Isla: ansían un control mayor de los espacios de exhibición y los discursos estéticos a partir de una secreta glorificación de sus capacidades y posibilidades intelectuales y organizativas.

Atrás ha quedado el viejo y dramático problema del exilio, de la materia diaspórica que dividió al arte cubano contemporáneo en dos entidades casi opuestas y que hizo de la insularidad uno de los fenómenos singulares de la creación: inside-outside, adentro-afuera, hecho en Cuba y fuera de Cuba, exilio-insilio, se convirtieron en polos donde se debatían, a veces de manera agria y dolorosa, las cuestiones fundamentales de identidad y sentido de pertenencia a una cultura, una nación, una sociedad, cuando en el fondo no existían tales disparidades en el terreno de la creación y el espíritu humano sino puras manipulaciones ideológicas para incidir en otros escenarios de la vida nacional. La ambivalencia y dualidad de la vida política, agitada por los fantasmas de un enemigo histórico, deserciones y peligros de guerra e invasiones casi siempre inminentes, mantuvieron desconectados los circuitos de comunicación entre artistas cubanos a un lado y otro, en las “dos orillas”. Disolviéndose poco a poco esa atmósfera enrarecida que ocupó por décadas cielo y tierra en esta pequeña Isla del Caribe, las aguas van tomando su nivel. De tal modo comienzan a despejarse los caminos y abrirse otros: los ánimos están cambiando, las actitudes también, y con ellos las formas, los lenguajes.

Los artistas ahora optan por la salvaguarda cultural del país y de ellos mismos, ajenos a disputas políticas e ideológicas con el fin de establecer una mayor estabilidad emocional, económica, afectiva, en sus contextos interior y exterior. La extrema movilidad que disfrutan hoy es un factor incuestionable en la creación cubana contemporánea, jamás soñada por generaciones anteriores cuando se dieron a conocer en el mundo las primeras y segundas vanguardias en el siglo xx, imbricadas a un genius loci en busca desesperada de una definición mejor. Ahora no interesa a los artistas que los definan sino que los conozcan.

Sus influencias mayores no provienen de Cuba y Latinoamérica (aunque por razones más que obvias se siente su presencia, por supuesto) sino de ondas internacionales emitidas por artistas de renombre, redes sociales, medios de comunicación, videoclips, avances tecnológicos en general, asistidas por un conocimiento cabal de la historia del arte. Se trata más bien de un influjo epocal en momentos en que Cuba se está abriendo al mundo como no sucedía 40 ó 50 años atrás. Sus propuestas asimilan una nueva sensibilidad que circula globalmente, haciendo que todos nos veamos en cualquier rincón del planeta como semejantes, prójimos, en su también acepción religiosa si se quiere. Ahora los artistas se sienten parte de una comunidad nueva como si vivieran bajo el mismo techo, el mismo ecosistema, las mismas urbes.

Son artistas posthistóricos, postmilitantes, postfilosóficos, postrevolucionarios, donde el peso innegable de sus circunstancias mediatas es minimizado por la fascinación de nuevos lenguajes, códigos y modos de operar que perciben en sus contactos sensibles por medios propios o a través de viejos y nuevos medios de información. No se oponen a nada específico ni combaten contra molinos de viento, arena o ideas: de ahí que no declaran la muerte de nadie y, menos aún, parricidios demodé. Viven, creo que sin saberlo, en medio de una interesante paradoja pues por un lado pulsan las trasgresiones conceptuales y formales hasta límites casi desconocidos donde los cuestionamientos a todo pululan y chocan entre sí y, por otro, desean penetrar los territorios oficiales e institucionalizados para tocar con sus propias manos lo museable, coleccionable, permanente, sin que apenas nos demos cuenta.

Su autonomía (¿de vuelo y de gestión, o social, política, económica, o todas a la vez?) crece cada día. Hasta pudiera decirse que es tentativamente absoluta en cualquier circunstancia, como ocurre hoy en sentido general con todo alrededor del arte, sea contemporáneo o no. Ahí están los precios exorbitantes en las casas de subasta por obras de cualquier tiempo y estilo; ahí están los artistas vivos luciendo trajes y vestidos elegantes en portadas de revistas como estrellas de cine atildadas en las alfombras rojas que le tienden a un lado y otro; ahí están los nuevos museos encargados a arquitectos de renombre mundial y sus colecciones mostradas como vitrinas de Gucci o Bulgari. El arte sobrevive a los cataclismos naturales que arrasan pueblos y ciudades en Oriente y Occidente, a las plagas modernas de VIH, dengue, ébola, zika, a los desmanes terroristas tentados quizás por destruir temporalmente la arquitectura, a las bajas enfermizas de las bolsas, a la atmósfera de tercera guerra mundial que el Papa Francisco ha sentido con claridad alarmante en los últimos meses y semanas, a los conflictos civiles de larga duración, a las crisis de desplazados y refugiados que alteran los sistemas sociales y políticos en casi todo el orbe. El arte ha creado su propio limbo, su específica burbuja a las que pocos tienen acceso (tal vez dotadas por contraseñas difíciles de jackear por los más hábiles informáticos) pero abiertas al público y sobre todo a los hombres y mujeres del dinero para celebrar ferias y eventos internacionales de lujo.

Y eso lo sabe cada artista del orbe. Y hacia ese universo dirigen también su mirada aun cuando sus contextos específicos les exijan responsabilidades y compromiso. Una cosa no quita la otra, al menos en Cuba donde lidiamos con tantos problemas elementales en la vida cotidiana y otros más profundos a nivel global.

Esta imbricación con los sistemas mundiales de recepción y apreciación de las obras de arte comporta una exacerbación de lo original, de lo novedoso, una afiebrada actitud por producir obras de notabilísima factura y terminación (de franco respeto hacia cualquier tipo de competencia que surja en escenarios internacionales) y una inclinación ideológica hacia el conceptualismo en sus múltiples variantes, desde los años sesenta del pasado siglo hasta hoy. Así sentimos esa suerte de neoconceptualismo que invade la escena cubana hace más de tres décadas y que no cesa de estimular a los jóvenes creadores especialmente, tal vez urgidos de saldar una suerte de deuda con esa tan tendencia abierta e inclusivista. De ahí que es posible también detectar intertextualidades arraigadas pues se hace necesario estar en sintonía con otros saberes y culturas y, caso extremo, replicar morfologías y cualquier formalización decodificable en cualquier ámbito.
Aquí están esbozadas, grosso modo, las coordenadas en las que se mueven y orientan las zonas más visibles del arte cubano contemporáneo. Estas notas críticas, estos comentarios, son apenas una muestra pequeña de la innegable heterogeneidad del arte cubano contemporáneo que se distancia un tanto de lo hasta ahora más conocido quizás y apreciado por buena parte del público y los expertos: criticismo social y políticos agudos, insularidades, migración, herencias y tradiciones políticas, religiosas y culturales. La producción simbólica cubana no cesa, y gracias también a ella sobrevivimos. Si los cubanos se han abierto al mundo, como tantas veces se repite por los canales oficiales locales y extranjeros, el arte se abre también a todos los mundos posibles.

Nelson Herrera Ysla