
Fernanda Téllez: Una invitación a mirar de otras maneras
Por Pancho López
En la galería del Instituto de Servicios Culturales de Baja California (ISCBC), en Tijuana, se presenta Mirar oblicuo, Camino de menor resistencia, de la artista queretana Fernanda Téllez, bajo la curaduría de Olga Margarita Dávila. La exposición ocupa el llamado Pasillo de la Fotografía y plantea, desde la pintura y sus desplazamientos hacia otros lenguajes, una invitación a modificar nuestra manera habitual de mirar.
“Mirar oblicuo” es observar de otras maneras. Es mirar de lado, sesgar la perspectiva, desplazar el punto de vista para encontrar aquello que permanece oculto. En las obras de Téllez, este gesto no propone únicamente una estrategia visual: se convierte en una forma de aproximarse al territorio, a sus huellas y a las historias que se inscriben sobre su superficie.

El trabajo central de la exposición es un extenso lienzo de casi diez metros de longitud que presenta una vista satelital del territorio comprendido entre la Ciudad de México y la Ciudad de Tijuana. La artista dispone la imagen linealmente, haciendo visibles las carreteras y los caminos que atraviesan la superficie terrestre. Las manchas que a primera vista podrían parecer accidentes cromáticos o abstracciones revelan, al observarlas con detenimiento, la presencia de las ciudades y sus concentraciones urbanas: una suerte de reflejo demográfico que convierte el mapa en registro de los desplazamientos humanos.
La obra transforma la cartografía en una superficie textil. El territorio deja de ser únicamente una representación geográfica para convertirse en materia, recorrido y memoria. Las carreteras adquieren la codición de líneas de túánsito, mientras que las ciudades aparecen como densidades dentro de un paisaje continuo. En este desplazamiento, el mapa comienza también a hablar de migración: de los recorridos posibles, de las fronteras, de las rutas y de las formas en que los cuerpos atraviesan y modifican el territorio.

La propuesta de Téllez se construye desde un cruce transdisciplinario. Fotografía y pintura dejan de funcionar como categorías independientes y se contaminan mutuamente. La fotografía satelital se convierte en materia pictórica; la pintura, a su vez, recupera procedimientos propios de la imagen fotográfica y cartográfica. El resultado son piezas que demandan una mirada activa, capaz de desplazarse físicamente frente a ellas y de descubrir, desde otros ángulos, aquello que no aparece en una primera lectura.
“Mirar de ladito” es un desplazamiento que revela también pequeños elementos urbanos que funcionan como restos o vestigios. Alcantarillas, automóviles y otras formas reconocibles emergen sutilmente de las superficies, casi como fósiles de una vida urbana que ha quedado inscrita en el territorio. Son señales que aparecen cuando la mirada abandona la perspectiva frontal y acepta desviarse.
En este sentido, Mirar oblicuo, Camino de menor resistencia propone una reflexión sobre la propia práctica de mirar. No se trata únicamente de observar, sino de cuestionar los modos en que construimos aquello que consideramos visible. El gesto oblicuo introduce una distancia respecto de la mirada dominante y permite que aparezcan otras relaciones entre imagen, territorio y experiencia.
Como señala la curadora Olga Margarita Dávila, las piezas de Téllez “proponen un ejercicio pictórico como una filigrana táctica que opera desde las entrañas de la pintura, en la medida que le entendemos como una huella que conecta con el presente, con ilusiones de cambio; y que lo hace a través de los lenguajes hegemónicos para desarticularlos”. El mirar oblicuo implica, en pocas palabras, aceptar que toda superficie guarda algo más de lo que muestra.
Desde Tijuana, ciudad marcada por el tránsito y por la condición fronteriza de su territorio, la exposición adquiere una resonancia particular. El mapa que recorre el lienzo no es solamente una imagen de un espacio geográfico: es también una representación de los caminos que lo conectan, de las distancias que lo separan y de los cuerpos que lo recorren.
La muestra Mirar oblicuo, Camino de menor resistencia permanecerá abierta al público hasta diciembre en el Instituto de Servicios Culturales de Baja California.








