¿La primera revista de arte?

Luz Merino Acosta

Hoy día se habla del objeto revista como un objeto autónomo y se dice que esta forma de atención ha llevado a la aparición de un nuevo objeto de estudio, y que desde los años ochenta se comenzaron a realizar encuentros internacionales sobre el tema. (Artundo, 2010) En perspectiva la Isla está en consonancia con estos enunciados pues desde los años 80 en el espacio académico se realizan doctorados y diplomas con este objeto de estudio.

¿Cómo se habla hoy día  de esta entidad?, las revistas cuando se conciben y se piensan es por una necesidad, un vacío. Necesidad para divulgar determinadas acciones, fenómenos artísticos, críticas, etc.

En La Habana,  el  número de ediciones de arte propiamente ha sido  muy reducido y todo apunta que es en el siglo xx cuando se presencian, aunque muy espaciadas. Una publicación de arte no es sólo aquella que tiene como núcleo duro la producción artística del día o de rescate, así como la crítica, la teoría, y que por lo regular se dirige a un público especializado. Tiene además  determinados requisitos, algunos coincidentes con otras tipologías editoriales, como el patrocinio y el grupo de personalidades que colaboran. Más, a la edición de arte le es consustancial la presencia de imágenes, la reproducción a través de la fotografía y el empleo de una tecnología que le otorgue claridad y nitidez a las imágenes, lo que también encarece la edición.

Esto podría explicar la ausencia de estas ediciones particularizadas y el hecho de que la producción artística se anclara -como tendencia- en las ediciones culturales, un espacio propicio, tal vez no el necesario, pero fueron dichas ediciones las que canalizaron las inquietudes artísticas, a través de secciones, fijas o no, como Notas de arte. Entre 1909 y 1916 en  El Fígaro se pueden rastrear  títulos que conminan a la lectura sobre arte: Artes, Crónicas de Arte  y de La Vida artística,  títulos que recorren la tirada  con un cierto destaque a nivel visual.

Junto a la información  nacional, en las publicaciones culturales aparecía el corresponsal quien enviaba noticias desde Europa, esto es lo que  revela la emergencia en El Fígaro de noticias sobre el futurismo en  1909,  coincidente con  la aparición del movimiento. El corresponsal, que firmaba o utilizaba un seudónimo remitía lo que era noticia en el campo del arte. Pero ¿estaba el público meta de El Fígaro preparado para entender y apreciar la novedad? ¿Y los creadores?

Ya con un perfil más acusado hacia la plástica apareció: Arte: revista universal (1914-1918); emergió ante la necesidad de difundir las artes, para educar y conformar un público, el interés por la plástica y el comentario crítico. Aglutinó a un grupo de jóvenes que, desde las aulas del Instituto de La Habana, se proponía impulsar la cultura, particularmente lo contemporáneo. En sus inicios privilegió el arte y la música; después devino publicación de corte más literario.

No obstante su inclinación literaria, se puede sentar algunos aportes en favor del desarrollo del arte como el intento de un espacio para el comentario crítico.  Se devela  la voluntad de otorgarle a esta práctica una postura profesional, actitud que evaluaba como impropia la crítica improvisada y la tendencia a confundir al cronista social con el crítico. No obstante los juicios artísticos se  emitían desde los paradigmas de artisticidad y las concepciones estéticas imperantes,  rechazaba las nuevas escuelas (cubismo / futurismo) por quebrar estas la relación entre lo “bello” y lo “verdadero” y el “sentido ético” del arte. En La Habana de 1914 la crítica se enfrentaba a un público más ideal que real, por la ausencia de espacios de circulación y difusión de las obras, pues los Salones de  Bellas Artes no se fundan hasta 1916.

