
Cargar el tiempo. Conversación con Vanessa Nieto Romero desde Nueva York.
Por Alejandro Múnera, Sin Borde Podcast.
Vanessa N: Muchas gracias por la invitación.
Alejandro M: Vanessa, bienvenida a Sin Borde. Es un gusto tenerte aquí. Me gustaría comenzar por el origen: ¿cómo fue ese primer acercamiento al arte?, ¿qué hizo que esa intuición apareciera?
Vanessa N: Las aproximaciones al arte han estado desde que tengo memoria. Mi papá es artista, y crecí viéndolo trabajar, principalmente en pintura. Pero más allá de la imagen, lo que me marcó fue la relación con los materiales, con los procesos. Desde muy pequeña —tres o cuatro años— ya tenía un vínculo muy particular con la creación.
Alejandro M: ¿Siempre supiste que querías estudiar artes?
Vanessa N: Sí, fue un camino que estuvo claro desde temprano, aunque hubo desvíos. Me interesó la música por un tiempo, también la química. Siempre me ha intrigado cómo la materia se manifiesta y se transforma. Pero finalmente el arte ganó. También había un deseo muy fuerte de estudiar en la Universidad Nacional de Colombia, de estar en ese contexto público.
Alejandro M: Me interesa mucho cómo describes ese vínculo con la materia. ¿Cómo es tu proceso de creación?, ¿cómo una idea llega a tomar cuerpo?
Vanessa N: Hay dos palabras clave: ritual y tomar cuerpo. El proceso creativo es, para mí, un ritual atravesado por la repetición y por la transformación. Y el “tomar cuerpo” tiene que ver con cómo esas ideas —muchas veces inconscientes— se materializan.
El dibujo suele ser el punto de partida. Es un medio inmediato, noble, que permite tramitar la idea. Pero rápidamente hay un salto hacia lo tridimensional, hacia la materia. Y en algún momento, incluso eso se vuelve insuficiente, y aparece el cuerpo: el gesto, la acción, la performance.


Alejandro M: Esa transición hacia el cuerpo es muy fuerte en tu trabajo. Pienso también en el peso, en la carga.
Vanessa N: Sí, esa noción aparece con más claridad durante mi maestría en Rhode Island School of Design. Aunque estudiaba grabado, empecé a explorar lo textil y lo escultórico. Allí el trabajo se volvió más instalativo, más ligado al contexto.
En una instalación para un fuerte militar en Newport, por ejemplo, me pregunté por la presencia femenina en un espacio históricamente masculino. Ahí surgieron muchas de estas tensiones: lo pesado y lo liviano, lo visible y lo latente. También el uso de materiales como el jabón, lo residual, lo blando frente a lo rígido.
Alejandro M: Hay algo ahí muy potente en relación con la huella.
Vanessa N: Total. La huella no solo desde lo técnico del grabado, sino como existencia: el cuerpo, el paso del tiempo. Me interesa mucho cómo la materia puede contener tiempo.
Alejandro M: Y en ese sentido, ¿cómo lees los contextos cuando llegas a un lugar nuevo?
Vanessa N: Para mí es fundamental recorrer. Entender que el taller no es solo un espacio cerrado, sino una noción expandida. El taller también es la calle, el metro, la caminata. Es ahí donde aparecen los detonantes.
La observación es clave, pero también la escritura. A veces una palabra escuchada al azar puede cambiar completamente el rumbo de una idea.

Alejandro M: Eso se siente mucho en tu trabajo, esa capacidad de leer el entorno.
Vanessa N: En Governors Island, por ejemplo, he estado recolectando objetos que encuentro en los recorridos. Objetos remanentes, cargados de tiempo. Hay una especie de complicidad con ellos. Los cargo, los llevo al estudio, los transformo. Son lo que llamo “sucesos de ciudad”.
Alejandro M: Y ahí aparece también el registro.
Vanessa N: Sí, pero no solo como documentación. Me interesa el registro como captura del tiempo. A veces es fotografía, otras veces es papel, es huella directa. Hay una tensión constante entre lo efímero y lo permanente.
Alejandro M: Como en Murmurar.
Vanessa N: Exacto. En esa instalación trabajé con columnas de jabón que parecían de piedra. Eran efímeras, pero cargaban memoria. Luego se desmontan, pero pueden reaparecer en otros contextos, transformadas.
Alejandro M: ¿Cómo ha sido ese diálogo con la ciudad, especialmente con Nueva York?
Vanessa N: Nueva York ha sido muy importante en mi trayectoria. La viví en 2010 y ahora la reencuentro. Es una ciudad en constante construcción, donde conviven el agua, la corrosión, la historia y la transformación. También es una ciudad de migraciones, de carga.

Alejandro M: ¿Y cómo ves ese contraste con Bogotá?
Vanessa N: Bogotá ha crecido muchísimo, se ha diversificado. Pero Nueva York tiene una escala y una articulación más amplia. Aun así, ambas escenas son muy potentes.
Alejandro M: También está tu trabajo en la academia.
Vanessa N: Sí, soy profesora en la Universidad Nacional. Es un equilibrio complejo. La docencia alimenta la práctica, pero también puede absorberte. Mantener la creación activa es un acto de resistencia.
Alejandro M: Hablemos de esta residencia con NYLAAT en Governors Island.
Vanessa N: Llegué a través de NYLAAT. Me interesaba la relación con el agua, el pasado militar de la isla, las capas de historia. Todo conectaba con mis preguntas.
Alejandro M: Y la exposición Ashes Whispering.
Vanessa N: Presento piezas derivadas de Murmurar: esculturas como Piedra y lío y registros de una performance en el río Magdalena. Trabajo con prendas, con jabón, con la memoria de las lavanderas. El acto de cargar vuelve a aparecer.
Alejandro M: Para cerrar, ¿cómo sabes cuándo una obra termina?
Vanessa N: No lo sé del todo. Más que terminar, los proyectos se entrelazan. Me interesa ese punto donde uno empieza a tocar al otro. Ahora quiero profundizar en el trabajo con el cuerpo, en lo colaborativo, y volver al dibujo.
Alejandro M: Vanessa, muchas gracias.
Vanessa N: Gracias a ti.














