
Descubrí cuan desprejuiciada estoy…
(Entrevista a Meira Marrero)
Por David Mateo
La crítica de arte y curadora Meira Marrero está desempeñando en estos momentos un rol protagónico dentro del ámbito especializado de las artes visuales cubanas. Su nombre aparece frecuentemente en los medios y las redes sociales relacionado con importantes eventos, textos analíticos, curadurías individuales y colectivas, y sobre todo como una figura relevante en el accionar didáctico vinculado al quehacer de los jóvenes creadores. Como parte de los intercambios y las acciones de documentación que el equipo Artcrónica realizó recientemente durante un viaje corto a La Habana, decidió ir a visitarla para agradecer las colaboraciones reiteradas en nuestro sitio web Artcrónica y aprovechar para realizarle algunas interrogantes de actualidad sobre su trabajo.
Artcrónica: Meira, a pesar de las difíciles circunstancias que está atravesando el país y con ello el ámbito cultural y artístico cubanos, tu labor profesional se ha intensificado y ha alcanzado notables niveles de impacto. ¿Cómo has podido mantenerte tan activa?
Meira Marrero: El mío ha sido un largo camino en el arte, desde 1992 que salí de la universidad creyendo que me lo sabía todo y descubrí que no sabía nada. Me ha costado treinta y tantos años aprender todo con lo que cuento hoy. Tuve una carrera exitosa como tú bien sabes integrando un dúo de arte durante muchos años. Luego de eso vino un espacio de vacío y necesité un tiempo para reencontrar un camino. Después de dar muchas vueltas descubrí que el camino era el mismo, sencillamente lo que tenía que hacer era enrumbarlo de otra manera, y me dediqué básicamente a la curaduría como acto de creación. Todo el tiempo ese ha sido el timón de este nuevo recorrido, nuevo recorrido que me ha permitido conocer artistas, trabajar con creadores consagrados y al mismo tiempo con jóvenes que emergen, incluso con algunos no tan jóvenes, pero que van legitimándose de forma progresiva.
Por ponerte un ejemplo, mi último proyecto del año pasado fue una asesoría curatorial al artista Roberto González en una exposición llamada “Zona de Confort”, y mi primera muestra del año pasado fue “Solve et Coagula” con el joven pintor Marco Antonio Arias, que tú también conoces. O sea, no son artistas que han estado en el inside precisamente de lo que el ojo crítico está promoviendo; pero son artistas que están ahí, muy activos, esperando oportunidades con promotores, especialistas y coleccionistas. También pude integrar el Jurado del Salón de la Ciudad que organiza el Centro Provincial de Luz y Oficios, que hace algunos años fue una institución insigne y que, desafortunadamente como todo, ha ido perdiendo el brillo, el color. Y ahí encontré a un Javier Barreiro descomunal. Al mismo tiempo fui a la Academia y contacté con los recién graduados del ISA, y conocí a un Damián Pozo y a un Fernando Fernández Tito, que está todavía en el ISA y que tiene una obra muy interesante. Todos los muchachos que se han nucleado alrededor de Antonio Margolles han sido formados con una línea conceptual y teórica fuerte, y de alguna manera ellos han ido descubriendo espacios múltiples y han abierto sus abanicos de posibilidades representativas. Todas esas han sido experiencias desde el plano personal. Y, por supuesto, también el vínculo con la institución te permite recibir dossier que nunca habías visto de muchachos que están trabajando en Guantánamo, en Camagüey, y ves cosas que te dejan impresionada. Así fue como descubrí, por ejemplo, la pintura de artistas de Mayabeque, y se fue conformando lo que será mi próximo proyecto, quizás para finales de este año, una exposición con la obra de Yasiel Álvarez que es magnífica. El año pasado tuve la oportunidad de trabajar con el primer libro de selección de Pintura cubana 1 y ahí descubrí cuan desprejuiciada estoy, y eso me ha hecho feliz.