Otros temas recurrentes al que refiere la publicación son el Museo Nacional (1913) y el coleccionismo. La institución estaba llamada a desempeñar, en la limitada cartografía cultural, un papel significativo para la consecución de los ideales democratizadores, por su valor relacional con la educación y como espacio para atesorar el patrimonio artístico de una nación que cifraba en la cultura indicadores de estabilidad social. La generación que promovía Arte veía en el coleccionismo contemporáneo -de actualidad, como se decía- una vía de proyección de futuro. La adquisición era un factor legitimante del arte cubano del momento, por lo cual  se intentaba persuadir a funcionarios y políticos de la importancia de estas acciones y alertar sobre la fuga de obras de arte.

Esta breve cartografía intenta diagramar la posible dinámica relacional entre los productores, el público, las gestiones para el despliegue expositivo, la comercialización, la crítica. No obstante las condiciones contextuales van a marcar y demarcar un proceso.

El alza del precio del azúcar como consecuencia de la guerra, trajo una época de cierta bonanza, “un momento de opulencia metálica” (Dolz, 1916), que diagramó un horizonte propicio para la creación de nuevas instituciones y objetivos culturales. La  fundación en 1916 de los Salones de Bellas Artes  y de la Asociación de Pintores y Escultores (APE), respondían de alguna manera a esta era. Ambos de iniciativa privada, resultaron soluciones significativas para la evolución de los espacios de circulación del arte y constituyeron elementos que transformaron y  aportaron  una nueva dinámica al campo del arte.

Ello significó que el canal regulador de la cultura, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes (SIPBA), intensificara su proyección cultural y se alzara con determinados proyectos, entre ellos la creación de una edición de arte: la Revista de Bellas Artes.

REVISTA DE BELLAS ARTES (RBA) La Habana, 1918

Publicación trimestral  de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes (SIPBA), se editó solamente en el año 1918, y se distribuyó  de manera gratuita entre creadores plásticos e intelectuales,  el público del arte,  posiblemente por estar patrocinada por la institución reguladora de las bellas artes la edición no consigna ni director ni editor.

El surgimiento de una revista de Bellas Artes en 1918 habla de una sociedad con determinado desarrollo, una producción artística, un campo del arte en el cual el seriado se asentaba no sólo como una necesidad, sino que se inscribía en el engranaje institucional, y contribuía a conformar los bordes del campo artístico.

De manera que se impuso  tratar de dar respuesta a un sinfín de propuestas,   proyecciones en función de una revista con depurados,  secciones de crítica, artículos de fondo, mirada teórica, enunciados diferenciados que exploraban  el  abanico del entonces considerado arte cubano contemporáneo. Sin dejar de tener una labor de rescate la publicación se inclinó al arte del día y la voz crítica fue la de Bernardo Barros.  La RBA se erigió en la revista oficial de las bellas artes y prometió patrocinar concursos y premiaciones, así como el salón de 1919.

En términos visuales el diseño gráfico resultaba  clave desde   cubierta,  (ilustraciones de Massaguer, u obras de artistas destacados como Romañach entre otros)  y la relación entre texto e imagen, tanto desde la portada como en las zonas interiores de la revista. La fotografía  y la  ilustración convivieron  en las páginas de la edición y establecieron un sentido integrador de los subsistemas visuales.

Desde otro ángulo una edición estatal como la RBA, de patrocinio oficial y dependiente de la SIPBA, operó como su vocero; por ello expuso, difundió e informó   de las acciones y actividades de la instancia a la que pertenecía: divulgó concursos como: la decoración del Palacio Presidencial, el del Monumento a Máximo Gómez, informó sobre lo relacionado con las becas a los pensionados artísticos entre otros.  Y a su vez se interesó en actuar como un objeto cultural de conocimiento que identificara la producción artística cubana y la expresión de dicho quehacer. No requirió de anunciantes para mantenerse pues se suponía  tenía asignado un presupuesto. Publicación  que funcionó como un  receptáculo de la crítica, conjugó una  pluralidad de voces y la confluencia de criterios. Se propuso una labor promocional, educativa y difusora de la cultura desde determinada mirada estética.

