Pedro Pablo Oliva

Pedro Pablo Oliva nace en Pinar del Río en 1949, donde reside en la actualidad. Durante los años 60 cursa estudios en la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Pinar del Río y para los finales de la década participa en exposiciones, salones y eventos tanto en su Pinar natal como en La Habana. Obtiene el Primer Premio en Dibujo y Pintura en el Primer Salón Provincial de Instructores de Artes Plásticas, Pinar del Río.

Para 1974 expone Muestra del mes en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana y obtiene Primer y Segundo Premios en Pintura y Primer Premio en Dibujo en el Segundo Salón Nacional de Profesores e Instructores de Artes Plásticas, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana. Participa en el Segundo Salón Nacional de Profesores e Instructores de Artes Plásticas en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana. Un año más tarde, obtiene Mención Especial en el Tercer Salón Nacional de Profesores e Instructores de Artes Plásticas, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana y participa en varios eventos expositivos, tanto nacionales como internacionales.

En 1980 obtiene Primer Premio Pintura en el Octavo Salón Nacional Juvenil de Artes Plásticas, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana y participa en el Séptimo Salón Nacional Juvenil de Artes Plásticas, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana. Para 1987 recibe la Distinción por la Cultura Nacional que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba y asiste a la Feria Internacional Arte Arco’87, Madrid. Múltiples premios y distinciones destacan la labor de estos años, signados por exposiciones personales y colectivas en un sinnúmero de espacios.

Recibe la Medalla Alejo Carpentier que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba en 1994. Participa en varias muestras colectivas, entre ellas el Primer Salón de Arte Cubano Contemporáneo, Museo Nacional de Bellas Artes. Expone El Gran Apagón en la Galería de Arte de Pinar del Río. Para finales de esta década comienza a financiar el proyecto Casa-Taller PP.Oliva, Pinar del Río, un centro de documentación especializado para estudiantes de artes plásticas, escritores, periodistas y profesores; que además contaba con una sala de exposiciones y un salón de conferencias. Participa en varios eventos expositivos, tanto nacionales como internacionales.

En los años 2000 Quiero pintar en paz… en la galería La Acacia, La Habana resulta una suerte de declaratoria de principios de su labor creativa. Un año más tarde, contribuye a la fundación del Museo de Arte de Pinar del Río, MAPRI. Realiza, además, la exposición Papeles nocturnos en la galería Domingo Padrón, Miami y participa en varias exposiciones colectivas, entre ellas: Homenaje a la Cultura Cubana en el Registro Nacional de Bienes Culturales, La Habana; Subasta de La Habana en galería La Acacia, La Habana. Para el 2006 obtiene varios reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Artes Plásticas que otorga el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, La Habana, y el Premio Especial en la Bienal de Cerámica, Museo de Cerámica, La Habana.

Se intensifica en estos años su interés por la escultura y en 2016 exhibe Pedro Pablo Oliva: En cuerpo y Alma en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam donde reúne su trabajo en bronce de este período. Su trabajo, audaz y comprometido, lo definen como uno de los paradigmas cubanos del artista de finales del pasado siglo, que sigue el pulso de su circunstancia y se inserta entre lo mejor de la producción simbólica del XXI.

(…) Hombre llano, jovial y comunicativo, Pedro Pablo es también el único de su generación que, ante las aperturas morfológicas y conceptuales de los ochenta, ha ido evolucionando, con mucha coherencia, hacia un arte cargado de sensibilidad antropológica y enmarcado en una orientación intelectual crítica de profundas raíces éticas. Pero lo que más lo singulariza dentro de esta orientación es que la crítica social que propone desde el arte, así como su visión irónica de sucesos cotidianos magnificados bajo el rótulo de «maravillas del mundo» –los refugios, las colas, los navegantes…– están articuladas en un lenguaje visual que no apela a las expliciteces del «textualismo» ni al dramatismo chocante del bad painting, sino que conserva el rigor de la pintura, la excelencia del dibujo, la impecable factura… Si el énfasis cuestionador, los temas y el estilo de Oliva han variado en dependencia de cambios en el entorno social y en sus propios presupuestos expresivos, la percepción íntima que los anima es la misma que la de los años setenta, cuando obras como Y qué mala Magdalena y El ensueño, ambas de 1975, conjugaban, según Aldo Menéndez, el «humor crítico y la imaginería mágica». En su serie sobre los juguetes, y en toda su obra dedicada al mundo infantil, la composición de las figuras, los artefactos lúdicos y las situaciones expuestas están marcadas por su magia del grotesco expresivo, cuyo humor tiene algo de alucinante. El motivo de los juegos y los niños es un recurso metafórico para hablarnos de la naturaleza humana, de sus lados oscuros y mezquinos. (…)

Si a través del mundo infantil, y particularmente en la serie de los juguetes, los motivos éticos son más universales y las fuentes iconográficas pertenecen a la tradición pictórica (modo de figuración, uso expresivo del color, tensiones espaciales ordenadas en toda la superficie del cuadro…), en sus series sobre aspectos de la realidad cubana actual recurre al arsenal de la caricatura y del dibujo humorístico, más centrado en la síntesis conceptual y en el trabajo gráfico. En Los Refugios, Los Navegantes y Los Museos hay un ascetismo pictórico que se refuerza a partir de una composición casi cinematográfica, en donde el acceso visual a la escena está doblemente enmarcado y parece resultar simbólicamente el encerramiento vital de las figuras.

La crítica social en la obra más reciente de Pedro Pablo se inscribe dentro de una tendencia más general del arte cubano que en la década de los ochenta comenzó a transitar por lo que he llamado una «estética de la diferencia», donde la autoconciencia sobre los recursos expresivos y la mirada cuestionadora sobre diversos ámbitos del quehacer moral y espiritual se vuelven fuerzas orientadoras en los planos formales y conceptuales. (…)

Fragmentos de Pedro Pablo Oliva: Crónicas de lo maravilloso y otros temas de Jorge de la Fuente