Artcrónica: Pienso que, luego de disolver aquel dúo de trabajo tan interesante, aquel “nicho” de enfoque enriquecedor conceptualmente junto a José Ángel Toirac, comenzaste una labor de exploración profesional algo más abarcadora, de mayor socialización…
Meira Marrero: Eso me lo permitió el 8vo Salón de Arte Cubano Contemporáneo que hacia el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. En el año de la pandemia yo me incorporo para trabajar con ellos en ese evento. Por las peculiaridades circunstanciales, fue un Salón abierto para jóvenes y ahí empecé a ver muchas cosas que me interesaban, artistas que me interesaban. Incluso, a mí no me gusta el síndrome del descubridor, el síndrome de Cristobal Colón no me cuadra, porque yo pienso que hay demasiado en el mundo; pero sí me gustó volver a ver cosas que ya había visto desde ese “nicho” como tú bien dices, a otro nivel; aunque ahora intercambiando con algunos autores y reconociendo como a veces pasan desapercibidos. Y claro, pasan desapercibidos porque el contexto no está listo para determinadas cosas, y hay mucho prejuicio todavía de parte de algunos especialistas. Esta diferencia entre la alta y la baja cultura sigue siendo un tabú desafortunadamente. Yo no tengo ese problema. También te puedo decir que a veces hay artistas consagrados que hacen cosas que no me interesan y también hay artistas jóvenes que hacen cosas que no me conmueven ni me gustan. Pero hay artistas muy jóvenes que tienen una sensibilidad maravillosa, lo que pasa es que van a otro ritmo. Hay una generación ahora en Cuba, de 35 años en adelante, que tienen como un gran desespero por llegar a ser, y pienso que en ese gran desespero hay un gran riesgo, el riesgo de perderse.
Artcrónica: También en buena medida, a través de tu labor de crítica y curaduría, veo que estás desarrollando una labor pedagógica muy útil con jóvenes creadores…
Meira Marrero: Efectivamente, incluso con los estudiantes de Historia del Arte desde el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, que es un lugar del que ya nadie se acuerda; pero donde se sigue trabajando muchísimo. Siempre me gusta recibir a los jóvenes. En un tiempo estuve trabajando en el Fondo Cubano de Bienes Culturales y el grupo de galeristas que tenía esa institución estaba integrado por jóvenes, eso me encantó porque así pude retroalimentarme. Ese fue un momento importante también para mi desempeño. Fue un periodo corto pero intenso. Descubrí mucha gente en provincia desde el Fondo Cubano de Bienes Culturales y a través de mi interés de acercamiento a las tendencias y eventos que han estado ocurriendo; y por supuesto, en eso las redes son imprescindibles, aunque te aseguro que no son mi brújula porque ahí puede pasar cualquier cosa… Mi vida profesional ha tenido periodos largos a veces un poco diletantes, periodos cortos muy intensos, y luego como unos espacios sabáticos, digamos. Precisamente en estos instantes que te recibo en casa me estoy tomando un tiempo, aunque tengo muchísimo trabajo todavía por hacer.
Artcrónica: Meira, ¿podrías ofrecerme una valoración sobre el ámbito actual en el que actúan los especialistas de arte en Cuba, en particular sobre el ejercicio de la crítica de arte?
Merira Marrero: No creo que haya ejercicio de la crítica, lamentablemente. Pero también hubo momentos recientes en los que la crítica se convirtió en una tendencia sanguinaria por gusto, sin argumentos. Quizás la palabra sea un poco fuerte, pero la actitud era la siguiente: tú no me caes bien y voy tras de ti, todo lo que estés haciendo lo impugno, lo fustigo. Y desde mi punto de vista eso no es crítica, porque yo pienso siempre que la crítica debe ser lo más constructiva posible, de todas las maneras posibles. Si tú tienes un criterio destructor, por lo menos usa adecuadamente el lenguaje para no provocar la implosión de las personas. Todos somos seres humanos, y aunque no estemos en el mejor momento, en el momento más capaz, todos tenemos algo que decir y tenemos un tiempo para reflexionar. Creo que la crítica de arte no está feliz, no está saludable, el contexto tampoco lo está, ellos se complementan.

Artcrónica: A pesar de esa difícil situación que señalas, he visto en este viaje muchos artistas trabajando en La Habana, impulsando fuertemente su obra…
Merira Marrero: Pero claro, el especialista, el crítico de arte que trabaja desde la institución, no tiene donde publicar; opera desde la institución y esta a veces no es muy bien vista por el contexto; aunque se trabaje muchísimo siempre recibe las peores valoraciones. Es tremendo el esfuerzo para hacer cualquier cosa.
Artcrónica: ¿No has pensado continuar haciendo tu labor como crítica y curadora desde una perspectiva más privada?
Meria Marrero: No he sido todavía tan radical, más bien estoy abierta a todos los procesos.
Artcrónica: Y ahora, cuando concluyas este “tiempo sabático”, ¿qué planes o compromisos inmediatos tienes?
Meria Marrero: Bueno, por el momento me toca trabajar en el próximo Salón de Arte Cubano Contemporáneo, y en el orden personal, como ya te adelanté, voy a desarrollar una exposición con Yasiel Álvarez que es un pintor de Mayabeque, el proyecto se llama “Avatares de Alejandría”, y después no sé David, no sé qué vendrá… Todos estamos en una gran expectativa.