De alta calidad editorial y consecuente con sus propósitos, RBA presenta un depurado despliegue fotográfico, como soporte indispensable  para la visualidad de la obra de arte. Compartió espacios con la música, a través de artículos críticos y la reproducción de partituras  musicales, no obstante las artes plásticas ocuparon el mayor por ciento. Probablemente la RBA sea una de las primeras o la primera revista de arte, pues conjugó en su estructura indicadores genéricos que hoy día definen esta tipología, la reproducción de imágenes, un conjunto de especialistas y críticos (Bernardo G, Barros, Max Henríquez Ureña, Antonio Rodríguez Morey et al), un financiamiento institucional, la difusión de determinadas ideas y los aportes tecnológicos más modernos para la impresión.

Una de las claves de una edición, se afirma hoy, es el título, este fija posiciones y horizontes, revela desde el enunciado de qué trata.  En el espacio  artístico de 1918 RBA,  resultaba el título idóneo  para este primer proyecto editorial,   consecuente  con los enunciados epocales y las concepciones dominantes sobre el arte.

En el pórtico de la edición aparecen las palabras del entonces secretario de la SIPBA. Dr. Francisco Domínguez, así como las del sub secretario de la SIPBA, Sr Rafael María Angulo, quien inauguró el Salón de 1918. Discurso en el cual enfatizó: “En la subversión de valores que se aceran hay uno que permanece incólume el culto a la belleza: la idea del arte, su poder sobre la imaginación y el sentimiento…” No sólo el concepto de bellas artes sino que en este está contenido el sentido de la belleza, (Angulo, 1918) en su discurso el sub secretario abogó por la belleza, y concluyó, “sino hay belleza no hay arte”, de manera que el título de la publicación y las concepciones epocales se articulan.

La Crítica en la RBA

La crítica sobre el Salón de Bellas Artes,  ofrecía la temperatura  de la producción artística, informaba y valoraba la actualidad, por ello  divulgación y crítica modelaron la nueva edición que tuvo  en Barros al crítico profesional  de arte.

En el análisis del Salón de 1918 bajo el título La Pintura, el crítico fustigó a la Comisión de Admisión al considerarla benévola pues asintió la inclusión en el despliegue de unos cuadros “futuristas” y admitió que eso que no era arte se incorporara al salón.  Define entonces el concepto de Salón, que para el crítico era exhibir arte lo que significaba que lo mostrado según lo expuesto  no lo era.

Esto resulta interesante pues los corresponsales de diferentes publicaciones ofrecían noticias y comentarios sobre el futurismo, y ya en 1913 se habían incluido imágenes de artistas futuristas como Balla y Boccioni.  Pero el concepto de bellas artes que primaba, y así la crítica lo canaliza, es el sentido de la belleza, en el cual no tenían cabida los nuevos movimientos, pensemos que corría el año 1918. Más allá de este comentario el texto se consagra al análisis de los artistas cubanos más conocidos y ponderados entonces, que exponían en el mencionado Salón: Romañach, Menocal, Rodríguez Morey, Lillo et al.

El comentario evaluativo no se limitó a la pintura aunque esta ocupó un espacio destacado, sino que aludió a la caricatura a través de Massaguer y la famosa muestra de los 400, caricaturas personales sobre madera considerado entonces algo muy novedoso. Igualmente el cartel gozó de un espacio en particular referido a la justa realizada con respecto a la guerra bajo el título El reclutamiento del arte (junio/1918), se reproducían las obras del concurso de carteles sobre el tema de la Primera Guerra Mundial, lauro que correspondió a Jaime Valls.  Tanto el jurado como el crítico (Barros) coincidían   en la importancia del mensaje pero re articulado con una proyección estética. Con ello se aprecia que la revista colocaba el cartel en el concierto de la visualidad al otorgarle una significación artística, y abría un campo que aglutinaba comunicación, técnica y talento. Mientras unos enlazaban el cartel con el diarismo por su presencia en los anuncios de la prensa, Barros sentenciaba con sentido profético que algún día se estudiaría con el detenimiento que merece ese interesante aspecto del arte en Cuba.

