
Sin Borde. Conversación con Alejandro Valencia
Por Alejandro Múnera
Alejandro Múnera: Bienvenidos y bienvenidas a Sin Borde, un podcast que explora las prácticas de artistas latinoamericanos que desarrollan su trabajo en la ciudad de Nueva York. En este episodio conversamos con Alejandro Valencia, artista colombiano cuya práctica articula preguntas sobre identidad, memoria y materialidad, desde una mirada crítica y situada. Alejandro actualmente cursa una maestría en la Universidad de Columbia y nos recibe desde su estudio en el Edificio Prentis Hall en Harlem.
Alejandro Múnera: Bienvenido…
Alejandro Valencia: Gracias, Alejo.
A.M.: Me gusta empezar preguntando por el origen. ¿Cuál fue tu primer acercamiento al arte?
Alejandro Valencia: Es curioso, porque justo estaba pensando en eso hace poco. Mi primer acercamiento fue con la arcilla. Íbamos mucho al centro comercial la 14 de Pereira, ¿te acuerdas?, y en el sótano vendían bolsas de arcilla roja. Mi papá me compró una y yo me quedaba horas moldeando. Ese contacto con la materia fue muy temprano. Después vino la plastilina, el dibujo, y más adelante la pintura. Pero al principio no había una idea de “ser artista”, era simplemente hacer, jugar, tocar el material. La arcilla fue el primer lenguaje.
A.M.: En tu trabajo el contexto parece ser fundamental. ¿Cómo lo entiendes?
Alejandro Valencia: Para mí el contexto lo es todo. No se puede desligar la práctica del lugar donde ocurre. El contexto implica historia, política, economía, memoria, materialidad. Yo lo pienso como un núcleo desde el cual se expanden capas, como una cebolla. Uno va expandiendo esas capas y eso va nutriendo la obra.
No es lo mismo hablar de Colombia en Colombia que hablar de Colombia desde Estados Unidos. Como migrante, uno se vuelve un cuerpo descontextualizado que se recontextualiza constantemente. Y eso transforma la forma en que uno piensa y produce. El contexto no es un fondo: es parte activa de la obra.

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A.M.: ¿Cómo eliges los materiales con los que trabajas?
Alejandro Valencia: Yo parto de la idea de que la historia es un material maleable. Todo material tiene una historia: cómo se produce, cómo circula, cómo se usa. Me interesa trabajar desde ahí. Muchas veces trabajo con materiales encontrados, descartados, materiales que ya tuvieron una vida previa. Eso activa procesos de transformación.
No me considero pintor, aunque pinté mucho; ni ceramista, aunque trabajé con cerámica. Me interesa moverme entre lenguajes. Cada material tiene su propia gramática. Las ideas no están atadas a un medio específico: a veces la idea pide performance, a veces objeto, a veces acción.
Esa relación viene también de una frustración con la pintura. Durante un tiempo estuve muy obsesionado con la tradición pictórica, pero luego entendí que esa conversación era muy occidental. Empecé a interesarme por otros lenguajes: la alfarería, el textil, el rito. Ahí entendí que uno no es un medio, sino un filtro.
Como decía Joseph Kosuth, una cosa es una silla, otra su imagen, otra su definición. La traducción siempre cambia. Y ese juego de traducciones se parece mucho a la experiencia migrante.
Identidad, migración y desplazamiento
A.M.: Hablemos de identidad. ¿Cómo la entiendes desde tu experiencia migrante?
Alejandro Valencia: La identidad es profundamente móvil. Está hecha de memoria, de experiencias acumuladas. Uno cambia según el lugar donde está. Hay identidades personales, colectivas, nacionales, y todas son inestables.
Estados Unidos es un buen ejemplo: una identidad en constante construcción. No hay una sola forma de ser. Hay múltiples capas, múltiples lenguajes. Y eso se nota incluso en la forma en que hablamos: el español mezclado con inglés, los acentos, los desplazamientos.
Migrar te coloca en un “entre”: no eres del todo de aquí ni de allá. Esa condición de borde me interesa mucho. Porque lo marginal no es solo lo excluido, sino lo que desestabiliza, lo que cuestiona lo establecido.
A.M.: Tu trabajo aborda mucho lo marginal, lo periférico.
Alejandro Valencia: Sí. Migrar te pone automáticamente en ese lugar. Ser “el otro”. El borde define quién pertenece y quién no. Pero el margen también es un lugar productivo: ahí se generan fricciones, cambios, resistencias.
Lo marginal pone en crisis el centro. Y el centro no es fijo: se mueve. Como decía una profesora mía de Forensic Architecture, si se mueve la periferia, se mueve el centro. Esa inestabilidad es lo que me interesa políticamente.
Metodología: escribir, investigar, materializar
A.M.: ¿Cómo es tu proceso de trabajo?
Alejandro Valencia: Siempre parto de una pregunta. Escribo mucho: cuadernos, notas, textos. Luego investigo, busco imágenes, archivos, referencias teóricas. Cuando algo empieza a tomar forma, aparece el material.
Por ejemplo, investigando sobre fronteras apareció el alambre de púas. Empecé a trabajar con él, a manipularlo, a sacarlo de su función. Me interesa transformar materiales cargados simbólicamente en algo poético.
Luego viene la pregunta por el espacio: cómo se presenta la obra, cómo dialoga con el lugar. El objeto nunca está solo; siempre está en relación.
La experiencia en la Universidad de Columbia
A.M.: ¿Cómo ha sido tu experiencia en Columbia?
Alejandro Valencia: Llegar fue complejo, pero necesario. Quería estar en una institución donde el pensamiento crítico fuera central. Columbia tiene una historia fuerte en estudios poscoloniales, en pensamiento crítico, y eso me interesaba.
Estar allí implica también confrontar la institución: su poder, sus contradicciones, su política interna. Pero también te da acceso a conversaciones increíbles. Conocer artistas, teóricos, colegas. Compartir el estudio, las ideas, los procesos.
Ahí entendí que la maestría no es solo producir obra, sino construir diálogo. Estar en conversación constante. Cuestionarse todo el tiempo por qué uno hace lo que hace.


A.M.: ¿En qué estás trabajando ahora?
Alejandro Valencia: Estoy trabajando en mi tesis. Me interesa pensar la institución como una estructura con capas, como una cebolla. Cómo ciertos símbolos generan estabilidad, pero también cómo pueden ser intervenidos y cuestionados.
Estoy pensando la obra como una pequeña disrupción dentro del espacio institucional. También me interesa la idea de activar la obra: que no sea solo objeto, sino experiencia, ritual, encuentro.
Estoy desarrollando una curaduría basada en el espacio doméstico de la posguerra —la sala de estar como lugar de confort, consumo y control— y cómo ese espacio puede ser reconfigurado críticamente. Habrá encuentros, lecturas, activaciones.
También estoy desarrollando proyectos de investigación en Colombia para los próximos años, todos relacionados con identidad y territorio.
A.M.: Buenísimo, Alejo. Muchas gracias por compartir este proceso con nosotros.
Alejandro Valencia: Gracias a ti.








