
La ciudad es la jungla del hombre. (Primera parte)
Por David Mateo
En un viaje que hiciera el artista cubano Luis Enrique Camejo a la Ciudad de México, en el año 2023, visitó la sede del proyecto Artcrónica en la Colonia Roma Norte; conversó por un largo rato con David Mateo sobre el propósito de su viaje y sobre las impresiones del entorno urbano que comenzaron a influir en su percepción artística del paisaje local. El diálogo fue grabado en video por el fotógrafo Juan Carlos Romero; pero hemos decidido dar a conocer algunos fragmentos del mismo en formato de texto. Esta es la primera parte de la publicación.
David Mateo: Camejo, ¿Esta es una ruta de turismo o de trabajo?
Luis E. Camejo: Hace tiempo estaba valorando la posibilidad de hacer un grabado con el maestro Luis Miguel en su estudio “La siempre Habana” y ahora fue que pudo concretarse la idea, gracias a la ayuda del amigo y fotógrafo Juan Carlos Romero. Voy a comenzar con una sola pieza; pero la idea es hacer una carpeta, no sé todavía la temática, debe ser una carpeta limitada de no más de 15 ejemplares de cuatro o cinco grabados. Estoy haciendo un experimento, se me ocurrió aquí, es una imagen de La Habana. Siempre me gusta experimentar con las técnicas, eso enriquece el trabajo y también, dentro de lo mismo que tú haces, encuentras opciones, es una manera de mantener la dinámica del proceso.

David Mateo: ¿Has incursionado anteriormente en el grabado? ¿Qué técnicas te parecen idóneas para complementar ese tipo de dibujo o imaginero por el que eres conocido?
Luis E. Camejo: A mí me gusta el metal, la calcografía; pero me gusta también la litografía; de hecho, son las dos técnicas que más he trabajado desde que estudiaba en el ISA y la ENA, yo tuve muy buenos profesores de grabado. Incluso, cuando estaba en la Escuela Elemental y paso a la ENA, hice las pruebas por grabado, no por pintura, lo que pasa es que me dijeron que tenía muchas más condiciones para estudiar pintura, también entraba menos gente por pintura. Sí, me interesa mucho el grabado, no solamente por ver una obra mía reproducida, sino también para descubrir efectos que me ayudan a desarrollar ideas dentro del mismo trabajo básico, diferentes a la acuarela, al óleo. En algún momento, cuando comencé a hacer grabados, intentaba llevar la idea de la acuarela, de la mancha, al grabado; pero me di cuenta de que no se puede imitar, la litografía, la calcografía tienen sus propios lenguajes, sus maneras de expresión, y me empezó a interesar buscar esas maneras, explorarlas. Yo he tenido la posibilidad de estar en Holanda varias veces y visitar los estudios de los artistas holandeses del siglo XVIII, como Rembrandt que hizo una barbaridad de grabados pequeñitos en cobre, eso me deslumbró, era increíble la manera que él tenía de trabajar. Siempre quise hacer algo en metal a partir de ver aquellas obras.
David Mateo: ¿Y por qué escogiste el taller “¿La siempre Habana” de Luis Miguel, acá en México?
Luis E. Camejo: Las referencias que tengo de este taller son muy positivas, de parte de los artistas que ya han tenido la oportunidad de trabajar allí: Fabelo, Mendive…; y también por las condiciones, el acceso a los materiales, los ácidos adecuados, los metales y papeles adecuados. Yo a veces he intentado hacer estas cosas en La Habana, pero las carencias de recursos me lo han impedido. Yo estoy contento y orgulloso de poder hacer algo con Luis Miguel porque sé que es un maestro, trabaja muy bien, y esto puede ser una variante para que el público pueda tener acceso a una obra mía en formato diferente.
A mí me gusta trabajar mientras viajo, lo hago por periodos cortos; pero en esos momentos me da una “picazón”, una ansiedad por crear que tengo que canalizar. Ahora mismo estoy en un hotel de la Ciudad de México y modificamos un poco el sitio, pusimos una mesa, una silla, quitamos la cortina y me puse a pintar. Bueno, y ahora estoy en tu apartamento en Roma, te tomo el café y me apropio de la mesa donde trabajas y comes. A mí se me despierta frecuentemente en estos viajes el entusiasmo por la creatividad. Y me gusta porque las atmósferas de los lugares son diferentes y eso a veces enriquece. Mi trabajo viene del experimento; pero de lo sensorial también, de llevar sabores, olores, momentos, temperaturas, a un papel en blanco.

David Mateo: ¿Y te seduce la Ciudad de México para hacer esos experimentos?
Luis E. Camejo: Casi se puede decir que estoy comenzando estos contactos físicos y sensoriales con la ciudad, solamente he expuesto acá un cuadro de ese ambiente citadino, fue en el año 2019 cuando estuve en la Fundación Sebastián A.C, del conocido escultor. Él me invitó a pintar un cuadro. En esa exposición estuve junto Eduardo Rubén y Vicente Hernández. Sebastián tiene una colección que se llama “Soledad”, el nombre de su madre, y yo tengo ahí una pieza muy grande de 3 metros por 5 metros, uno de los cuadros más grandes que he pintado hasta ahora, con una imagen de la Ciudad de México. Pero en realidad estoy empezando a vivir la ciudad, a sentirla, a conocerla.
Como sabes en mi trabajo utilizo la ciudad como punto neurálgico; es un símbolo humano que puede ser La Habana, México, Singapur, España, cualquier lugar con el que yo puedo interactuar. La ciudad es la misma en todos los lugares, ya sea en una zona del tercer mundo que en una del primero; tienen los mismos códigos, la señalética, la forma del desplazamiento, los automóviles… La ciudad es como la jungla del hombre; más del 80 por ciento de la población mundial vive en las ciudades. Todo el pensamiento, la filosofía, la ideología, se forman dentro de lo urbano. Y México es una ciudad muy interesante desde el punto de vista psico-social; es una ciudad con un tráfico tremendo, un movimiento tremendo; es una mezcla de lo cultural tradicional ancestral, y eso se ve aún en el comportamiento, en la alimentación, en la danza, el vestuario. Es muy importante porque hay otros lugares donde esas culturas y esos acervos han desaparecido o se ven como algo totalmente folclórico. En México esas fuentes culturales están muy arraigadas en la vida de las personas. Creo que el influjo que ejerce la globalización sobre los territorios encuentra una compensación con este tipo de cultura y urbanización como la mexicana. Esta lo moderno, lo contemporáneo, incluso los valores de la cultura norteamericana, sin embargo, lo autóctono sobrevive de una manera muy efectiva. Te puedes encontrar un restaurante muy chic y al lado un carrito vendiendo tacos. Toda esa realidad mixta me está empezando a seducir, y pienso que en algún momento pueda salir algo concreto. Yo soy un viajero constante, gracias a mi trabajo he podido interactuar bastante con diferentes culturas, asiáticas, europeas, nórdicas, suramericanas, etc.; siempre hay una constante y yo aprendo de esas convivencias.