Entre los apartados a destacar en el conjunto de los cuatro números, además de lo visto en el Salón, apareció el artículo Nuevas orientaciones del arte moderno (julio/1918) de Barros, texto en el cual el autor continúa ofreciendo claves de lo que se consideraba moderno en el ámbito de 1918. Se combinaban autores diversos en estilos y discursos como: Romero de Torres, Carriere, Baskt, Breadsley y Moreau, se hablaba  indistintamente de  realismo, impresionismo y simbolismo. Amalgama desde la cual el autor pretendía encontrar la relación  arte-verdad.  Realismo / idealismo, naturaleza / realidad para lograr “una síntesis de leyes modernas y antiguos cánones modificados, que es lo que preconizan hoy los artistas de estos últimos años”. En fin rechazaba las vanguardias y abogaba por  una pluralidad de corrientes en las cuales confluían   poéticas en conflicto. Hay un eclecticismo discursivo, y en este sentido recordar que en el Salón de 1918 destacó como se daban cita “las más diversas escuelas,  las tendencias más antagónicas, tienen allí sus emisarios”.

Para Barros el concepto de presente que expresaba la revista es este que tiene valencias plurales, diversidad, el inclusivismo, sendero de concurrencias de estilos, tendencias, escuelas y modelos. En medio de todo esto es posible considerar el simbolismo que en esos momentos lideraba estas concepciones con artistas diversos tal y como se reseña en el texto. La apoyatura visual de la publicación remite a pintores vinculados o en la órbita del simbolismo; maestros del arte contemporáneo y obras maestras de la pintura moderna. Se difunde a Ignacio Zuloaga, triunfador internacional reconocido en Europa y admirado en la Isla.

Los especialistas se detienen con énfasis en la temporalidad de las ediciones. ¿Cuál es la temporalidad de las revistas?  Las ediciones actúan en un tiempo presente aparecen en sus respectivos horizontes para referir y hablar del presente y ser escuchadas en su tiempo histórico. Todas   actúan en tiempo presente, y se refieren a las circunstancias artísticas de sus particulares horizontes: Beatriz Sarlo afirma revistas de presente como objetos de circulación y producción. (Artundo, 2010)

Porque las revistas aunque se instalen en el presente se conectan con el pasado y se mueven en diversas temporalidades. Barros nos legó las coordenadas de lo moderno, del arte del día y de los ideales estéticos en circulación donde el salón podría ser una de las claves con lo cual nos ayuda a entender mejor el proceso artístico nacional. La revista fue de avanzada vista en el espacio situacional de 1918, y nos ofreció su mirada del presente, su concepto de lo que se entendía por moderno en aquel horizonte, a que se adhería y que condenaba. Como texto nos brinda la temperatura artística de un horizonte histórico, los paradigmas circundantes, el balance pictórico,  la mirada de la crítica, el arte de actualidad. Los textos hablan de presente en el instante, y aunque remiten a lo contemporáneo, tan sólo ocho años más tarde se superó la coyuntura temporal de lo escrito, y otros serán los registros de modernidad expresados en Revista de Avance /1927-30), El Suplemento Literario de Diario de la Marina (1927-30), la Revista de La Habana (1930).

A través de los cuatro números editados pretendió erigirse en la revista oficial de las bellas artes. Lamentablemente dejó de editarse, dadas las difíciles  circunstancias económicas posteriores a la  primera guerra mundial.

Al cumplirse un centenario de su salida y del esfuerzo que representó a pesar de la brevedad, nos queda como un importante legado del pensamiento artístico de una época,  de la conducción de un gusto, de los modelos del arte, de los artistas (de quién se hablaba), del público al que iba dirigida, una contribución a la historiografía (Wechsler. 1999),  a ese nuevo acercamiento a la historia del arte que hoy se denomina Cambio de Siglo; y en última instancia nos acerca a una determinada noción  de canon visto desde el concepto relacional  entre pintura, arte y  belleza.

Luz Merino Acosta

Centro Habana/Marzo/2018